Más que "Uno"
Mariano Mores recordó una y mil veces la historia de “Cuartito azul”, el tango que compuso a sus 17 años con letra del poeta Mario Battistella, inspirado en un rincón de la calle Helguera, en Villa del Parque, tan vinculado a su adolescencia.
Fue el tema que lo colocó en un lugar relevante de la música ciudadana desde principios de los 40. Pero “Uno” tendría una historia más larga y más compleja, hasta que finalmente Discépolo le acercó la letra, lo lanzaron y también fue un suceso inmediato. Un suceso que conmueve desde el comienzo:
Mores, pianista en aquel momento de la orquesta de Di Sarli, le acercó a Discépolo la partitura de un tango/romanza que titulaba “Cigarrillos en la oscuridad” y le pidió que lo distinguiera con su letra. La devolución demoraría… tres años, en medio de promesas: “Pibe, sabés que linda va a quedar”.
Finalmente y cuando el músico ya daba la cuestión por olvidada, una noche en la que tocaba con la orquesta de Canaro, Discépolo apareció acompañado por Tania. Le entregó la poesía titulada “Si yo tuviera un corazón”. Tania estrenó la canción a los pocos días en el Astral, la grabaron varias de las principales orquestas (Troilo, Canaro, Fresedo) y el tema fue un hit de la época. Pero desde el público reclamaban: “Uno… uno”, y acordaron registrarla con ese título.
Como lo contaría Discépolo, aquellos versos eran un reflejo de su angustia frente a una de las crisis en su relación con una española que haría su carrera en nuestro país: Ana Luciano Divis. Tania.
Mores, en un texto que escribió para el diario Sur medio siglo después, aporta otros otros datos sobre aquellos orígenes. Por ejemplo, la prevención que le transmitió a Discépolo: “¿Tendrá éxito? Era un momento en que estaban de moda los boleros con letras muy cortas. De ahí mi duda”. En la orquesta de Canaro, donde tocaba Mores, se estrenó “Uno” con la voz de Carlos Roldán.
El tema ganó rápida popularidad aunque, como gran parte del tango cantado, se atravesaba una época de censura en las radios.
Discépolo reveló en 1947, por Radio Belgrano- que escribió Uno en un estado de crisis personal.
“Para hablar de Uno -que llegó después- tengo que hablar de antes, de mí, de mi especial estado de ánimo en ese tiempo que precedió al nacimiento de Uno. Estaba raro. No sé, no sé en realidad qué diablos me pasaba. Me entró de pronto una melancolía inexplicable. Melancolía de canario. Yo, que generalmente tengo buen humor, estaba insoportable. Quería pelearme con todo el mundo (…) Cité aquel estado especial de mi espíritu para justificar esa amargura de Uno, que muchos amigos dijeron que resultaba tremenda y desoladora. Tal vez tengan razón. En otras circunstancias, acaso no hubiera escrito lo que escribí. Aquellos diez días de locura absurda me ayudaron a preparar el tema. La desilusión amarga del que no puede amar, aún queriendo amar, no había sido tratada todavía. Yo aprendí, en aquellos días de “reviro” que la gente sería inmensamente feliz si pudiera no presentir…”
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