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clarin.com · hace 2 horas · Clarin.com - Home

Los queridos fantasmas

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A fin de cuentas, es la historia de un duelo. Paul Auster, uno de los más brillantes escritores estadounidenses de los últimos 50 años, murió hace dos años a causa de un cáncer. Su compañera, la también escritora (y no menos magnífica) Siri Hustvedt, acaba de publicar un libro como un puñal, titulado Historias de fantasmas (Seix Barral) en el que narra la trama que componen sus años juntos y la ausencia abismal tras la muerte.

La novelista estadounidense Siri Hustvedt, Premio Princesa de Asturias de Las Letras 2019. Foto: EFE.

“Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto". Comenzar el libro es lanzarse a un mar de tristeza, estupor, abatimiento, pero también de felicidad construida a lo largo de los años en común, no como un tejido homogénero y sereno sino, por el contrario, pese a los samarreos de la vida.

Hustvedt vuelve a los inicios de esa historia de amor. Que tampoco fueron fáciles. Ella tenía 26 años y apenas había comenzado su carrera literaria cuando lo vio por primera vez en una lectura. Auster, de 34, vestía (recuerda ella ahora) una campera negra de cuero, fumaba cigarrillos Schimmelpenninck y la fascinó sin remedio.

“La atracción que sentí fue como un golpe seco en la nuca”, le dijo al diario El País días atrás.

En realidad, él estaba casado con la escritora Lydia Davis y tenían juntos un nene de tres años. Dos meses después de empezar a salir con Hustvedt, un día le dijo que tenía que regresar con su mujer y su hijo.

Pero volvieron. Y se casaron en febrero de 1981 con una boda gasolera en la que cada quien pagó su comida.

Desde entonces, juntos vieron despegar la carrera de Auster con títulos como La invención de la soledad, El palacio de la luna y La trilogía de Nueva York, entre muchas otras. Y aunque ella, por su parte, ocupó durante algún tiempo el lugar de "la mujer de Paul Auster", también construyó una obra notable.

Paul Auster y Siri Hustvedt en Nueva York. Archivo Clarín.

Pasaron 43 años juntos. Días antes de morir, cuando recibía cuidados paliativos en su casa, Auster le dijo que quería volver como fantasma. Este nuevo libro, el primero que publica sin la lectura de su marido, es también la crónica de una nueva vida, rodeada por esos fantasmas.

No es poco para una autora implicada en el conocimiento de las neurociencias y la neurología. Desde esa mirada, se permite compartir maneras de la presencia diferentes, luminosas aunque tristes. Es la historia de un duelo, si, pero narrada de una manera amorosa, honesta, inolvidable.

Débora Campos

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