Mensajes cifrados en el discurso de Milei
Javier Milei reapareció después de nueve días de aislamiento en la Quinta de Olivos, sin actividad ni agenda pública conocida desde su regreso de Ecuador y Colombia. Lo hizo en el contexto que más disfruta, envuelto en los acordes metálicos de la Fanfarria Militar Alto Perú del Regimiento de Granaderos a Caballo, la unidad que es su escolta oficial y por la que el Presidente suele mostrar un especial regocijo.
Milei encabezó la conmemoración de un nuevo aniversario de la muerte del general José de San Martín. Como es de rigor, dejó un arreglo floral al pie del monumento al Libertador, en la Plaza San Martín. Leyó luego un discurso de unos diez minutos que conviene analizar. Previsiblemente, el Presidente trazó un paralelo entre la gesta emancipatoria que lideró San Martín y la aventura libertaria que él encarna, en lo que supone un uso del pasado habitual en la política.
Hoy la libertad, advirtió Milei, “enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos, tanto externos como internos”. Milei no precisó a qué tipo de amenazas “externas” se refiere. Reivindicó sin embargo su voluntad de recuperar “el instrumento militar”, para hacerles frente, en un nuevo movimiento de seducción dirigido al universo de las fuerzas armadas y de seguridad.
“Tenemos el desafío de retomar la protección de nuestras fronteras, de elegir bien nuestras alianzas geopolíticas, de luchar contra todas las formas de terrorismo y de pararnos siempre del lado de la democracia. Todo eso también es defender nuestra libertad”, dijo. Que Milei hable/intente construir enemigos imaginarios sin ninguna profundidad argumentativa no es ninguna novedad. Sí lo es que haya reivindicado la democracia.
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Este presidente ha sido indiferente con la democracia y con el particular fundamento ético con la que fue refundada en la Argentina, como dice Pablo Gerchunoff. Se puede argumentar sobre la distancia de Milei con los hechos -han pasado más de cuarenta años y Milei entonces era un niño-, pero hay otras razones.
Este presidente ha subordinado el valor de la democracia a lo que él entiende por el concepto de libertad. Para Milei, no hay juego posible entre libertad e igualdad, pilares de la democracia en perpetua tensión, dado que para él la igualdad resulta una anomalía en una sociedad de hombres libres.
Por otro lado, el Presidente retomó con algún énfasis una autocrítica que insinuó en abril pasado, durante una entrevista para la TV Pública con dos economistas amigos. Y que pronto abandonó. Cuando avanzó en la identificación de lo que llamó “enemigo interno”, Milei reconoció los límites a los que se expone su proyecto. Fue una cruda descripción del momento político-económico-social, a la que hasta el momento no se había atrevido.
“La libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y pujante, pues los intentos de los tiranos de turno de sofocar la llama de la libertad siempre se apoyan en el descontento y la pobreza para romper con el orden. Porque, si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor”, dijo el Presidente.
En este breve párrafo Milei no sólo reconoce que la oposición se ha puesto al acecho y amenaza su proyecto reeleccionista. Asume que enfrenta una situación de “descontento”; habla de “pobreza”, admite su deuda en términos de “bienestar” y advierte sobre cómo los valores que dice encarnar, sin un horizonte de prosperidad, pronto caerán en el olvido.
“Nuestra misión hoy es también proveer a nuestra ciudadanía de la estabilidad y el crecimiento necesario para planificar su vida personal y familiar” dijo finalmente el Presidente.
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Milei ha estado librando sordas batallas en la región, con la secreta expectativa de liderar la corriente de gobiernos de la derecha radical, de la que de algún modo, detrás del salvadoreño Nayib Bukele, ha sido vanguardia. Su escala más estruendosa fue la de finales de julio en San Pablo, donde viajó para empujar la candidatura de Flavio Bolsonaro. Allí lanzó una lluvia de agravios contra el presidente Lula, que derivarían en una crisis diplomática sin precedentes entre las dos mayores economías de América del Sur.
Las expediciones de Milei representan un servicio al proyecto de Donald Trump de controlar la región con puño de hierro. Se supo que incluso viajará a Washington en octubre para una actividad de campaña en apoyo del propio Trump, que tendrá la severa prueba de medio término el mes siguiente. Pero es momento de preguntarse sobre la calidad de esa contribución al liderazgo del magnate. El ranking de mandatarios de América latina de agosto de la consultora CB Global Data encuentra a Milei en el puesto 15º entre 18 presidentes, con un 62,8% de imagen negativa. Aunque con una aprobación, no despreciable, de 35,1%, aparece muy lejos del salvadoreño Bukele (68,7% de imagen positiva); la mexicana Claudia Sheinbaum (66,5%) y su odiado Lula (51,9%), todos con varios años encima de gestión.
El mensaje del 17 de Agosto confirma que Milei ha visto su declinación en las encuestas. ¿Los días de encierro en Olivos han hecho meditar a Milei sobre su vínculo con la sociedad? ¿Busca el Presidente recuperar la confianza de sectores que han quedado exhaustos en los casi tres años de ajuste y depresión económica?
La conciliación de las últimas horas con Mauricio Macri, buscando volver a enamorar a un electorado de centro, ofendido y vilipendiado; y algunas líneas cifradas de su discurso en la Plaza San Martín parecen indicar que la inquietud de Milei, aumenta.