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lanacion.com.ar · hace 8 horas · Jorge V. Crisci

La tecnología como filosofía moral

LA NACION

“Ya sea que se base en nuevas investigaciones científicas o no, la tecnología es una rama de la filosofía moral, no de la ciencia”. La frase pertenece a Paul Goodman (1911-1972), sociólogo estadounidense, y aparece en su ensayo Can Technology Be Humane?, publicado en 1969. Filosofía moral, no ética: para Goodman, la filosofía permite cuestionar los fines de la tecnología, más allá de sus códigos de conducta. Hoy, la frase de Goodman tiene una enorme actualidad. Por primera vez, un grupo de científicos usaron inteligencia artificial (IA) para crear nuevos tipos de virus. Esta tecnología puede transformar profundamente la medicina y la virología al permitir diseñar virus con fines terapéuticos. Al mismo tiempo, plantea la inquietante posibilidad de que algún día esta tecnología pueda usarse para inventar patógenos peligrosos o que los virus creados muten, escapen del laboratorio y generen una epidemia o incluso una pandemia.

Crear virus a partir de genomas que existen en la naturaleza es algo común. Los investigadores aprendieron hace mucho tiempo a fabricarlos y los usan para generar medicamentos antivirales y vacunas. Pero el nuevo estudio va mucho más allá de duplicar genes virales. En este caso, los científicos “enseñaron” a una IA a reconocer patrones de estructura del ADN en la naturaleza y luego a usar esos datos para crear genomas de virus completamente nuevos, que insertaron en bacterias. Estos genomas fueron capaces de infectar otras bacterias, lo que demostró que eran viables: la IA acaba de crear virus con genomas que antes no existían. El estudio se hizo bajo estrictas medidas de seguridad. Excluyeron de las muestras genéticas utilizadas, virus que infectan organismos complejos, como animales, plantas y hongos, y trabajaron con virus que infectan bacterias. El trabajo de laboratorio se llevó a cabo en una instalación segura. Especialistas en bioseguridad advirtieron que no existen controles para este tipo de experimentos y propusieron prohibir la creación de virus potencialmente patógenos para humanos.

Durante décadas, los científicos han discutido no solo qué podían hacer con el ADN, sino también qué debían hacer con el poder de manipularlo. En 1975, en la célebre “Reunión de Asilomar”, en California, biólogos, médicos, abogados y periodistas se reunieron para debatir los riesgos de las entonces nacientes tecnologías de manipulación del ADN. Aquel gesto inauguró una tradición de reflexión que continuó por años. Libros, publicaciones, congresos y organismos reguladores construyeron un marco normativo que acompañó los extraordinarios avances de la biotecnología. Pero la aparición de la IA generativa introduce una novedad inquietante: ya no se trata solo de manipular lo que produjo la naturaleza, sino de usar máquinas capaces de diseñar nuevas secuencias biológicas. La capacidad de creación puede avanzar más rápidamente que la capacidad de la sociedad y sus instituciones para establecer límites. Asimismo, si esta tecnología continuara progresando, podríamos encontrarnos ante situaciones hasta ahora inimaginables y altamente cuestionables: no solo la creación de nuevos virus, sino también la posibilidad de diseñar nuevas especies e incluso, llevada al extremo, de intervenir en la creación o modificación del propio Homo sapiens. “Sus científicos estaban tan preocupados por averiguar si podían hacerlo que nunca se detuvieron a pensar si debían hacerlo”. Esta frase es pronunciada por el matemático Dr. Ian Malcolm (interpretado por Jeff Goldblum) en Jurassic Park (1993) y dirigida al jefe del equipo que devolvía a la vida a dinosaurios mediante ingeniería genética. Frase útil para examinar una tecnología que posee un gran potencial transformador y, al mismo tiempo, graves riesgos. La pregunta decisiva del siglo XXI ya no es solo “¿podemos hacerlo?”, sino también “¿debemos hacerlo?”. Estos interrogantes expresan la diferencia entre posibilidad tecnológica y responsabilidad moral.

Jorge V. Crisci

Profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata, académico de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria

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