Oídos sordos para alarmas que suenan cada vez más fuerte
El juicio, histórico, acaba de ponerse en marcha. Una coalición de fiscales federales generales, en Estados Unidos, lleva al banquillo a Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, acusándola de haber diseñado Facebook e Instagram de modo de generar adicción en chicos y adolescentes, y de haber engañado a los usuarios acerca de la seguridad de estas plataformas. El proceso, que se llevará adelante en California, con una duración estimada de siete semanas, buscará probar las acusaciones junto a demandas de 29 Estados que sostienen que, violando la ley federal, la compañía recopiló y usó, de manera ilegal, información y datos de menores.
Meta Platforms, Google, TikTok y Snapchat enfrentan, además, más de 3 mil demandas por adicción a las redes presentadas por particulares y distritos escolares, entre otros, y varios miles de denuncias más esperan ser aceptadas en la Justicia. No son las primeras ni serán las últimas.
Las alertas, de las cuales los juicios son las últimas instancias, están lanzadas desde hace tiempo y el nivel de alarma crece en la medida en que lo hace el tiempo que pasan chicos y jóvenes en las redes y, sobre todo, el uso que hacen de ellas, dejando en manos de algoritmos su intimidad y las instancias y decisiones más cruciales de sus vidas.
“Esto no es simplemente acerca de una nueva tecnología. Es acerca de una generación que está reemplazando la conexión humana con máquinas, delegando la empatía en algoritmos, y compartiendo detalles íntimos con empresas que no tienen el mejor interés de los chicos como uno de sus objetivos. Nuestras investigaciones demuestran que los asistentes de IA -Inteligencia Artificial- son mucho más comunes de lo que la gente podría imaginar, y que tenemos una ventana muy estrecha para educar a los chicos y a las familias acerca del bien documentado peligro de estos productos”, alertó James P. Steyer.
Fundador y CEO de Common Sense Media, una organización independiente sin fines de lucro que trabaja desde hace años en investigación sobre seguridad de chicos en la era digital, Steyer lanzó la advertencia a propósito de un estudio, el año pasado, “Talk, Trust and Trade-Offs: How and Why Teens Use AI Companions” (“Conversación, confianza y concesiones: cómo y por qué los adolescentes utilizan asistentes de IA”)
El trabajo, sobre chicos de 13 a 17 años, arroja datos más que preocupantes. Según explican los responsables, “en la vida de los adolescentes está surgiendo un nuevo tipo de relación: una que se siente como una conexión, pero que funciona gracias a la programación”. El 72% de los adolescentes recurrió a un asistente de IA al menos una vez; la mitad utiliza estas plataformas por lo menos varias veces al mes. Uno de cada tres los usó para interacción social y relaciones, incluidas interacciones románticas, apoyo emocional, amistad o para conversar.
Un tercio también encontró las charlas con IA tanto o más satisfactorias que las sostenidas con amigos reales. La misma proporción se sintió incómoda con algo que la IA hizo o dijo e idéntico porcentaje eligió discutir cuestiones serias o importantes con asistentes de IA antes que con gente de carne y hueso.
El trabajo agrega que sus hallazgos en materia de riesgos para la salud mental, respuestas dañinas y consejos peligrosos, así como un juego de rol sexualmente explícito hacen que estos productos no sean aptos para menores. Las advertencias coinciden con las emitidas por otros expertos.
Diferentes iniciativas, en distintos países, intentan limitar el acceso de chicos y adolescentes al uso de redes y a la exposición a pantallas. Los juicios y demandas contra las grandes empresas del sector buscan que se establezcan mejores controles a la hora del registro de menores en sus plataformas, así como a los filtros y detectores de alertas a implementar. Una buena alfabetización digital en IA, para los chicos y sus familias, se plantea como otra alternativa necesaria, antes de que el daño potencial se convierta en real. Para eso es imprescindible tomar nota de la dimensión de los riesgos. Una asignatura que, por ahora, parece pendiente.
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