La Fed podría volver a subir las tasas en septiembre: por qué sería una mala noticia para la Argentina
Aunque la inflación de Estados Unidos mostró una moderación, todavía se mantiene por encima del objetivo del 2%. El mercado asigna una probabilidad del 40% a una suba en septiembre y una política monetaria más restrictiva.
Los inversores mantienen sus apuestas de cara a una decisión clave en septiembre.
La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) podría volver a subir las tasas de interés en septiembre pese a las señales de moderación que mostró el último dato de inflación. La persistencia de las presiones sobre los precios mantiene abierta la posibilidad de un nuevo endurecimiento monetario, un escenario que podría tener consecuencias para los mercados emergentes y, particularmente, para la Argentina.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Estados Unidos aumentó 3,4% interanual, mientras que la inflación subyacente —que excluye alimentos y energía— avanzó 2,5%. Si bien el IPC no es el indicador preferido de la Fed para definir su política monetaria, permite anticipar la tendencia de los precios que enfrenta la economía.
En su última reunión, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) decidió mantener las tasas sin cambios. Sin embargo, el debate ahora pasa por determinar si la inflación está desacelerando lo suficiente como para evitar una nueva suba.
Al 12 de agosto, los contratos de futuros asignaban una probabilidad del 40% a un aumento de las tasas en septiembre, frente a un 60% de posibilidades de que la Fed mantenga sin cambios el costo del dinero. El escenario planteado contempla que, de concretarse un movimiento, el ajuste podría ser de 25 puntos básicos.
Una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos representa un desafío para los mercados emergentes porque eleva el rendimiento que los inversores pueden obtener en activos considerados de menor riesgo.
Para la Argentina, esto puede traducirse en un mayor costo de financiamiento externo y una menor llegada de capitales, dado que los inversores exigen un rendimiento adicional para asumir el riesgo de los activos locales frente a los bonos del Tesoro estadounidense.
El efecto adquiere mayor importancia en momentos en que las tasas de los Treasuries se mantienen elevadas. Cuanto mayor sea la rentabilidad ofrecida por Estados Unidos, más alta será la vara que deben superar los bonos argentinos y otros instrumentos de mercados emergentes para resultar atractivos.
También podría existir un impacto indirecto a través del petróleo. Si las tasas más elevadas terminan enfriando la economía estadounidense y reduciendo las perspectivas de crecimiento global, las expectativas de demanda de crudo podrían deteriorarse.
Una caída del precio internacional del petróleo podría, a su vez, reducir los ingresos potenciales de la Argentina provenientes de las exportaciones energéticas de Vaca Muerta.
Uno de los desafíos que enfrenta la Reserva Federal es determinar cuánto peso debe asignarle a cada dato mensual.
Las variaciones del IPC pueden presentar una elevada volatilidad y, por esa razón, los responsables de política monetaria suelen observar tendencias de varios meses en lugar de modificar su estrategia por un único registro.
Los datos desde 2021 muestran una desaceleración general de la inflación hasta 2024, aunque durante el último año y medio el proceso perdió velocidad y los precios continuaron creciendo por encima de la meta de la Fed.
Además, las estadísticas mensuales están sujetas a las limitaciones propias de la metodología. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS) construye el índice a partir de una muestra de establecimientos, productos y servicios, que permite obtener una representación de la evolución general de los precios pero puede presentar oscilaciones entre un mes y otro.
Por este motivo, los próximos datos serán determinantes. El IPC de agosto se conocerá pocos días antes de la reunión de septiembre, lo que le permitirá a la Fed contar con información adicional antes de decidir sobre las tasas.
La Fed tampoco analiza de la misma manera todos los componentes que explican el aumento de precios. Uno de los factores que incidieron durante el último año y medio fueron los aranceles, que pueden generar incrementos puntuales sobre determinados bienes sin necesariamente implicar una aceleración permanente de la inflación.
Una vez incorporado el arancel al precio de un producto, su impacto inicial permanece en la comparación interanual durante un período, aunque no necesariamente genere nuevas subas posteriormente.
Algo similar ocurre con los alimentos y la energía, dos componentes caracterizados por fuertes fluctuaciones y que suelen ser excluidos para analizar la inflación subyacente.
En este punto, el conflicto entre Estados Unidos e Irán agregó una nueva fuente de incertidumbre. La evolución del precio del petróleo puede presionar directamente sobre los combustibles, pero también trasladarse al resto de la economía mediante mayores costos de transporte y producción.
La Fed deberá determinar qué parte de las actuales presiones inflacionarias responde a factores transitorios y qué proporción refleja una dinámica de precios más persistente que pueda ser contenida mediante tasas de interés más elevadas.
La discusión se produce mientras la inflación estadounidense continúa por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal. La presidenta del Banco de la Reserva Federal de Cleveland, Beth Hammack, señaló recientemente que un movimiento de un cuarto de punto porcentual no representaría por sí solo un cambio significativo en las condiciones monetarias.
Además de los precios, la Fed seguirá de cerca la evolución de la actividad económica, el mercado laboral y las consecuencias del conflicto con Irán.
Otro factor que comienza a incorporarse a las proyecciones es el auge de las inversiones en centros de datos vinculados con inteligencia artificial y el eventual aumento de productividad que podría derivarse de la adopción de esta tecnología.
Con una economía estadounidense que todavía mantiene un crecimiento moderado y una inflación superior a la meta, la posibilidad de una política monetaria más restrictiva continúa sobre la mesa.
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