Un curioso incidente y muchas lecciones
Poco después de la medianoche, un perro aparece muerto. La policía detiene en el lugar a Christopher, un adolescente de 15 años, vecino de la dueña de Wellington, el animal en cuestión.
El chico, extremadamente sensible y con características que podrían encuadrarse en algún trastorno del espectro autista, explica que él no es el asesino.
Y a pesar de las súplicas de su propio padre, Chris, - que ama las matemáticas, el espacio, las novelas de Sherlock Holmes y la verdad por sobre todo, con la misma fuerza con la que odia la mentira, las metáforas, el contacto físico y el color amarillo - se embarcará en una investigación para dar con el culpable.
A lo largo de la búsqueda, serán muchas, y muy determinantes, las cosas que irá descubriendo y que impactarán en él de modo definitivo.
Tal el argumento de “El curioso incidente del perro a medianoche”, una novela del inglés Mark Haddon llevada al teatro en Londres y que desde hace un tiempo volvió a la cartelera porteña.
Es difícil no conmoverse, reír y reprimir las ganas de abrazar a ese personaje al que, aquí, bajo la dirección de Carla Calabrese y con una puesta impactante, le da vida un impresionante Iñaki Aldao.
Es fácil imaginar la complejidad que supone meterse en la piel de un personaje tan singular como entrañable, con sus destellos de brillantez absoluta para resolver ecuaciones imposibles o explicar teoremas y su dificultad extrema para recibir un abrazo, soportar un grito o entender por qué, a veces, los adultos eligen disfrazar ciertas verdades que duelen.
No es posible quedar indiferente ni a las reacciones de Christopher, ni a las de quienes interactúan con él, desde su padre y su madre hasta la amorosa maestra, Siobhan, pasando por las vecinas, la directora del colegio, los policías.
A su turno cada uno muestra una faceta de una sociedad que a veces comprende y acepta a quien es diferente pero muchas veces sólo muestra su rechazo, ganado por los prejuicios; sus propias imposibilidades, o el temor a cualquier cosa que no encaje perfectamente en un molde.
“El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”, decía Arthur Miller. De eso se trata.
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