Aferrado al programa, el Gobierno piensa cómo ganar la elección sin un plan platita: alianzas, economía y frente interno
“Vamos a seguir trabajando por mejorar cada lugar de cada argentino. Por todos los argentinos vamos”, dijo a LA NACION la secretaria general, Karina Milei, como mensaje para el arranque de la campaña 2027.
Sus palabras fueron escuetas pero en el subtítulo envió un comentario a los que todavía no perciben los supuestos beneficios de este plan económico. En el Gobierno saben que hay sectores, incluso de clase media que votaron a Javier Milei en 2023 y 2025, que aún no están retribuidos por la política oficialista por fuera de la baja de inflación.
“De 2024 hasta hoy tenemos una economía que crece despacio. Podemos pensar en 2% al año, mucho más despacio de lo que nos gustaría”, resumió el titular del Banco Central, Santiago Bausili. El diagnóstico se repite en otros despachos encumbrados de Balcarce 50. “La ocupación más importante del Gobierno es que la actividad económica crezca, el tema es la velocidad”, explica a LA NACION una alta fuente del Gobierno.
En la Casa Rosada saben que cuanto más se acelere ese crecimiento, con mejores chances irán hacia la reelección. El oficialismo de a poco toma temperatura electoral y, mientras piensa en ganar, aclara que no habrá ni plan platita ni aumento de subsidios. Las terminales más importantes del Gobierno aseguran que no hay chances de que el Presidente resigne los ejes troncales de su programa.
Por lo tanto, las medidas buscarán adelantar las posibles inversiones y que eso le meta turbo al plan. Una señal fue el anuncio del ministro de Economía, Luis Caputo, para permitir a los bancos prestar parte de los depósitos en dólares a todas las empresas, con la premisa de que esto ayudará a “reactivar la economía”.
Los debates sobre cómo encarar la elección se dan bajo el paraguas de la inalterabilidad del programa, que expone incidencia positiva en actividades como la minería y el agro; pero negativa en otras como la industria y el comercio. En las distintas vertientes oficialistas emerge vocación acuerdista pero hay posiciones disímiles respecto de en qué momento y cómo hacer los pactos. En esa conversación la economía también juega su papel.
El más interesado en lograr un entendimiento temprano es Caputo, que siempre que puede les remarca a sus colegas que hay que ahuyentar el “riesgo kuka” porque para él -y según cuentan quienes lo escuchan- es el principal factor de incertidumbre. Caputo promueve acuerdos para mostrar un gobierno con aceptación mayoritaria y disipar las ideas de que una vuelta del kirchnerismo es posible. “Creo que el kirchnerismo no vuelve a gobernar nunca más”, insistió esta semana, hacia los mercados.
Los integrantes del Gobierno más proclives a sumar gente valoran que Caputo promueva esta posición. Sin embargo, una voz importante de ese universo avisa: “Tampoco el acuerdo político te sube la productividad. Tenemos que llegar más holgados a la elección, con salidas que no sean plan platita ni subsidios, pero que lleguen a la gente. Debemos encontrar la manera de acelerar la situación económica para que impacte en un sector más grande de la población”.
El diagnóstico sobre cuán al tanto están dentro del mismo gobierno respecto de los ruidos de la economía es variado. “Se habla pero todavía no cae demasiado la ficha”, dice una fuente interna. Otra, también de las potentes de Balcarce 50, disiente y afirma: “Somos conscientes”.
En estos días se conoció que 30.633 empresas dejaron de funcionar desde que asumió Milei hasta mayo. También, que la mora total de los argentinos se quintuplicó en 18 meses y supera el 30% fuera de los bancos. En el oficialismo perciben que estos temas pueden limar capacidad de voto, sobre todo en la clase media, si la oposición los toma como bandera y no hay una reacción propia. Coinciden puertas adentro en que, a pesar de que Milei suele ser crudo, hay que mostrar empatía con los sectores más afectados, a los que no les inyectarán recursos porque va contra el plan.
En Pro -que volvió a sentarse con el Gobierno tras una avanzada premundialista entre Fernando de Andreis y Eduardo “Lule” Menem, que derivó en el llamado entre Karina Milei y Mauricio Macri- entendían que este primer approach se relacionó no solo a un posible pacto electoral sino también a la vocación de la Rosada de sostener el rumbo económico.
Fuentes al tanto refieren que Macri está dispuesto a “agotar todas las instancias” para “blindar el cambio” y no volver al péndulo de 2019. “El peronismo está vivo, sabemos la flexibilidad que tiene para juntarse y medir mínimo 30 puntos. Eso puede ser letal en la previa de una elección porque los mercados empiezan a moverse y te hacen entrar en un espiral de crisis”, advierten los amarillos, que en carne propia vivieron los efectos del viraje ciudadano.
La senadora Patricia Bullrich, que también fue parte de aquel gobierno, es otra de las principales propulsoras de un acuerdo bien amplio entre los anti K. Los que la critican le achacan que quiere “hablar con todos”, y que hay que delinear quiénes sí y quiénes no.
En el karinismo -donde abreva el jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien lleva buena parte de las conversaciones- son más escépticos. Quieren acordar pero todavía no se desviven; lo piensan más para octubre. Ven adentro a parte de los gobernadores, Pro, y los radicales más alineados, pero no a cualquier costo. Sino en un esquema en que LLA también pueda competir por territorios donde se siente con chances y que conlleve beneficios en términos legislativos, para salir fortalecidos en la repartija de bancas.
Los sectores más duros que rodean a Karina Milei anticipan que pactos se van a cerrar, pero ninguno de urgencia a esta altura del año, convencidos de dos cosas: que los fundamentos del programa económico están sólidos; y que cuentan con 95 diputados que podrían sostener cualquier veto, lo que evitaría un escenario como el de 2025, en que la oposición arremetió en el Congreso.
“El karinismo va a cuidar el territorio”, afirma alguien que conoce los movimientos de la hermana presidencial y su gente. “Alianzas tipo la Trinidad ahora no va a haber. Hacia adelante se harán las que beneficien a LLA”, acota un karinista acérrimo.
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