Sebastián Cao, de Econométrica: “Lo que antes se licuaba con inflación ahora hay que pagarlo con ingreso real”
En los últimos meses, la morosidad del crédito bancario y comercial ganó lugar en la agenda económica. La expansión de los préstamos, la suba del costo real del financiamiento, la pérdida de poder adquisitivo y el cambio de régimen inflacionario alteraron la capacidad de pago de muchas familias. En ese contexto, Sebastián Cao analizó cuáles son las causas del fenómeno y por qué cree que comenzó a mostrar señales de estabilización.
Sin embargo, en el equipo económico observan que el fenómeno comenzó a revertirse, aunque, “por prácticas contables”, demora en reflejarse en los indicadores de incumplimiento.
Con ese escenario, Infobae entrevistó a Sebastián Cao, analista económico de Econométrica y magíster en Finanzas por la Ucema, uno de los jóvenes especialistas de la coyuntura consultados por las empresas para conocer su visión del presente y las expectativas de corto plazo, para analizar los factores que inciden en el costo del crédito y sus perspectivas hacia adelante.
— Usted hizo un informe especial sobre el costo del crédito en Argentina. ¿Qué lo motivó a poner el foco en ese tema?
— Porque culturalmente se tiende a demonizar al sistema bancario, poniendo el foco en la brecha entre las tasas de interés pasivas que paga y las tasas activas que cobra, pero sin comprender que el dinero que presta no es propio y que, justamente, enfrenta una serie de costos, riesgos e impuestos para prestar ese dinero.
Particularmente, pese a la caída de la tasa pasiva, la tasa activa no acompañó y la brecha entre ambas se amplió prácticamente en 20 puntos porcentuales en los últimos dos años. Eso fue lo que nos llevó a tratar de entender cuáles eran los fundamentos detrás de ese fenómeno.
— En su análisis aparece un fuerte componente impositivo en el costo del crédito, con carga de Nación, provincias y municipios. ¿Qué tan excepcional es el caso argentino frente a otros países?
— Diría que es casi una rareza gravar el crédito, y no conozco un solo país desarrollado que lo haga, justamente para evitar encarecer la inversión y el consumo, que ya están gravados.
Argentina tiene una combinación particularmente pesada y distorsiva de tributos sobre la intermediación financiera, que en un préstamo personal puede agregar más de 40 puntos porcentuales al costo financiero efectivo anual, principalmente por IVA e Ingresos Brutos.
— Si se buscara aliviar esa carga tributaria sobre el crédito, ¿De quién depende?
— Si bien es una agenda tributaria que involucra a Nación y provincias, diría que la mayor responsabilidad recae en las provincias, principalmente porque Ingresos Brutos es potestad de cada una de ellas, pero también porque modificar el IVA, que es un impuesto coparticipable, requiere la aprobación del Congreso.
— En las últimas semanas empezó a crecer la preocupación por el aumento de la morosidad. ¿Qué factores lo explican?
— Un préstamo personal tenía en marzo de 2024 un costo financiero total (CFT) cercano al 120% efectivo anual, prácticamente igual al observado en julio de 2026, pero la inflación interanual pasó de alrededor de 250% a 33%. Es decir, el costo del crédito en términos reales aumentó muchísimo. En otras palabras, mientras la inflación licuaba las deudas y el pago de las cuotas perdía peso dentro de los ingresos, hoy el costo de las financiaciones se lleva una parte sustancial del ingreso familiar disponible.
— ¿La morosidad está subiendo por un problema de ingresos, por tasas de interés altas o por una expansión demasiado rápida del crédito?
— Todo eso junto. Sin dudas, el crédito se expandió rápidamente, pasando de apenas 6% a alrededor de 12% del PBI, de lo cual la mitad del financiamiento fue hacia las familias. Una parte importante de ese crecimiento se produjo hacia segmentos de mayor riesgo, que durante muchos años habían podido tomar deuda en un contexto de elevada inflación.
Con tasas de interés reales positivas, esa dinámica cambió: las deudas dejaron de licuarse y el costo real de financiación dejó de ser irrelevante sobre los ingresos.
— ¿La suba de la mora responde más a un exceso de oferta de crédito por parte de bancos y entidades no financieras, o a hogares que tomaron deuda sin poder sostenerla?
— Si bien el Estado se corrió, dejando de absorber financiamiento y liberándolo para el sector privado, parte de ese financiamiento se tomó bajo la expectativa de que la inflación, tarde o temprano, licuaría las deudas. Eso no ocurrió, y probablemente tampoco ocurra hacia adelante: lo que antes se licuaba con inflación ahora hay que pagarlo con ingreso real.
— También se amplió la brecha entre lo que se paga por los depósitos y lo que se cobra por los préstamos. ¿Era esperable esa reacción de las entidades?
— No era algo esperable a priori, sino más bien lo contrario. Por eso tratamos de explicar los fundamentos detrás de esa ampliación de la brecha. Y consideramos que el nivel de riesgo, encajes, costos e impuestos son suficientes para explicar la tasa activa actual, a pesar de la baja sostenida de la tasa pasiva.
— ¿Qué lectura hace de las promociones bancarias y fintech que ofrecen reintegros o descuentos con acreditación inmediata en cuenta para consumir con tarjeta de crédito?
— Creo que son un buen recurso para abaratar compras que, de algún modo, ya se tenían planificadas. El problema puede aparecer cuando el consumidor descuida el volumen de gastos y cuotas que empiezan a acumularse en la tarjeta, y eso pierde relación con los ingresos.
— ¿Cree que en Argentina hay suficiente educación financiera para que esos reintegros no terminen alimentando más endeudamiento?
— Afortunadamente, ya hay varias iniciativas en marcha para revertir la falta de educación financiera en la sociedad, pero todavía son incipientes.
— ¿Qué error comete hoy con más frecuencia una persona que se endeuda con tarjeta o préstamo personal?
— Probablemente, el principal error sea mirar si puede pagar la cuota en lugar del costo financiero total de la operación y de su costo real respecto de las expectativas de inflación.
El siguiente error es endeudarse sistemáticamente para financiar un déficit estructural de ingresos. Si todos los meses necesito financiar el saldo de la tarjeta para llegar a fin de mes, ya no es un problema de liquidez sino de solvencia, y necesita ser abordado por el lado de los ingresos, de los gastos o de ambos.
— ¿Qué señales debería mirar una familia antes de tomar crédito en este contexto?
— Fundamentalmente, preguntarse para qué se toma el crédito. No es lo mismo financiar una inversión que potencialmente puede aumentar los ingresos, comprar una vivienda o resolver una necesidad puntual, que financiar consumo corriente porque el ingreso mensual no alcanza si sube la tasa de interés.
A partir de ahí, evaluar el costo financiero total y no solamente la tasa nominal, especialmente en relación con las expectativas de inflación. Y tener en cuenta que, si la deuda está nominada en UVA, no se va a “licuar”. Finalmente, hay que considerar qué porcentaje del ingreso familiar disponible representa la cuota y en qué medida ese ingreso puede acompañar la inflación.
— ¿Tomar deuda hoy puede ser razonable en algunos casos o es una decisión cada vez más riesgosa?
— El problema no es el crédito en sí mismo, sino su costo real y el destino que se le da. El crédito permite adelantar consumo, financiar inversión y corregir algún déficit puntual de ingresos. Lo que no es razonable es tomar deuda cara para financiar permanentemente gastos que exceden el ingreso. En ese caso, el crédito deja de ser una herramienta de crecimiento y se convierte en una carga.
— El Gobierno sostiene que la mora debe resolverse entre privados, mientras otros economistas reclaman alguna intervención para proteger al deudor. ¿Cuál es su posición?
— Si bien es cierto que, de tratarse de un problema sistémico, el riesgo podría ser de tal magnitud que requiriera una intervención, creo que hoy no estamos en ese escenario. El crecimiento de la mora se ha concentrado en las financiaciones sin garantía y principalmente en el sector fintech.
No creo que el Estado deba rescatar indiscriminadamente a los deudores ni socializar pérdidas privadas. Eso genera riesgo moral y termina encareciendo el crédito para todos. Pero eso no significa que el Estado no pueda actuar sobre las condiciones que determinan el costo del crédito. Hay espacio, sobre todo a nivel impositivo, para reducir impuestos que hoy encarecen fuertemente las financiaciones y representan una recaudación relativamente pequeña en términos del PBI.
— ¿Hace falta algún tipo de regulación para evitar un problema mayor con la mora o el mercado puede ordenarse solo?
— El mercado tiene mecanismos de corrección: cuando aumenta la mora, las entidades financieras endurecen los criterios de otorgamiento, suben las tasas y reducen los límites, mientras negocian con los deudores condiciones de refinanciación adecuadas para revertir la situación. Cualquier intervención en este sentido, limitando tasas o rescatando deudores, por ejemplo, podría generar una distorsión de incentivos que agrave el problema.
— ¿Qué lugar ocupa hoy el crédito en la recuperación económica: es un motor central o apenas un complemento de otras variables como inversión, ahorro y empleo?
— Si bien el crecimiento sostenible tiene que venir de la inversión, el aumento de la productividad y el empleo, el crédito tiene la capacidad de acelerar ese proceso porque permite adelantar decisiones de consumo e inversión.
— Diría que es muy difícil consolidar un proceso de crecimiento fuerte y sostenido con una intermediación financiera tan pequeña.
Aun habiendo duplicado su participación en el PBI, Argentina todavía tiene un nivel de crédito al sector privado muy bajo en términos históricos e internacionales. Por eso hay muchísimo espacio para que el crédito acompañe el crecimiento.
— Fundamentalmente está caro, y en algunos segmentos, como el hipotecario, también es escaso. Pero eso se explica por encajes, costos, riesgos e impuestos, por un lado, así como por la falta de fondeo de largo plazo, por el otro.
— ¿El aumento de la morosidad es una señal de alerta puntual o el inicio de un problema más serio?
— Es una señal de alerta importante, pero todavía no lo interpretaría como una crisis sistémica. La irregularidad de la cartera total llegó al 7,7% en mayo, con una diferencia enorme entre empresas, donde estaba en 3,5%, y familias, donde alcanzó 12,8%, y todo indica que en junio se habría estabilizado en los mismos niveles.
— ¿Ve riesgo de sobreendeudamiento de las familias si esta tendencia continúa?
— No veo hoy un riesgo generalizado de sobreendeudamiento de las familias. Con una participación del orden del 6% del PBI, el crédito a las familias sigue siendo bajo, mientras que la irregularidad del segmento se estaría estabilizando.
— ¿Qué tipo de crédito está hoy más comprometido: tarjetas, préstamos personales o financiamiento para pyme?
— El problema está claramente concentrado en el crédito a las familias y, dentro de ese universo, en el financiamiento sin garantía, como los préstamos personales o la financiación con tarjeta de crédito.
— ¿La baja de la inflación alcanzó para mejorar de verdad las condiciones del crédito o todavía no?
— La desinflación es una condición necesaria para que el crédito se abarate, pero no suficiente. En este contexto, además, dejó al descubierto a los sectores que dependían de la inflación para licuar la carga financiera.
— ¿Qué debería pasar para que el crédito sea más accesible sin generar más mora?
— Considero que reducir o eliminar los impuestos que encarecen las financiaciones podría desencadenar un círculo virtuoso. Si el costo financiero cae significativamente, también debería caer la morosidad; una menor mora reduce el riesgo crediticio y permite una nueva baja de las tasas de interés, lo que a su vez favorece el consumo y la actividad.
Nuestro ejercicio muestra que, si la irregularidad volviera a niveles normales, alrededor de 5,5%, podrían comprimirse en promedio cerca de 12 puntos porcentuales de tasa.
— ¿Cómo ve la marcha de la economía en el corto plazo y qué impacto puede tener sobre el crédito al sector privado?
— Veo una economía que continúa creciendo a un ritmo moderado, en un contexto en el que ya empieza a anticiparse el clima electoral. Eso puede significar una mayor restricción de las financiaciones de largo plazo hasta tanto se reduzca la incertidumbre que genera este proceso.
— ¿Cómo espera que se muevan las tasas de interés y la mora en los próximos meses?
— No esperaría una mayor reducción de la tasa pasiva. De hecho, en términos de las expectativas de inflación, hoy se encuentra en promedio ligeramente negativa. Y, si además resurgiera algo de presión sobre el tipo de cambio, incluso podríamos ver cierta recomposición de las tasas. En cuanto a la mora, afortunadamente está mostrando señales de estabilización.