Esperando el crecimiento hasta el final del mandato
El contexto internacional sigue marcado por la incertidumbre que genera la guerra en Medio Oriente, que se ha extendido más de lo esperado. Paradójicamente, el aumento del precio del petróleo asociado a este conflicto nos favoreció por su impacto positivo sobre las exportaciones.
Estados Unidos, mientras tanto, continúa creciendo por encima de su promedio histórico, aunque arrastra un déficit fiscal del 6% del PBI que le resulta difícil corregir. Con este marco externo como telón de fondo, vayamos ahora a los principales temas de la coyuntura local, empezando por el nivel de actividad.
Lo que persiste en Argentina es un comportamiento dual: hay sectores que ganan y sectores que pierden, y esa brecha no termina de cerrarse. La actividad económica tuvo un repunte importante durante el segundo semestre de 2024 y comienzos de 2025, pero luego se estancó, algo que también se refleja en el Índice de Confianza del Consumidor. Durante esa fase de expansión, la recuperación del crédito jugó un rol central, al pasar de un nivel bajísimo 4% del PBI al 12% del PBI, aunque todavía lejos del promedio regional del 50% del PBI.
El problema es que el fuerte aumento de las tasas de interés, motivado por la corrida cambiaria del período electoral legislativo, hizo que muchas familias que habían tomado créditos en distintas modalidades cayeran en mora. Hoy, esa mora afecta a 7 millones de personas. Los bancos ya están desplegando estrategias de refinanciación para normalizar la situación, aunque se trata de un tema delicado que requiere cuidado.
El resultado es que la restricción crediticia golpeó al PBI desde fines del año pasado hasta hoy. A eso se suma la retracción de los ingresos reales, porque la inflación viene subiendo desde hace tiempo por encima de las paritarias, que se utilizan como ancla salarial para contenerla.
Esta dualidad también se observa con claridad al mirar qué sectores traccionan y cuáles no. Energía, minería y agro siguen liderando el crecimiento: representan el 15% del PBI, pero apenas el 9% del empleo. En cambio, industria, comercio y construcción -los tres en retracción- son justamente los sectores que más puestos de trabajo generan. Es, en cierto modo, la otra cara de la misma moneda.
En el frente de precios, la inflación habría interrumpido su leve ascenso desde mediados del año pasado y habría entrado en un nuevo período de tasas de interés más bajas, en torno del 2% mensual o incluso menos. La buena noticia viene con un matiz: el proceso de convergencia a un dígito anual tomará más tiempo del que el Gobierno venía planteando, algo que, de todos modos, está en línea con lo que muestran otros planes de estabilización de la región.
Un factor que sigue empujando los precios es la recomposición de precios relativos, como ocurre puntualmente con las tarifas energéticas.
Del lado fiscal -que continúa siendo el corazón del programa económico- se mantiene el superávit primario. Pero también aquí aparece un matiz: la baja sostenida de la recaudación, asociada justamente a la menor actividad, complica el panorama.
Si hubiera que resumir la situación del Gobierno en una frase, podría decirse que está más sólido en el terreno financiero que en su capacidad para reactivar la economía. En el programa de pagos de deuda e intereses, por ejemplo, generó confianza la difusión del cronograma previsto para lo que resta de 2026 y para 2027 con el Programa Financiero en dólares del Tesoro.
Lo que no se explicitó con la misma claridad fue el cronograma de deuda en pesos, aunque se sabe que se está encarando un desplazamiento de esos compromisos hacia 2028 en adelante: ya hay un 40% de deuda en pesos que se afrontaría a partir de ese año, cuando originalmente estaba prevista para 2027.
Si el nivel de actividad genera preocupación, el empleo la genera todavía más: hoy encabeza el ranking de inquietudes sociales. El sector privado muestra un claro descenso y la caída es aún mayor en el sector público nacional. Como contracara, crece el empleo informal, un segmento que en promedio ofrece una calidad laboral inferior a la del sector registrado. El poder adquisitivo tampoco ayuda: el salario real muestra una caída importante respecto del año de máximos, 2017 -del 20% para los trabajadores registrados y del 30% para el sector público-.
Con costos fijos que subieron -sobre todo los servicios públicos- y un ingreso disponible cada vez más ajustado, a las familias les cuesta más llegar a fin de mes. Esta combinación de menos empleo y menos ingresos reales termina traduciéndose en una demanda agregada estancada.
La inversión, por su parte, sigue en niveles bajos: 14% del PBI. El RIGI, hasta ahora, no está moviendo demasiado la aguja, a pesar de contar con USD 30.000 millones aprobados y otros USD 110.000 millones en estudio. Es esperable que, más adelante, sí logre traccionar la inversión extranjera directa, que hasta el momento sigue siendo muy acotada.
Donde sí se ve un motor claro es en el comercio exterior, que lidera la expansión del PBI. Las exportaciones vienen creciendo al 14% este año y la balanza comercial -con agro y energía como protagonistas principales- es fuertemente superavitaria. Las manufacturas de origen industrial también acompañan con crecimiento, mientras que las importaciones retroceden, reflejo del estancamiento del nivel de actividad.
En cuanto al tipo de cambio, hay una visión bastante extendida de que sería deseable levantar el cepo para las empresas, algo que el Gobierno todavía no se anima a hacer por la experiencia del fuerte atesoramiento de dólares en 2025. De todos modos, es una buena señal que el dólar haya subido últimamente sin trasladarse a la inflación, y existe cierto consenso en que conviene que sea el mercado el que defina su nivel.
Ahora bien, este nivel de tipo de cambio real tiene un costo: en dólares, resulta alto y perjudica la rentabilidad de ciertos sectores. La cuenta corriente de ña balanza de pagos, mientras tanto, se mantiene en equilibrio.
En definitiva, estamos frente a una economía que redujo de manera notoria el índice de riesgo de crisis. Así lo reconocieron las calificadoras internacionales, que elevaron nuestra nota, aunque todavía estamos lejos de la meta de grado de inversión para 2031 que el Gobierno planteó recientemente. Si el índice de riesgo país llegara a 300 puntos básicos, podría abrirse la puerta a tantear financiamiento en los mercados externos; por ahora, sigue en la zona de los 400 puntos básicos.
Para cerrar, las encuestas le otorgan a Javier Milei alrededor de un 40% de aceptación ciudadana. La clave para que se concrete el objetivo de la reelección pasará, en gran medida, por resolver el crecimiento del PBI y del empleo.
El autor es profesor de Economía en IAE Business School. Esta nota se publicó en el IEM de julio de 2026 del IAE, Escuela de Negocios de la Universidad Austral