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perfil.com · hace 5 horas · Nicolás González

Wamani: el "búnker" de Martín Varsavsky en Mendoza que encarna la doctrina de Peter Thiel

Martín Varsavsky, en Mendoza. Como será el country "antinuclear" para millonarios que construyen junto a Alec Oxenford.

El "búnker" Wamani, en Mendoza, impulsado por el multimillonario Martín Varsavsky mutó de un hermético secreto corporativo a un dilema geopolítico de escala global. La estancia de 32.000 hectáreas, ubicada en la precordillera de San Carlos, cobró centralidad tras una entrevista al empresario argentino del Financial Times que reveló el verdadero propósito del complejo: operar como un seguro contra el apocalipsis para magnates de Silicon Valley ante la eventualidad de una "Tercera Guerra Mundial".

Detrás de Campo Wamani S.A., la firma que controla este latifundio en una zona de seguridad de frontera, se esconde una estructura diseñada para la supervivencia autárquica frente a un hipotético conflicto atómico.

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Varsavsky, miembro de la élite de Silicon Valley, controla el proyecto, que contempla servidores de Inteligencia Artificial descentralizada, pista de aterrizaje privada y el acceso exclusivo a cuatro manantiales puros, en sintonía total con la doctrina de repliegue estratégico de Peter Thiel.

Ante el revuelo internacional y los cuestionamientos locales por el acceso al agua —en una provincia que sufre precisamente una emergencia hídrica— Varsavsky debió activar un control de daños en medios mendocinos. En horas, el discurso del proyecto viró de refugio nuclear para la élite global a "un campo común y corriente para comer un asado". Una doble narrativa que algunos visualizan como ocultamiento de poder político, soberanía y recursos estratégicos bajo un manto de "experiencia turística".

Un dato llamativo surgió al revisar la estructura societaria de Campo Wamani S.A. El principal socio de Varsavsky en Wamani es el actual embajador argentino en Estados Unidos, el fundador de los históricos sitios DeRemate y OLX, Alejandro Oxenford. Su participación en el “búnker” lo coloca ante una contradicción institucional: el cruce de sus funciones públicas con su actividad empresarial privada.

Como máxima representación diplomática argentina ante la Casa Blanca, el diplomático convalidó el pasado 26 de junio en Washington la firma de la "Pax Sílica", una opaca iniciativa que busca administrar y regular el suministro global de minerales críticos para el desarrollo de tecnologías avanzadas. Se trata de un intento de la administración Trump por controlar el flujo de recursos clave para el desarrollo de Inteligencia Artificial y, de esa manera, “retrasar” el avance de China en ese campo.

Pax Silica 23072026

Este convenio internacional ya forma parte de la agenda de PERFIL. El pasado 24 de julio, la periodista Giselle Leclercq expuso el estricto hermetismo del gobierno de Javier Milei sobre el acuerdo. Esa falta de transparencia motivó un pedido de informe al Poder Ejecutivo presentado el 21 de julio por el diputado nacional Maximiliano Ferraro, quien advirtió ante este medio que no se conocen las obligaciones reales asumidas por el país.

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Más allá del secreto sobre la “Pax Silica”, la estancia Wamani expone “la paradoja de Oxenford”. En el ámbito estrictamente privado, el embajador participa como socio de una firma que proyecta instalar servidores de Inteligencia Artificial descentralizados en la precordillera de Mendoza. Además, el proyecto garantiza la autonomía total de agua de máxima pureza y alimentos ante la eventualidad de un hipotético conflicto atómico en el hemisferio norte. Totalmente opuesto a lo que el gobierno de Estados Unidos apunta: la descentralización de recursos.

Ante estas revelaciones, PERFIL se comunicó con la representación diplomática en Washington para consultar la postura del embajador argentino. El cuestionario enviado indagó de manera específica si el funcionario compartía las definiciones textuales de Varsavsky en el Financial Times respecto a que el mundo atraviesa “la Tercera Guerra Mundial” y que la estancia en Mendoza opera como un seguro contra el apocalipsis.

La respuesta llegó a través de fuentes cercanas al propio Alejandro Oxenford bajo estricto off the record. Desde el entorno del embajador argentino aseguraron de forma tajante que “su inversión en Mendoza no tiene ninguna relación con consideraciones geopolíticas”. Y agregaron: “Se trata de una inversión financiera minoritaria y pasiva. El embajador no participa del management, el cual es liderado por el empresario Martin Varsavsky, ni del diseño de las estrategias de marketing del proyecto”.

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Sin embargo, esa “inversión minoritaria y pasiva” confirma que Oxenford se “protege” en Mendoza, previendo el colapso de la misma potencia ante la cual representa al Estado argentino.

La noción colectiva de un búnker subterráneo de hormigón es atemporal. Wamani descarta esa posibilidad por las propias características geográficas del predio, cuya superficie equivale a cinco veces la Ciudad de Buenos Aires. Tal como describió Varsavsky, la seguridad de la estancia no radica en enterrarse bajo el suelo, sino en la distancia física respecto de los objetivos militares del norte y la inmunidad natural del Cono Sur ante las corrientes de radiación atómica. El blindaje es de aislamiento geográfico, no de ingeniería civil.

A ello se le suma el control absoluto de recursos críticos de supervivencia: el predio cuenta con cuatro manantiales y acuíferos propios de máxima pureza en plena precordillera. En una provincia como Mendoza, sumida en una crisis hídrica estructural y permanente, la privatización de nacientes de agua para una comunidad cerrada generó una inmediata tensión política con los sectores ambientalistas locales.

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Para legalizar esta protección de recursos sin levantar alarmas de extranjerización, el estatuto de Campo Wamani S.A. declaró como objeto actividades tradicionales como la vitivinicultura y la hotelería. La infraestructura del complejo se completa con domos geodésicos, paneles solares y una pista de aterrizaje privada.

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Este activo logístico clave le permite la desconexión total del sistema de transporte comercial y reduce la fiscalización efectiva del Estado a su mínima expresión. Los mismos magnates que promueven la disolución de las fronteras estatales para sus negocios globales, aprovechan los vacíos del derecho soberano local para que nadie vigile su pista de aterrizaje. Para esto, la estructura societaria de Wamani se vuelve clave.

La arquitectura legal detrás de Wamani expone una fría ingeniería corporativa que comenzó poco antes del recambio de gobierno. La firma opera bajo la denominación de Campo Wamani S.A., inscripta ante la Inspección General de Justicia el 17 de octubre de 2023, cinco días antes de las elecciones presidenciales generales.

El acta oficial del Boletín Oficial, bajo el CUIT 30-71836505-4, blanquea el núcleo del poder real: Varsavsky suscribió el 70% de las acciones, mientras que Alejandro Oxenford, Matías Nisenson y Alejandra De Kemmeter (una abogada argentina radicada en el mismo barrio de lujo en el que vive Varsavsky en Madrid) se repartieron un 10% cada uno.

La adquisición de las 32.000 hectáreas en la localidad de Pareditas, San Carlos, sorteó los controles del Estado mediante un aprovechamiento quirúrgico de la norma vigente. Al tratarse de una franja fronteriza de la precordillera, las tierras están afectadas por las restricciones de las Zonas de Seguridad de Fronteras (Decreto-Ley 15.385/44).

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Esta normativa impone severas trabas a la compra de campos por parte de extranjeros, pero no prohíbe la transacción entre ciudadanos locales. Al registrar la S.A. en el país con una mayoría de control en manos de argentinos nativos con DNI, la operación ingresó legalmente como un trato comercial entre privados nacionales.

El expediente obtuvo una veloz autorización técnica de no afectación a la defensa nacional por parte de la Comisión Nacional de Zonas de Seguridad en los últimos días de diciembre de 2023, dejando el camino despejado para el posterior ingreso de capitales de los socios norteamericanos de Varsavsky, como el magnate de las barras proteicas KIND, Dan Lubetzky.

Para terminar de blindar el enclave los dueños reales delegaron las firmas. Ninguno de los accionistas principales figura en el directorio de la sociedad anónima. La presidencia de la sociedad quedó en manos de Matías Bergmann, quien desde hace 27 años se desempeña como el asistente ejecutivo personal y mano derecha administrativa de Varsavsky.

Como director suplente fue nombrado Mario Lehrer, un ingeniero electromecánico de 89 años perteneciente al círculo familiar íntimo del empresario. Ese directorio, de extrema confianza, logra absorber las eventuales intimaciones legales mientras los verdaderos hilos del latifundio se manejan desde Madrid y Washington.

La repentina aparición del proyecto en las páginas del Financial Times respondería a una meditada estrategia de captación de capitales. Varsavsky utiliza la vidriera internacional como una campaña de preventa premium para expandir el pool original de inversores y seducir a otros ejecutivos de Silicon Valley.

El negocio opera bajo dos modalidades: inyectar millones de dólares para fondear el desarrollo tecnológico autónomo del predio y comercializar estadías de lujo estimadas en 200 dólares la noche. Lo que se vende, en efecto, es el activo más escaso del siglo: la inmunidad ante un potencial colapso mundial.

Uno de los domos del 'búnker' en Mendoza de Martín Varsavsky y el embajador argentino en Estados Unidos, Alejandro Oxenford

El beneficio económico para la comunidad del capital de riesgo justificaron el costo de la contradicción discursiva de Varsavsky en el mercado local. En el plano internacional, Varsavsky justificó el proyecto sentenciando en inglés: "We’re already in world war three, the battle lines are already drawn" (Ya estamos en la tercera guerra mundial, las líneas de batalla ya están trazadas) e insistió en que "it makes sense to have a refuge" (tiene sentido tener un refugio).

Sin embargo, cuando la prensa internacional impactó en Mendoza, el discurso mutó en una estampa costumbrista. En declaraciones a medios mendocinos, el empresario afirmó: "Wamani es un campo como cualquier otro, no tiene ningún búnker... somos gente normal que nos gusta comer un asado y empanadas". La doble estrategia discursiva expone el arbitraje de audiencias de la era digital: la supervivencia nuclear tracciona las billeteras en San Francisco, mientras la humilde retórica del asado y las empanadas tranquiliza a la sociedad mendocina.

Pero Wamani planea instalar servidores locales con modelos avanzados de Inteligencia Artificial descentralizada, coordinados por su socio Matías Nisenson. La finalidad, según declaró el propio Varsavsky, es mantener viva una "sociedad compleja" en el Cono Sur cuando las redes del norte caigan.

Varsavsky está tan imbuido en la temática que está escribiendo una novela de ficción donde recrea cómo la estancia en San Carlos se convierte en el último bastión de la civilización occidental post nuclear.

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Las 32.000 hectáreas mendocinas constituyen la materialiación directa de la doctrina de repliegue territorial promovida a escala global por Peter Thiel. Esta corriente de pensamiento, pergeñada por el cofundador de PayPal y cerebro de la firma de inteligencia militar Palantir, postula que la élite tecnológica mundial debe valerse de su poder financiero para adquirir latifundios con recursos críticos en el hemisferio sur.

Peter Thiel

El propósito de este esquema es fundar enclaves de soberanía privada capaces de operar de manera autárquica frente a un hipotético colapso de las potencias del norte global.

El nexo entre Varsavsky y Thiel es directo. El desarrollador de Wamani admitió ante el Financial Times mantener un vínculo profesional con él y haber debatido minuciosamente “las ventajas geográficas de la Argentina ante una conflagración global”.

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De hecho, Varsavsky integró las delegaciones que acompañaron al presidente Javier Milei durante sus reuniones con la élite tecnológica en San Francisco, un ecosistema donde Thiel ejerce como tutor doctrinario y económico, habiendo logrado apuntalar la carrera del vicepresidente estadounidense JD Vance.

Las 32.000 hectáreas cordilleranas de Wamani hoy permanecen inalterables bajo custodia privada. Mientras las gestiones diplomáticas en Washington y las desmentidas costumbristas en Mendoza intentan asimilar la estancia dentro de la normalidad rural y los manantiales puros de la precordillera, los servidores autónomos de Inteligencia Artificial esperan en silencio, por ahora, solo en los borradores de la próxima novela de Varsavsky.

orador miller