Radiografía de la pobreza: qué tipo de trabajadores quedaron más expuestos y qué proyectan los analistas
El aumento de la pobreza durante el primer trimestre se hizo evidente en todas las modalidades de empleo. Si bien contar con un trabajo continúa siendo fundamental para evitar que los ingresos de un hogar queden por debajo de las necesidades básicas, la pérdida de poder adquisitivo y la expansión de formas de inserción más precarias limitaron esa protección. Hacia adelante, distintos analistas anticipan mínimas variaciones en el indicador.
Revirtiendo la tendencia descendente observada desde el segundo semestre de 2024, la pobreza subió al 30% de la población en el primer trimestre de 2026 y la indigencia al 6,5% de los habitantes, lo que implica un avance de 0,1 y 0,4 puntos porcentuales, respectivamente, en comparación con los tres meses previos.
De este modo, la cantidad de residentes cuyos ingresos (laborales y no laborales) no lograron cubrir la Canasta Básica Total (CBT) se incrementó en alrededor de 1,3 millones entre el tercer trimestre de 2025 y el primero de 2026.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA atribuyó este fenómeno a seis factores clave:
Según la consultora Empiria, el promedio entre el cuarto trimestre de 2025 y el primero de este año muestra que el porcentaje de ocupados pobres pasó del 18% al 20%, con un incremento en todos los tipos de empleo.
Entre los cuentapropistas informales, la pobreza alcanzó al 42%, lo que representó un aumento de 2 puntos porcentuales respecto del semestre anterior. En el caso de los asalariados “en negro”, se elevó del 30% al 33 por ciento.
En las demás modalidades, la desmejora fue más moderada. La tasa llegó al 20% entre los cuentapropistas, al 9% entre los empleados públicos formales y al 11% entre los trabajadores privados registrados.
En ese contexto, el ODSA apuntó: “Los datos son consistentes con un mercado laboral que conserva puestos de trabajo, pero amplía la informalidad, la subocupación y las inserciones de bajos ingresos. La discusión no puede reducirse a cuántos empleos se generan: importa su calidad, estabilidad, productividad y capacidad efectiva para sostener a un hogar por encima de las líneas de pobreza e indigencia”.
Leopoldo Tornarolli, investigador del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), prevé que no habrá una variación importante de la pobreza en relación con las estimaciones del primer trimestre durante el resto del año. Sin embargo, considera que va a ser más alta que a finales de 2025, debido a que los ingresos crecieron por debajo de la inflación en los últimos meses.
Agustín Salvia, director del ODSA, destacó que el segundo trimestre cerraría con una tasa de pobreza de alrededor del 32% o 33% de la población. Luego, podría observarse cierta baja, impulsada por el impacto del cobro del medio aguinaldo de junio y las actualizaciones en las jubilaciones y en la Asignación Universal por Hijo (AUH).
De cara al cierre del año, Salvia no espera que baje del 33%, nivel que constituye un piso histórico y estructural para la Argentina, más allá de los ciclos de expansión del consumo o de las crisis económicas.
Desde la consultora Equilibra, el economista Lorenzo Sigaut Gravina proyecta una suba de la pobreza en el primer semestre, incluso en la medición oficial. El indicador, calculado con la Canasta Básica Total (CBT) actualizada, en base a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2017/18 y la corrección por subdeclaración de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), ascendió a 43,5% en el período comprendido entre octubre de 2025 y marzo de 2026.
Para el segundo semestre, Sigaut Gravina cree que la pobreza se mantendrá estable, con una mejora o deterioro mínimo, dado que “lo peor en materia de precios, tanto de la energía como de alimentos, ya pasó”. Al mismo tiempo, no observa mucho margen de recuperación de los salarios reales.