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clarin.com · hace 23 horas · Clarin.com - Home

Todos los duelos y el duelo de Messi

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La carta al padre de Lionel Messi fue un duelo abierto al mundo, y abrió compasión y comprensión ante el dolor así expuesto, ante la ausencia, ante la muerte, ante la orfandad parental.

Millones lloraron a un padre que no conocían porque en verdad y en simultáneo estaban llorando también al suyo.

Lionel y Jorge Messi. Foto: Instagram

Se subió a una red, se midió en millones de reacciones, se replicó capilarmente, explotó.

El velorio dejó de ser un cuarto con sillas dolientes en derredor de un féretro presidiendo la reunión y se volvió en el acto un acontecimiento planetario a partir de una misiva.

Lo que ocurre es que las pantallas y las redes convocan tantísimo, y frente a las pantallas y las redes se prosternaron los deudos globales.

Los Messi. Archivo

La intimidad se volvió liturgia planetaria, quizás efímera, porque así son los tiempos.

Es el complejo de Telémaco según la definición del psicoanalista italiano Massimo Recalcati: no mata al padre como Edipo, lo espera.

Lionel esperaba el mensaje del padre tras cada partido, y el mensaje llegaba puntual y austero.

Podría definirse la paternidad, desde el lugar del hijo, como aquello que se espera.

Hay padres virtuosamente presentes, otros perversamente presentes y otros malignamente ausentes, y otros benevolentemente ausentes por circunstancias de la vida, ausentes- presentes.

El mensaje puntual es el de Messi, pero caló en el corazón de millones, porque es Messi, porque es el padre de Messi, porque alude al padre universal, al padre de cada uno, presente o incluso ausente, pero que ante la muerte obliga a repensarlo todo.

Messi jugaba una final del Mundial con su padre agonizando, y confesó después que las piernas no le daban más.

¿Cuándo agoniza el padre, qué hijo tiene piernas para correr, o incluso para caminar?

Las piernas de Messi no son piernas sino el dispositivo donde se despliega el genio.

El cuerpo percibe la cercanía de la muerte antes que la conciencia y las piernas se paralizan.

La muerte y el juego que atrapó a miles de millones, y la obligación del genio, ante sus innumerables fans, pero sin el padre aguardando al final de cada partido para dejarle el siempre esperado mensaje.

En Rosario, y ante lo inminente, el padre de Messi, según contó su hijo, supuso que la Argentina había perdido la final por penales.

¿Quién sigue adelante y quién no? ¿Quién ordena la carambola para decidir que llegó la hora?

Una especie de universal situado existencial y lingüísticamente en Rosario. Y aunado por un hilo mágico a la pelota.

Una pieza de hotel escueta en Barcelona, Lionel pequeño, el padre rescata su imagen.

Hay una ironía feroz en esa confesión, porque esas piernas existen gracias al padre. El chico de Rosario no crecía, le faltaba la hormona, y Jorge trabajaba desde el alba hasta la alta noche y peregrinaba por clubes y obras sociales buscando quién pagara el tratamiento.

Messi contando ahora que no tenía piernas es decir que se le estaba yendo el que se las había dado.

Aun así, y hasta el instante final, siguió intentando enhebrar en el límite las jugadas de gol que esta vez sus compañeros no concretaron. El padre se iba, agonizaba el Mundial, y el segundo lugar no es victoria para Lionel.

Su llanto por el segundo puesto es el llanto por el padre que se desvanecía de la vida.

Miguel Wiñazki

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