Las billeteras llegan a cobrar tasas de usura para tomar deuda a “un click”
La morosidad es la variable más visible de las dificultades por las que atraviesa la microeconomía pero además, viene aparejado de un fenómeno novedoso: el endeudamiento en un click. Microcréditos que se otorgaron a un universo de personas que están por fuera del ecosistema bancario, con tasas siderales que guardan el misterio de su composición, y que, acompañando el escenario generalizado de la caída de ingresos, dejan de pagar. Las billeteras virtuales hicieron punta –aunque los índices más altos están en el sector no financiero–, amparadas por una desregulación que le permitió a los prestamistas cubrirse de mayor riesgo crediticio con porcentajes siderales.
Las tasas para sacar un crédito en las billeteras virtuales son “abusivas”. Lo definió el propio ministro de Economía, Luis Caputo, en conferencia de prensa, aunque reiteró que el Gobierno no actuará para aliviar la situación de las familias. A 12 meses la el porcentaje de una Tasa Nominal Anual (TNA) parte del 45% y pueden llegar al 245%, mientras que el Costo Financiero Total (CFT) a un click en apps de las más usadas como Mercado Pago puede llegar a más de 1200%. En los bancos, el porcentaje también es alto, con TNA de 40% y CFT de 120%, aunque menor.
¿Cómo es posible sostener un negocio con niveles tan altos de incobrabilidad? La respuesta está en la compensación: los usuarios que mantienen sus cuentas al día terminan financiando, a través de tasas más altas, a aquellos que caen en default. El CFT que construyen las billeteras tiene un fuerte componente impositivo y dos integrantes muy variables: el costo de fondeo y la cobertura de riesgo crediticio.
El cálculo de esa prima no tiene tope. Así lo determinó el Gobierno en el DNU 70/2023 cuando desreguló los límites a los intereses compensatorios y punitorios que preveía la Ley de Tarjetas de Crédito. Fue el mayor habilitador del negocio crediticio digital, ya que le permitió a las plataformas “pricear” el riesgo de su cartera (compuesta mayormente por usuarios no bancarizados o con ingresos informales) cobrando tasas activas sin restricciones.
Las personas que no tienen historial crediticio o que su scoring no les permite acceder al sistema bancario tienen, naturalmente, una incertidumbre mayor al de un deudor que está dentro del sistema financiero tradicional. Así, con esa liberación, se habilitó a las fintech a colocar microcréditos con un Costo Financiero Total (CFT) mucho más alto, cubriéndose del riesgo de mora con interés sin restricciones.
Para Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia, la ecuación de las aplicaciones es letal pero efectiva. “Las tasas de interés por préstamo que cobran los bancos son la suerte de los precios de venta de su mercadería. ¿Por qué las tasas de las fintech son más altas y la gente va igual? Porque los bancos no les prestan”, explicó a PERFIL.
“La tasa de interés tuvo vaivenes en el año. Las tasas pasivas y de caución bajaron entre abril y julio, y en agosto volvieron a subir. Sin embargo, el costo financiero de los préstamos a las personas en entidades no bancarias se mantuvo siempre en niveles muy altos. No siguieron el ciclo del resto de las tasas de interés, lo cual te muestra que ahí el tema no es el costo de fondeo, sino que lo que está detrás es cubrirse de un eventual riesgo de impago”, agregó Rajnerman en diálogo con este medio.
Bajo este esquema de márgenes amplios, el cliente más rentable para el sistema no es aquel que cancela su cuenta a fin de mes, sino el que queda atrapado en el circuito del crédito rotativo. Al recurrir al pago mínimo y refinanciar constantemente sus consumos, el usuario acciona un multiplicador de ingresos para la entidad financiera a través de los intereses punitorios. Así, la mora temprana —es decir, la deuda que se acumula pero que aún no fue declarada irrecuperable— se convierte en la verdadera base del negocio: un deudor perpetuo que oxigena los balances pagando sistemáticamente intereses sobre intereses.
La tormenta es perfecta para las familias que ajustan sus cuentas mes a mes. Según datos del Banco Central, la irregularidad en el pago de créditos para las familias es del 12,8% -en mayo, último registro oficial- en los bancos y del 30,4% en las entidades no bancarias. Es un dato que se quintuplicó en un año y que surge de un escenario que combina pérdida de poder adquisitivo sin más repunte que el efecto aguinaldo dos meses al año; y casi un año de tasas altas en todas las aristas del sistema.
Hoy, en el universo de los no bancarios, conviven MP, Ualá, Naranja X, Personal Play, Prex, para nombrar las más usadas; y las casas de créditos a sola firma, electrodomésticos, supermercados, entre otros. Son alrededor de 3 millones de personas las morosas en el sistema tradicional, unas 1,9 millones en las apps y otras casi 3 millones en el resto de los sectores. La proporción de los créditos impagos sobre el total de cartera cambia mucho: los bancos tienen un 19%, las billeteras un 20% y el resto, 50% para junio, según un informe de la consultora Analytica.
Las principales fintech aseguran que sus moras reales están en el orden del 10% al 17%, un nivel que consideran más bajo que el de algunos bancos de primera línea, a los que acusan de superar la barrera del 20%. En la banca tradicional la pelota vuelve a la cancha contraria: afirman que sus carteras de mora dura no llegan a los dos dígitos.
En el sector explican que, por ejemplo, la cifra de irregularidad del 22% que reflejó el BCRA en abril responde a una cuestión contable: la aplicación del write-off sobre los préstamos. Quiere decir que aplicando el mismo criterio de mora de más de 90 días que usan otras entidades, su indicador real es del 14% en abril, 13% en mayo y proyecta un 11% para junio. Además, advierten sobre el peso impositivo: entre IVA, Ingresos Brutos y Sellos, la carga del Estado explica entre un tercio y más del 40% del costo total del crédito.
La billetera más usada, Mercado Pago, señaló que su ratio de mora está en línea con la banca privada y defienden su modelo de scoring, que procesa más de 3.000 variables para otorgar líneas iniciales desde apenas $5.800. Su argumento central es que, a medida que el usuario demuestra buen comportamiento, el límite se amplía y la tasa baja.
Según el mismo estudio, un 71,9% de las familias se encuentra endeudada actualmente. Las tarjetas de crédito tradicionales continúan liderando ampliamente el ranking de los instrumentos elegidos, abarcando al 37,2% de los casos. Le siguen los préstamos personales o de libre disponibilidad otorgados por bancos y financieras (11,1%) y, los préstamos “a un click”.
Las alarmas se prenden con el destino que se le da a esos fondos: el 33,4% de las personas endeudadas en los últimos doce meses admite que tomó crédito principalmente para comprar alimentos y poder cubrir los gastos corrientes del mes.
Lejos de la inversión en bienes durables como electrodomésticos (que apenas explica un 8,5%), el segundo gran motivo de endeudamiento familiar es directamente pagar otras deudas, ya sea para refinanciar pasivos anteriores o intentar ponerse al día, representando al 13,7% de los casos.
El trasfondo, según explican fuentes en off del mercado, es que el BCRA mide “volumen de cartera” y no “personas”. Los bancos prestan montos gigantescos a individuos de alto poder adquisitivo que licúan el porcentaje de irregularidad total. Las fintech, en cambio, colocan sumas bajas a cientos de miles de usuarios.
“Por normativa, si vos tenés una deuda en un banco y no la pagás durante mucho tiempo, el resto del sistema financiero está obligado a declararte a vos también como moroso por contagio”, detalló la voz de la City
En definitiva, el 70% de los deudores crónicos en Argentina debe menos de $1,5 millones. Un informe elaborado por la consultora Management & Fit reveló que el 53,6% de las familias argentinas atraviesa hoy dificultades económicas para sostenerse. Es un índice que marca un deterioro rápido, creciendo 1,5 puntos porcentuales solo respecto a junio de este mismo año. El impacto, advierte el relevamiento, no es simétrico, sino que golpea con mayor fuerza a las mujeres, a la franja de mayores de 40 años y a los sectores de menor nivel educativo.