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perfil.com · hace 5 horas · Jorge Fontevecchia

Tres escenarios para 2027

Jorge Fontevecchia

El título de la contratapa del fin de semana pasado de PERFIL: “Algo pasó”, tras la derrota simbólica de la llamada Ley de Tierras, no hizo más que verificarlo a lo largo de los días. Con la velocidad de un rayo, Javier Milei pasó de reelecto en primera vuelta hace algunas semanas a descartarse que mínimamente tenga asegurado en cualquier escenario que su candidatura logre ser una de las dos que pasan al balotaje.

Extremas prospectivas fruto del carácter bipolar de la relación entre los presidentes y su sociedad que nos caracteriza. Lo más razonable son tres escenarios macro de los que se desprenden luego combinaciones alternativas.

Escenario uno. Que el plan económico del Gobierno logre llegar a las elecciones con alguna mejora concreta sobre la vida de la mayoría de los votantes y que, al mismo tiempo, el candidato del peronismo no logre despegarse lo suficiente de la imagen negativa que genera Cristina Kirchner como significante del kirchnerismo, y Milei sea reelecto en un balotaje.

Escenario dos. Que el plan económico del Gobierno llegue a las elecciones sin mejoras concretas sobre la vida de la mayoría de los votantes y que siga el malestar social actual, pero sin llegar a un colapso económico, y se genere la oportunidad de proponer una candidatura que mantenga con correcciones el rumbo económico ofreciendo como mejora un presidente sin los defectos personales de Milei, ya sea desde la coalición que conformó Cambiemos/Juntos por el Cambio o una alianza de centro similar con peso específico en el interior.

Escenario tres. Que el plan económico del Gobierno empeore la calidad de vida de los votantes, en cuyo caso el creciente malestar social lleve a la mayoría de los votantes a preferir no ya un conductor moderado del mismo modelo económico, sino un modelo económico diferente y se pase del antikirchnerismo de 2023 a un antimileísmo de 2027 y gane el balotaje un candidato peronista.

Tres por tres. Estos tres escenarios se potencian y combinan con: 1) que haya o no PASO, 2) vaya o no unido tanto el peronismo como el antiperonismo y 3) desdoblen –adelanten– las elecciones todas las provincias y CABA que no tienen por su propia constitución la obligación de desdoblar.

Si las PASO nacionales se mantuvieran, el calendario se adelantaría dos meses, y octubre pasaría a agosto. Si, además, se desdoblaran –adelantaran– las elecciones locales, en aquellas provincias donde asimismo haya PASO locales, se volvería a adelantar sobre lo adelantado otro bimestre.

Paralelamente, si el peronismo fuera unido, como parece indicar la reunión del miércoles a la noche en la que confluyeron Kicillof, Massa, Máximo Kirchner, sumados a otros gobernadores y jefes de bloques en el Congreso, se le haría más difícil al PRO liderar la construcción de un Juntos por el Cambio 2.0, porque obraría el axioma de la sociología que ante la amenaza externa, los grupos se cohesionan. Un escenario de polarización frente a un peronismo que pueda aspirar a alcanzar el 40% de los votos inmediatamente llevaría a los sectores de centroderecha a juntar fuerzas con LLA.

No hay que desconsiderar la significancia de las fuerzas ubicadas en los extremos como el nacionalismo de Victoria Villarruel y el anticapitalismo de Myriam Bregman que en su conjunto pueden alcanzar una cifra de dos dígitos. Ambas son tentadas a sumarse a la polarización, y en el caso de Bregman, ya oficialmente por el jefe de los senadores del peronismo José Mayans, quien tras participar del encuentro peronista del miércoles pasado hizo público el ofrecimiento a la dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas para que se sume y compita en una interna.

Por último, queda el factor candidato outsider: el más consistente, Jorge Brito, tendría mucho para perder dado que preside uno de los principales bancos y compañías energéticas del país, además de desarrollos inmobiliarios y agropecuarios. Y quedan: el últimamente mencionado Daniel Hadad y el que arrancó con mucho ímpetu el año pasado y hoy está poco presente, el predicador neopentecostal Dante Guebel.

Vale recordar que para la misma fecha previa a las elecciones, en cada agosto del año anterior a la votación, se habló de famosos de los medios de comunicación como candidatos que luego no llegaron a presentarse. En agosto de 2018, el candidato outsider era Marcelo Tinelli que incluyo llegó a tener mediciones de hasta un 17% de intención de voto y más atrás en el tiempo cuando Néstor Kirchner fue electo con solo el 22% de los votos, el famoso de turno había sido Nito Artaza, quien años después llegó a ser senador por la provincia de Corrientes.

Volviendo a los tres escenarios, lo que va a cambiar es el argumento del voto. Si la economía del Gobierno repunta, será apoyar a Milei y rechazar al kirchnerismo. Si la economía del Gobierno no mejora, el argumento será mantener el rumbo con un conductor más civilizado. Si la economía del Gobierno empeorara, el argumento será un cambio de rumbo.

La economía siempre será el vector decisivo, aunque en el escenario dos se pueda utilizar como excusa la estética sintetizada en las fallas cívicas y republicanas de Milei.

Algo pasó la semana pasada que anticipó el año electoral, que en situaciones normales hubiera comenzado recién en diciembre. Igual, en diciembre algo pasará; lo más definitivo, cuando el calendario y el modo de elección estén determinados.

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