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perfil.com · hace 8 horas · Eugenia Muzio

El Gobierno flexibilizó los créditos para empresas para sumar liquidez pero aumenta el riesgo de dolarización

Luis Caputo, José Luis Daza y Federico Furiase en conferencia de prensa

El Gobierno decidió cruzar apenas la línea de un tema tabú: habilitar a las compañías que no generan divisas a tomar créditos en dólares. Aún cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, declaró que en el 2027 no habría presión cambiaria, se trata de una maniobra que apunta a inyectar liquidez, para dotar de estabilidad en la antesala de un año electoral. Pero, aunque con resortes deliberados, la contracara de la medida es someter a los balances del sector privado a un descalce si el tipo de cambio sufre variaciones bruscas.

El Banco Central comunicó la flexibilización del artículo 23 del Decreto 905/02, que surgió en medio de la crisis de 2001. Desde ahora, las entidades bancarias podrán utilizar sus fondeos en moneda extranjera para financiar a todo el ecosistema de personas jurídicas. Se desarma así una exclusividad que tenían hasta ahora las empresas exportadoras. Para contener un posible impacto sistémico, la entidad monetaria fijó un techo: el volumen de estos préstamos no podrá perforar el techo del 15% de los depósitos en dólares que posea cada entidad.

El equipo económico enmarcó la desregulación como una respuesta pragmática a las urgencias de la matriz productiva, apuntando a rubros intensivos como la construcción y la industria automotriz. “Nos parece macroprudencialmente lo más razonable”, argumentó Caputo durante una conferencia de prensa de la que participó PERFIL. El titular del Palacio de Hacienda aseguró que fue un pedido de las industrias: "Nos venían pidiendo una mayor flexibilidad en esto”.

La cuenta que hizo el Palacio de Hacienda es la siguiente: existe un stock de colocaciones en moneda extranjera anclado en USD 40.000 millones —potenciado por el blanqueo—, un volumen de préstamos estancado en USD 24.700 millones y, tras descontar el 25% de encajes regulatorios, la capacidad prestable adicional sería de USD 5.800 millones.

Con la obligación de liquidarlos en el mercado oficial, la medida apunta a generar un aluvión de oferta de dólares extra que oscilará entre los USD 3.000 millones y US$ 6.000 millones, pudiendo tocar un máximo de USD 10.000 millones si el ritmo de los depósitos se sostiene. Por decantación, el corrimiento de la demanda de deuda corporativa hacia la divisa estadounidense debería descomprimir las tasas de interés para el financiamiento en moneda local, dándole oxígeno al crédito en pesos.

El titular del BCRA, Santiago Bausili, había anticipado el diagnóstico oficial días atrás, apuntando contra el viejo modelo que bloqueaba la transformación del ahorro en crédito productivo. “Se preservó un sistema financiero de un riesgo de descalce, pero cuando uno observa la evolución en el tiempo, se preservó un sistema financiero que es de los más chicos del mundo. Entonces, preservamos la nada misma”, sentenció el titular de la autoridad monetaria. En el Informe de Política Monetaria (IPOM), el Central señaló que existían USD 7.500 millones ociosos que podrían ponerse a circular en el sistema como una “solución de esquina”.

A contramano del optimismo oficial, los economistas que siguen de cerca la dinámica del mercado exigen cautela y advierten por el elevado riesgo de la jugada. El analista financiero Christian Buteler cuestionó frontalmente la iniciativa. "Prestar dólares a una empresa que tiene sus ingresos en pesos no me parece lo mejor. Ya hemos visto lo que el descalce de moneda puede producir en Argentina, no solamente a quien toma el crédito, sino también al sistema financiero", analizó en diálogo con PERFIL.

Según el economista, existe una necesidad política detrás de la inyección de liquidez: "Mantener la obligatoriedad de liquidar esos dólares en el mercado genera estabilidad en el tipo de cambio, da oferta el año que viene, si hay una volatilidad en el dólar”. A la vez, remarcó que habilitar estos créditos servirá para que los bancos paguen mejores tasas y retengan los dólares en el sistema en 2025. Sin embargo, advirtió sobre el frente corporativo: "Si lo hacés a una empresa que capaz tomó un crédito en dólares porque es una tasa mejor y quería bajar sus costos, y tiene que enfrentar momentos de volatilidad cambiaria, la realidad es que creo que puede llegar a ser peor el remedio que la enfermedad".

Sobre ese punto, la normativa impone a las entidades financieras un requisito de capital mínimo equivalente al 125% del aplicable a otras financiaciones comparables. A su vez, los límites de exposición crediticia computarán por 1,25 veces.

En la misma línea, el economista de EpyCa, Martín Kalos, remarcó los peligros históricos de esta herramienta. "Tomo esta medida siempre con mucha cautela, porque justamente del descalce de monedas están hechas las crisis cambiarias", aseguró, recordando la experiencia del fin de la convertibilidad. Aunque valoró los topes regulatorios como una señal de ir "paso a paso", enfatizó los efectos sobre la circulación monetaria. "Uno de los efectos que no sabemos si es buscado o colateral de esta medida es que va a haber más dólares en la calle. Habilita una mayor circulación de dólares en la economía, hay una oferta que se añade en una instancia primaria, y luego a través de una circulación interna", precisó Kalos.

El economista Haroldo Montagu subrayó que, pese a los altos niveles de liquidez, esta desregulación no implica un ingreso neto de divisas genuinas, ya que los dólares ya están dentro del sistema financiero. Al liquidarse los préstamos, ampliarán la oferta en el mercado, pero no engrosarán las reservas del BCRA por una vía genuina.

Montagu identificó un riesgo latente: "Si las divisas prestadas no se destinan a inversión productiva sino que se venden en el mercado o se transfieren al exterior, la medida podría alimentar la dolarización en lugar del financiamiento real". El economista destacó, además, el efecto contable más disruptivo de la medida: si las empresas que toman deuda en dólares no generan ingresos suficientes en esa moneda, el riesgo de una eventual devaluación deja de estar concentrado en el balance de los bancos y pasa a recaer directamente sobre el balance de las empresas.

Pero el filtro determinante no estará en las planillas macro, sino en las gerencias de cada banco. El BCRA determinó que las entidades deberán evaluar obligatoriamente la capacidad de repago de los tomadores corporativos bajo escenarios de variación del tipo de cambio de diferente magnitud.

A cuánto cerró el dólar hoy este jueves 18 de septiembre