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ambito.com · hace 3 horas

La disputa entre EEUU y China llega otra vez a Neuquén: el Gobierno analiza una nueva modernización de la base espacial

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Un pedido de Beijing para incorporar equipamiento a la estación de espacio profundo instalada en Bajada del Agrio activó una evaluación de la Fuerza Aérea y elevó el expediente al nivel estratégico. El análisis militar sostiene que no hay evidencia de una nueva antena, pero sí de una actualización tecnológica relevante, con capacidades de uso dual.

Archivo. La estación en Neuquén, en medio del conflicto entre EEUU y China.

El pedido de la República Popular China para incorporar nuevo equipamiento a la estación de monitoreo del espacio profundo que opera desde 2018 en Neuquén abrió un nuevo capítulo de la creciente competencia estratégica entre Estados Unidos y China en la Argentina. La solicitud llegó a la Cancillería y, por su eventual impacto en materia de defensa, fue remitida al Ministerio de Defensa, a cargo del teniente general Carlos Presti.

La directora de Seguridad Internacional, Asuntos Nucleares y Espaciales, María Schiaffino, envió la nota NO-2026-55066139-APN-DSIANYE#MRE para conocer la opinión militar sobre el alcance del equipamiento que Beijing pretende incorporar a la instalación ubicada en Bajada del Agrio.

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La primera evaluación fue elaborada por la Fuerza Aérea Argentina mediante el expediente NO-2026-67275020-APN-EMGFAA#FAA, firmado por el jefe aeronáutico, brigadier general Gustavo Valverde. El análisis contiene una advertencia particularmente significativa: que no exista evidencia de una nueva antena no significa que no exista un incremento de capacidades sensibles.

Según la evaluación aeronáutica, el equipamiento solicitado permitiría incrementar o recuperar capacidades relacionadas con la recepción de señales débiles, operación en banda Ka, procesamiento de datos de alta velocidad, almacenamiento masivo, sincronización de precisión, calibración de radiofrecuencia y monitoreo espectral.

La Fuerza Aérea considera que esos subsistemas pueden mejorar la sensibilidad, confiabilidad, disponibilidad, volumen de datos procesados y autonomía de operación de la estación. La opinión institucional firmada por el brigadier general Valverde sugiere que la preocupación no estaría necesariamente en la construcción de una nueva estructura visible desde el exterior, sino en lo que puede ocurrir dentro de la infraestructura existente.

Entre los equipos mencionados aparecen receptores criogénicos, convertidores de frecuencia para banda Ka, fuentes de simulación de radiofrecuencia, analizadores de espectro, analizadores vectoriales de redes, sistemas de banda base, unidades de seguimiento, servidores store-and-forward y switches de alta velocidad.

Para la Fuerza Aérea, el conjunto constituye una modernización relevante de la cadena de misión. Las capacidades son compatibles con las funciones propias de una estación de espacio profundo destinada al seguimiento, telemetría, comando y recepción de información de misiones lunares, marcianas o de espacio profundo.

La Estación fue inaugurada en 2018.

Pero allí aparece la cuestión que vuelve estratégico al expediente: la dualidad tecnológica. Los mismos sistemas que pueden utilizarse para una misión científica pueden aportar capacidades relevantes para el conocimiento situacional espacial, la recepción de señales satelitales, la caracterización de enlaces, el procesamiento de información y el apoyo a operaciones espaciales complejas.

La Fuerza Aérea, por eso, evita establecer una conclusión que no surge de la documentación disponible: no afirma que la solicitud implique una ampliación física mediante una nueva antena.

Sí sostiene que existe evidencia suficiente para considerar que se trata de una actualización técnica sustantiva de la estación existente, con potencial impacto estratégico y de defensa.

El documento recomienda, por esa razón, que el expediente sea tratado como un asunto estratégico de "altísimo nivel" e interagencial antes de adoptar una decisión definitiva.

Entre las condiciones sugeridas figuran: un inventario técnico detallado de los equipos, la identificación de cada subsistema en el que serán instalados, una declaración de la arquitectura final, certificación de que no habrá una nueva antena ni expansión de infraestructura no autorizada, inspecciones técnicas antes y después de la instalación y participación de los organismos nacionales vinculados con el espacio, el espectro, la defensa, la inteligencia estratégica y la ciberseguridad. También se recomienda que cualquier modificación futura de hardware, software, firmware o conectividad sea informada.

La conclusión militar es contundente en un punto: no debería existir una autorización automática o meramente administrativa.

La estación china de espacio profundo comenzó a funcionar en 2018, durante la presidencia de Mauricio Macri, aunque el origen del acuerdo se remonta a los gobiernos kirchneristas.

Los convenios iniciales fueron firmados entre 2012 y 2014 y posteriormente permitieron la instalación de la estación operada por la China Satellite Launch and Tracking Control General —CLTC— en territorio neuquino.

La infraestructura ocupa unas 200 hectáreas y cuenta con una antena de 35 metros. Argentina conserva, de acuerdo con los términos del convenio, el derecho de utilizar el 10% del tiempo operativo de la antena para investigaciones radioastronómicas de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). El personal de la Comisión luce escaso (1/2 técnicos) quizá la lejanía y falta de estímulo profesional impactan en la preferencia por ese destino, crítico para la seguridad del país.

Beijing sostiene que la estación tiene un propósito exclusivamente civil y que su funcionamiento es abierto y transparente. La posición oficial china señala que la instalación forma parte de la cooperación tecnológica espacial con la Argentina y que presta servicios de medición y control para proyectos aeroespaciales chinos, además de participar en actividades científicas internacionales.

La estación es operada por la Satellite Launch and Tracking Control General (CLTC) -una agencia que depende del Departamento General de Armamento y de la Comisión Central Militar del Ejército chino- una estructura en la que las actividades espaciales civiles y militares poseen una estrecha interrelación.

Declaración de Portavoz de la Embajada de China en Argentina sobre la arbitraria obstrucción de la cooperación entre China y Argentina por parte de Estados Unidos pic.twitter.com/ewuaK94Bp8

Esa característica no constituye por sí misma una prueba de utilización militar de la estación neuquina. Pero proporciona argumentos de retórica y sospecha geopolítica a los Estados Unidos y a organismos argentinos responsables de la seguridad estratégica.

La cuestión volvió a ser examinada por el Estado argentino en abril de 2024, cuando el Gobierno dispuso inspecciones -previo a una serie de cuestionamientos mediáticos de la embajada estadounidense y de altas autoridades del Comando sur-, en las estaciones de espacio profundo de China, en Neuquén, y de la Agencia Espacial Europea, en Mendoza. Participaron especialistas de organismos vinculados con ciencia y tecnología, estrategia nacional, Cancillería, ENACOM y CONAE.

En Neuquén, los funcionarios recorrieron las instalaciones acompañados por representantes de la Embajada china y del gobierno provincial. Después de las inspecciones, la Cancillería comunicó que las actividades observadas se correspondían con los objetivos pacíficos acordados.

Sin embargo, el nuevo pedido de equipamiento demuestra que el problema estratégico no desaparece con una inspección.

Una instalación espacial no permanece estática. Su relevancia depende también de los sensores, receptores, procesadores, sistemas de comunicación y capacidades de análisis que se incorporen a lo largo del tiempo.

El expediente espacial aparece, además, en un contexto particular. Neuquén se transformó en uno de los escenarios argentinos donde con mayor nitidez se cruzan los intereses tecnológicos de China y Estados Unidos.

Vaca Muerta es considerada un activo crítico para la matriz energética argentina y un componente cada vez más importante de la relación económica y estratégica con Washington. En ese escenario se produjo recientemente otro episodio de tensión alrededor de la utilización de tecnología china Huawei en infraestructura de comunicaciones vinculada a la provincia y al sector energético.

Una adquisición de equipamiento de la cooperativa neuquina CALF derivó en un nuevo cruce diplomático entre Washington y Beijing. Estados Unidos expresó reparos sobre la utilización de tecnología china en infraestructura vinculada a un sector considerado estratégico, mientras que la Embajada china cuestionó la presión estadounidense y la calificó de injerencia sobre la soberanía argentina.

La rivalidad entre ambas potencias atraviesa sectores estratégicos argentinos: energía, telecomunicaciones, infraestructura digital y ahora, nuevamente, tecnología espacial.

El trasfondo de la discusión es más amplio que la estación china. Las Fuerzas Armadas de distintas potencias consideran desde hace años al espacio como un entorno estratégico en el que deben protegerse activos, comunicaciones, sistemas de navegación y capacidades de observación y también las de país a partir del decreto N°1112/24 de Javier Milei que reforzó el rol militar en el ámbito aeroespacial, ciberespacial y electromagnético.

En ese contexto adquieren relevancia informes que circulan en el directorio de la CONAE con foco en la denominada Conciencia Situacional Espacial (SSA, por sus siglas en inglés): la capacidad de conocer qué objetos existen en órbita, determinar sus posiciones y velocidades, anticipar sus trayectorias y detectar posibles riesgos (el caso del equipo de LEO Labs atribuido al interés británico que pretendió ubicarse en Tolhuin, Tierra del Fuego) y la Conciencia del Domino Espacial (SDA) que implica pasar a un modo activo e identificar las intenciones futuras, capacidades y vulnerabilidades de los objetos en el espacio que ha pasado a ser un dominio de combate. La SDA facilita la modificación del equilibrio de capacidades antes de que su utilización estratégica sea evidente.

Para la defensa, contar con información precisa sobre el entorno espacial es cada vez más importante. La misma infraestructura que permite realizar investigaciones científicas o monitorear misiones espaciales puede proporcionar información de interés estratégico.

Ese es el núcleo de la preocupación militar argentina. Especialistas consultados afirman que la dualidad no está necesariamente en el equipo aislado, un receptor, un analizador de espectro o un sistema de procesamiento de señales no es, por sí mismo, un elemento militar. Pero integrados en una estación espacial de gran capacidad pueden contribuir a tareas que tienen valor estratégico.

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