AFA: Beligoy, el ejecutor de Tapia y Toviggino al que nadie mueve
Alcanzaron cuatro fechas del torneo Clausura para que la realidad (y no la ilusión mundialista) golpeara una vez más al país futbolero.
Stefano Di Carlo, presidente de River, dijo este martes: "A River lo han perjudicado los últimos cinco partidos (...) Hay manoseo de todo tipo y color. No es con River solamente, para ser sinceros (...) Esperamos que encuentren un límite en cuanto a la vergüenza".
Manoseo y vergüenza, dos palabras que acompañan desde hace tiempo al fútbol argentino.
No se trata, sin embargo, de analizar las declaraciones de Di Carlo. Tampoco de discutir si River es perjudicado o fue favorecido, de si un penal sí o no. En todo caso, todo eso es apenas coyuntural. Hoy es River como antes fue Racing (habló Milito), o Independiente (habló Tevez), y luego cada uno recibió el apriete de Toviggino en X.
A propósito, el silencio y la desaparición pública del tesorero de la AFA, antes tan activo en redes sociales, denota culpabilidad. Si no, ¿cómo entender su mutismo e invisibilidad cuando en el pasado desafiaba amenazante cada crítica?
Pero volvamos a lo central. No se trata de River, entonces. La búsqueda final no es perjudicar a uno en particular. Es que se entienda que nadie está a salvo. El sistema no se sostiene en la derrota de un equipo, sino en el temor de todos.
A esta altura nadie puede sorprenderse. Con las causas que investigan la corrupción económica frenadas en las internas judiciales, y la mirada puesta en la decisión del juez Borinsky sobre quién continuará la investigación para identificar a los dueños reales de la mansión de Pilar (una definición de alto impacto público), alcanza con recordar un nombre para confirmar que nada cambió, y que las sospechas de corrupción arbitral, el primer eslabón de la cadena, siguen fundamentadas.
Federico Beligoy continúa como director nacional de arbitraje de la AFA. El "brazo armado", según la definición de algunos dirigentes.
El control de los árbitros es la clave del esquema de aliado o enemigo que degrada al fútbol desde hace décadas. "Estás con nosotros o contra nosotros", es la lógica de Tapia y Toviggino. Y Beligoy el engranaje imprescindible.
El recuerdo de dos denuncias es suficiente para pintar la realidad. En octubre de 2019, el Sindicato de Arbitros de la República Argentina acusó a un grupo referís denominados "de la casa", que eran funcionales a los deseos de la AFA. La lista es demasiado larga, pero alcanza con decir que a pesar de las pruebas ninguno fue apartado y aún hoy, casi siete años después, integran el plantel de jueces designables cada fin de semana.
Más acá en el tiempo, en marzo de este año, y a partir de chats incriminatorios entre árbitros y el empleado de la AFA Juan Pablo Beacon, en los que se mencionaban cifras de dinero, el legislador Facundo Del Gaiso denunció penalmente a Luis Lobo Medina, Fernando Espinoza, Adrián Franklin y Nelson Sosa. El juez Ariel Lijo recibió la causa pero no ordenó acciones que profundizaran la investigación.
Lijo no avanzó, y la AFA redobló la apuesta. Luis Lobo Medina, que en los chats aparece diciendo a Beacon: "Laburé una banda, amigo. Tigre jugó mal", y del que Beacon escribiría a Tovi II: "Hmno, me pide 400 Lobito", dirigió este martes a la noche a Talleres de Córdoba vs. Lanús. Premios, no castigos.
No fue el único. El fin de semana pasado Fernando Espinoza fue designado en el VAR de Central vs. Aldosivi; Adrián Franklin en el VAR de Instituto vs. Gimnasia de Mendoza, y Nelson Sosa en el VAR de Unión vs. Central Córdoba. "No mires al árbitro, mirá al juez de línea", decía Julio Grondona cuando sugería sospechas en un partido. Hoy la frase se reconfigura: "mirá al VAR".
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