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clarin.com · hace 2 horas · Clarin.com - Home

El mundo de los insectos

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A pesar de que nos gusta creer que es nuestro, lo cierto es que vivimos en el mundo de los insectos.

Esto, que suena a película de ciencia ficción, se desprende del cotejo de su presencia y la nuestra en la Tierra. No solo porque su aparición antecede a la nuestra en un buen trecho —casi 370 millones de años de ventaja—, sino porque su número es infinitamente superior: casi 90% de la vida conocida pertenece a este conjunto variopinto de animales.

Hablamos de unos 10 trillones de individuos, casi 200 millones por cada ser humano. Si lograsen ponerse de acuerdo, podrían devorarnos y extinguirnos en un solo fin de semana.

Hormigas. Archivo

Existe, por suerte, una tregua misteriosa entre su reino y el nuestro. En nuestros hogares tienen una presencia discreta, cuando no misteriosa, quizá porque un encuentro con nosotros comúnmente les resulta fatal; así que pululan por los rincones, sótanos y el interior de las paredes, enfrascados en una guerra miniatura entre sí y con otros bichos -arañas, alacranes- para quienes, a diferencia de nosotros, los insectos constituyen parte esencial de su dieta.

Eso no nos impide sentir por ellos cierta fascinación y repudio. Los insectos —los artrópodos en general— son protagonistas frecuentes de nuestros relatos y pesadillas, quizá porque en el fondo intuimos que el tamaño es lo único que nos salva de su furia.

El caso opuesto ha sido explorado en novelas como Starship Troopers (1959) de Robert A. Heinlein —llevada al cine magistralmente por Paul Verhoeven en 1997—, un retrato descarnado de una guerra futura entre humanos e insectos extraterrestres; en relatos de misterio policial como Mimic (1997), y en comedias infantiles de Disney como Querida, encogí a los niños (1989), donde los protagonistas miniaturizados deben escapar de un ahora gigantesco escorpión.

También abundan los bichos gigantes en el pulp y el cine serie B —La invasión de las arañas gigantes (1975), El imperio de las hormigas (1977), Temblores (1990), por citar algunos—, en los relatos de fantasía como El Señor de los anillos o la saga de Harry Potter, e incluso en las adaptaciones de clásicos como La Odisea.

En otros casos, como los de Ants (1977), The Swarm (1978) o Arachnofobia (1990), el peligro no proviene del tamaño de los bichos, sino de su número. Nos sentimos amenazados por su enorme capacidad de coordinación, su compromiso único con la supervivencia de la especie: los insectos no negocian, no se pueden sobornar, no traicionan a los suyos. Detrás de nuestro miedo por ellos se esconde algo de franca admiración.

Fantasías aparte, los insectos tienen mucho más que temernos, que nosotros a ellos. Casi 40% de las especies conocidas se hallan en riesgo de extinción debido a la acción del ser humano, especialmente, al uso de pesticidas y químicos agrícolas. Entre ellas, figuran especies indispensables para la reproducción vegetal y el control de las pestes, sin las que no podría continuar vida como la conocemos.

Tal parece que hemos olvidado que este mundo les pertenece más a ellos que a nosotros.

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