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lanacion.com.ar · hace 5 horas · Pilar Vazquez

Su padre plantó manzanos y ahora los arranca porque los números no cierran: producirá otra fruta que se exporta a China

LA NACION

Claudio Giusti tenía 11 años cuando su papá plantó los manzanos. Se acuerda de aquella quinta que empezaba a tomar forma en La Consulta, en San Carlos, Mendoza, y que después acompañó durante décadas a la familia. Veintiséis años después, parado en esa misma finca, la historia es otra: ahora le toca a él arrancarlos. Ya sacó casi dos hectáreas y, donde estaban aquellos árboles, dentro de poco plantará ciruelos.

Lo que lo llevó a tomar la decisión fue que, desde hace tiempo, los números de la manzana dejaron de cerrar. Giusti esperó durante años que la situación cambiara. A medida que otras quintas de la zona desaparecían, mantenía la esperanza de que una menor oferta permitiera recuperar el precio y volver a hacer rentable la producción. Pero eso, cuenta, nunca ocurrió. “Año tras año se decía: ‘No, este año va a valer’. Se arrancaban quintas y uno pensaba que por ahí el mercado la podía pedir, pero no”, relató.

Giusti comenzó a arrancar manzanos que había plantado su padre hace 26 años

Tomar la decisión tampoco fue fácil porque esos árboles son parte de la historia de su familia. Sin embargo, cuenta que llegó un momento en que tuvo que separar ese vínculo de la necesidad de que la finca siguiera produciendo. “Tampoco podés vivir de las emociones. Yo también vivo de esto. Por ahí la parte emocional la tenés que hacer a un costado e ir para el lado donde puedas sacar rédito. Si no, con lo emocional no llegás muy lejos”, afirmó.

Giusti es productor y presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Mendoza (CAR Mendoza), entidad adherida a Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Tiene una finca de 24 hectáreas en La Consulta, en el Valle de Uco, donde produce viña, manzana y ciruela. “La manzana últimamente no tiene valor. Acá era una zona manzanera siempre, sobre todo el Valle de Uco, y hoy no te dan los costos”, explicó.

Según detalló, la ciruela se pagó la última campaña entre $600 y $700 por kilo, con un rendimiento que puede rondar los 30.000 kilos por hectárea. La manzana, en cambio, terminó destinada a jugo y recibió $370 por kilo.

A eso se suma que el año pasado sufrió granizo durante la floración y terminó con muy poca fruta. Cosechó alrededor de 10.000 kilos por hectárea, cuando una producción normal puede rondar entre 40.000 y 50.000 kilos. Con ese resultado, aseguró, fue imposible sostener los gastos de la actividad. “No cubrís nada, no llegás ni al 10% de los costos”, afirmó.

En el lugar donde estaban los viejos manzanos, el productor implantará dos hectáreas de ciruela D’Agen destinada al desecado

Los árboles que está arrancando, además, pertenecen a una plantación vieja, hecha con un sistema muy diferente al que se utiliza actualmente. Los manzanos están ubicados con un marco de plantación de cinco metros por cinco metros, es decir, esa es la distancia entre plantas y entre hileras. Hoy, según explicó, las nuevas plantaciones pueden hacerse a tres por dos o cuatro por dos metros.

Eso permite tener una mayor cantidad de árboles por hectárea y aumentar el potencial de producción. También se trabaja con plantas más bajas y sistemas de conducción distintos. “Son otras épocas. En esa época se plantaba así porque eran otros sistemas de conducción. Hoy se trata de tener más plantas y más kilos por hectárea”, señaló.

Frente a esa situación, Giusti tenía que decidir qué hacer con esas hectáreas. Podía seguir con manzana bajo un esquema más moderno o buscar otra alternativa. Finalmente eligió lo segundo: arrancó casi dos hectáreas de manzanos y en esa tierra implantará dos hectáreas de ciruela D’Agen, una variedad destinada principalmente al desecado.

Para reemplazar los manzanos eligió ciruela D’Agen, un cultivo que hoy, según explicó, tiene demanda y una salida comercial concreta. “Es una ciruela para desecar, una variedad chica que se lleva a secadero”, explicó. Parte de esa producción se destina al mercado externo. “Se está exportando mucho a China, a España. Se ha abierto la exportación”, agregó.

Cambiar un cultivo por otro, sin embargo, tampoco resuelve el problema de un día para el otro. Una vez que coloque los nuevos ciruelos tendrá que esperar varios años hasta alcanzar el potencial productivo de la plantación. La primera cosecha llegará recién después de unos tres años y todavía será limitada.

“Son por lo menos tres años para tener una primera cosecha, que no es la óptima. Entre el cuarto, quinto y el sexto año ya tenés una producción completa”, explicó. Esa espera obliga a contar con recursos para sostener la finca mientras el nuevo cultivo empieza a producir. “También tenés que ir haciéndolo de a poco. Tenés que tener una espalda muy grande para hacerlo”, agregó.

La finca familiar está en el Valle de Uco; ante la falta de rentabilidad de la manzana, Giusti decidió reemplazar parte de la plantación por ciruelos

De hecho, Giusti no tenía previsto hacer el cambio este año. Una de las dificultades era conseguir las plantas de ciruelo, que se compran injertadas y provienen de viveros. Finalmente encontró las que necesitaba y decidió no dejar pasar la oportunidad.

“Este año no lo iba a hacer, pero conseguí las plantas. Eso es una ventaja también porque las plantas las tenés que comprar injertadas, vienen de vivero”, señaló. Según contó, hay una demanda importante porque se está plantando mucha ciruela, principalmente en San Rafael y otras zonas del sur de Mendoza. “Este año no se conseguía ciruela”, indicó. En su caso hay además una ventaja: ya tiene relación con un secadero donde podrá entregar la fruta. “El hecho de ya tener a quién entregarle también te hace tomar esta decisión”, dijo.

No es la primera reconversión que hace en la finca. Años atrás también arrancó perales y los reemplazó por ciruelos. “La pera mendocina tenía una ventaja competitiva con Río Negro, era de mejor calidad. Pero la pera perdió totalmente el mercado”, recordó.

La viña, también plantada por su padre, por ahora permanece. Giusti dijo que esa actividad atraviesa dificultades, aunque formar parte de una cooperativa le permite sostenerla. “Puedo pelearla un poco más, pero a la viña la estamos aguantando”, señaló. Por ahora seguirá con esa producción y avanzará de a poco con los nuevos ciruelos. “La vida del productor es un poco esta también: tenés que ir modernizándote y haciendo cosas que por ahí lo emocional lo dejás a un costado; tenés que vivir”, dijo. “Hoy es muy complicado vivir acá de la producción”, agregó.

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