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infobae.com · hace 5 horas · Roberto Cachanosky

La tasa de inversión no coincide con el consumo récord

Infobae

En los últimos días surgió un debate sobre el nivel de consumo de la economía. Según el Gobierno, estamos ante un consumo récord, y basa esa afirmación en los datos de cuentas nacionales del Indec. Sobre ese punto volveré más adelante, porque conviene hacer algunas aclaraciones sobre cómo surge ese supuesto nivel máximo.

Otro argumento que se usa para sostener esa idea es que aumentaron las ventas online y que el Indec no las está tomando en cuenta. Pero eso no es cierto. En el caso de los supermercados, el propio organismo oficial de estadística menciona que las ventas online representan el 3,4%, mientras que las en salón explican el 96,6% del total, según su último informe sobre supermercados.

Además, las estimaciones de consumo privado que sí incorporan las ventas online también muestran una caída del consumo.

Es verdad que las ventas online vienen creciendo, pero todavía no existen datos oficiales lo bastante sólidos como para afirmar que, por esa vía, el consumo está en niveles récord.

Otro argumento que se esgrime desde el Gobierno es que el salario de los sectores informales viene creciendo con fuerza.

Más allá de que la forma de calcular la evolución del salario informal es distinta de la del salario formal, hay un dato central: el índice de salarios informales tiene un rezago de cinco meses, como especifica el propio Indec. Es decir, el último dato publicado en mayo corresponde a los salarios de diciembre de 2025. En la Argentina, eso ya es prehistoria. Comparar ese salario con la inflación actual para concluir que los ingresos están subiendo es, lisa y llanamente, un error.

Pero vayamos a lo conceptual, porque muchas veces el uso de las estadísticas conduce a conclusiones equivocadas cuando se omiten cuestiones decisivas, como en este caso el rezago de cinco meses.

Una familia latina de cuatro personas en la caja de un supermercado; la madre, con expresión preocupada, sostiene una tarjeta de crédito y el padre la abraza.

Desde el punto de vista conceptual, el consumo aumenta cuando hay inversión. Esa inversión genera mayor demanda de trabajo y eleva la productividad de la economía, con lo cual aparece margen para incrementar el ahorro y/o el consumo.

Veamos primero la relación entre inversión y consumo. La realidad es que la inversión sobre PBI se ubicó en 16,6% en 2025, uno de los niveles más bajos de la serie histórica. Por ejemplo, durante la gestión de Juntos por el Cambio se ubicó en 22 por ciento.

A eso se suma que, en el primer trimestre de 2026, la inversión cayó 11,6% respecto del mismo trimestre de 2025. Por lo tanto, estamos muy lejos de poder afirmar que existe una fuerte corriente inversora capaz de elevar la demanda de trabajo y los salarios reales. Más bien, estamos ante un proceso cercano a la desinversión, como se observa, por ejemplo, en el caso de las rutas nacionales.

Imaginemos a Robinson Crusoe solo en una isla. ¿Cómo puede aumentar su consumo? Aumentando su stock de capital. En lugar de pescar con las manos, construye una caña y una red. Y para bajar cocos de los árboles, construye una escalera.

Ese stock de capital aumenta su productividad, porque tarda menos en pescar y en bajar cocos. Y, por lo tanto, le queda tiempo para hacer otras cosas, como mejorar su choza o dedicarle tiempo a una huerta.

Ahora bien, si Crusoe deja de mantener la escalera hasta que se rompe por completo, y hace lo mismo con la caña y la red, entonces consume su stock de capital y retrocede en su nivel de consumo.

Nuevo edificio del Indec

Los mismos datos del Indec muestran que, más que aumentar el stock de capital, lo estamos consumiendo. Por lo tanto, cuesta entender cómo podríamos estar ante un consumo récord si, al mismo tiempo, nos estamos comiendo el capital.

Una explicación posible es que la gente esté usando sus ahorros para viajar, dado el dólar artificialmente barato, y que eso se compute como mayor consumo.

También puede ocurrir que la gente se endeude para consumir. Si eso fue lo que pasó, el resultado ya se está viendo en el fuerte aumento de la mora crediticia de los hogares.

La cuestión es si esa deuda se tomó para poder comer, especulando con que la inflación la iba a licuar, como dice el ministro Luis Caputo, o si fue simplemente producto de la imprudencia.

Si uno observa la evolución de la mora de los hogares, del salario real del sector formal y de las tasas de interés, aparece una coincidencia notable entre las tres variables. La mora se dispara al mismo tiempo que cae el ingreso real y suben las tasas de interés.

Contenedores apilados, grúas, camiones, y cajas en pallets con mercancías y electrodomésticos, algunas con 'Importación El Salvador'.

Mi punto central es que no existe una explicación, desde la teoría económica, que permita sostener que estamos ante un consumo récord, sobre todo si se considera la baja tasa de inversión actual y la que la Argentina arrastra desde hace décadas.

Volviendo a las cuentas nacionales, el PBI y el consumo agregado pueden ofrecer una imagen demasiado optimista de la situación de los hogares. El récord desaparece al medirlo por habitante, y parte de la recuperación está asociada a bienes importados y a sectores que no reflejan necesariamente la situación del empleo ni del consumo masivo.

Por ejemplo, imaginemos una economía en la que el consumo aumenta $100. De esos $100, $50 corresponden a autos importados comprados por sectores de altos ingresos, $30 a servicios financieros y sólo $20 a alimentos, ropa y otros consumos masivos. El agregado dirá: “el consumo aumentó $100”. Pero eso no significa que el hogar promedio esté consumiendo 10% más ni que se hayan creado muchos puestos de trabajo.

En síntesis, hablar de consumo récord no coincide con los datos del Indec cuando se analiza el consumo per cápita. Pero, más importante todavía, no hay un análisis conceptual que permita sostener semejante afirmación de acuerdo con la tasa de inversión que tiene la economía argentina.

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