Alimentar también es cuidar
Cada 11 de agosto, en Argentina, se celebra el Día del Nutricionista. Es una oportunidad para visibilizar una profesión que trasciende la elaboración de planes alimentarios y que acompaña a las personas en cada etapa de la vida, incluso cuando el objetivo ya no es curar una enfermedad, sino aliviar el sufrimiento y preservar la mejor calidad de vida posible.
Cuando una persona atraviesa una enfermedad crónica avanzada, la alimentación deja de ser un acto exclusivamente biológico para convertirse en una experiencia profundamente humana.
La alimentación también habla de identidad, de autonomía y de afecto. Por eso, cuando comer comienza a resultar difícil, no solo se modifica el estado nutricional. También pueden verse afectadas la vida social, los vínculos y la percepción de calidad de vida.
En este escenario, el nutricionista especializado en cuidados paliativos tiene un rol que muchas veces permanece invisible, pero que resulta esencial. Los cuidados paliativos acompañan a personas con enfermedades crónicas avanzadas y a sus familias, con el objetivo de aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida.
Las enfermedades avanzadas suelen acompañarse de síntomas que interfieren con la alimentación: pérdida del apetito, náuseas, vómitos, alteraciones del gusto y del olfato, sequedad bucal, dolor al tragar, disfagia, estreñimiento, diarrea, fatiga o sensación de llenura precoz. Muchas veces, comer deja de ser un momento placentero para convertirse en un esfuerzo.
Frente a estas dificultades, el trabajo del nutricionista no consiste únicamente en indicar qué alimentos consumir. Consiste en comprender qué está pasando y buscar estrategias para que la alimentación vuelva a ser una fuente de bienestar. A veces será necesario modificar la textura de los alimentos para que sean seguros al tragar. Otras veces, adaptar temperaturas, sabores o condimentos para mejorar la aceptación. En ocasiones, priorizar pequeñas porciones de alimentos de alta densidad nutricional o indicar suplementos nutricionales orales cuando realmente pueden aportar un beneficio. Y muchas otras, simplemente escuchar cuáles son los alimentos que esa persona todavía disfruta y construir el plan a partir de ellos.
Porque en cuidados paliativos no existe una alimentación "perfecta". Existe una alimentación posible.
La desnutrición relacionada con la enfermedad es uno de los problemas más frecuentes en personas con enfermedades avanzadas. Se estima que entre el 40 y el 80% de los pacientes con cáncer presentan algún grado de desnutrición, porcentaje que aumenta en los estadios avanzados de la enfermedad. En tumores de páncreas, estómago o esófago, la prevalencia puede superar el 80%.
Se estima que hasta 8 de cada 10 personas con cáncer avanzado presentan algún grado de desnutrición, una condición que impacta directamente sobre la fuerza, la autonomía, la tolerancia a los tratamientos y la calidad de vida.
La evidencia científica demuestra que el abordaje nutricional precoz puede contribuir a mejorar síntomas, preservar la funcionalidad y favorecer el bienestar. Pero hay algo que la evidencia también confirma y que quienes trabajamos en Pallium Latinoamérica todos los días con pacientes vemos con claridad: alimentar no siempre significa nutrir, y nutrir no siempre significa cuidar. Cuidar implica comprender que detrás de cada plato hay una persona con una historia, con preferencias, con miedos y con deseos.
En el Día del Nutricionista, vale la pena recordar que nuestra profesión no trabaja solamente con alimentos. Trabaja con personas. Y cuando la enfermedad cambia las reglas, nuestro desafío ya no es perseguir la alimentación ideal, sino encontrar aquella que permita seguir disfrutando, compartiendo y viviendo con la mayor dignidad posible.
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