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lanacion.com.ar · hace 8 horas

Cartas de lectores: Extranjeros sí...y no, pymes, endeudamiento

LA NACION

Estoy totalmente de acuerdo con que un extranjero venga a estudiar a la Argentina. Que alquile un departamento, compre en nuestros supermercados, consuma, trabaje, haga amigos, se enamore, se case y hasta decida quedarse a vivir entre nosotros. Entonces, ¿por qué algunos políticos -especialmente desde el populismo- consideran bienvenido al extranjero que viene a estudiar, pero peligroso al que viene a invertir?

La defensa de la “tierra argentina” suele presentarse como una cuestión de soberanía. Pero la historia reciente nos muestra que el problema no siempre fue el pasaporte del propietario. Lázaro Báez, un empresario estrechamente vinculado al poder político de la época, llegó a acumular 263.200 hectáreas en Santa Cruz: 13 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. ¿De qué nos protegía entonces el populismo? Cerrarles la puerta a los compradores extranjeros no garantiza que la tierra quede en manos de pequeños productores argentinos. Puede simplemente reducir la competencia y favorecer a quienes ya tienen capital, información y vínculos con el poder.

Uruguay entendió algo que nosotros seguimos discutiendo: el capital extranjero también puede traer inversión, tecnología, producción y empleo. Argentina necesita dólares y necesita inversión. Por eso, en lugar de preguntar “¿es argentino o extranjero?”, deberíamos preguntar: ¿cuánto va a invertir? ¿qué va a producir? ¿cuántos empleos va a generar?

Proteger nuestro territorio es responsabilidad de un Estado serio. Cerrar el mercado en nombre de la soberanía, mientras la tierra termina concentrándose en manos de los amigos del poder, es populismo.

La llegada del Papa a la Argentina durante el mes de noviembre será de carácter pastoral, lo que significa intentar trascender las diferencias históricas entre los argentinos y lograr coincidencias básicas para comenzar a dialogar entre nosotros. Esta “lógica” fue, seguramente, conversada largamente con el Papa Fransico quien tal vez, en un acto de humildad evangélica no regresó a su país por aquello “de que nadie es profeta en su tierra”, quizás Bergoglio haya delegado en su sucesor esta tarea que él consideraba imposible de realizar por sí mismo.

Fue esta, quizás, “la dificultad” por la cual Bergoglio no regresó a su país.

Tiene razón el ministro Caputo cuando dice que las deudas privadas, contraídas para poder vivir, tienen que ser “arregladas” entre privados. Lo que omite decir el señor ministro y que hay que tener en cuenta es que la gran mayoría de la deuda fue originada por la mala praxis de las gestiones administrativas de este gobierno y por supuesto de los anteriores. Obviamente la clase política queda sobreseída de toda responsabilidad en estos casos.

Quiero expresar mi profunda adhesión a los conceptos vertidos por Héctor M. Guyot en su columna “Por favor, no se nos rían en la cara”. La lucidez y la agudeza con las que describe el doloroso espectáculo de la impunidad y el cinismo de las maniobras judiciales interpretan con precisión el sentir de una inmensa mayoría de ciudadanos. En momentos donde la ética pública se pretende diluir en verborragia técnica o relato político, la labor periodística que llama a las cosas por su nombre y defiende la dignidad republicana resulta imprescindible. Artículos como este honran al periodismo y al mandato histórico de LA NACION de erigirse como una auténtica “tribuna de doctrina”, dando voz a quienes exigimos justicia, respeto por las instituciones y el fin de los avasallamientos a la sociedad. Agradezco al diario y al columnista por este aporte indispensable a la conciencia colectiva.

Permítanme, por favor, expresar mi respeto y sobre todo mi reconocimiento público al señor Jorge Messi. Creo que haber criado a una persona como nuestro capitán es en buena medida mérito suyo pues, si bien las dotes deportivas seguramente son un don natural, la formación de la persona es producto de la crianza y allí está el gran mérito, suyo y de su esposa. Y eso es lo que le agradezco de corazón.

Somos vecinos de uno de los emblemáticos edificios Bencich, ubicado en la calle Viamonte al 400, junto al rectorado de la Universidad de Buenos Aires. Como parte del plan para aumentar las superficies de tránsito peatonal y áreas verdes del microcentro, desde mediados de mayo 2026, nuestra calle se encuentra cortada con obradores desde la calle San Martín hasta la calle Reconquista pero –a diferencia de lo que sucede en Viamonte al 300 y al 500– nuestra cuadra tiene la obra detenida desde hace meses. Frente a la ausencia de respuestas sobre los múltiples reclamos realizados de manera individual, nos vemos en la obligación de hacer público la preocupación que nos reúne. Nuestros vecinos mayores no pueden acceder a servicios de traslado puerta a puerta, pues no pueden ingresar automóviles. Tampoco pueden acceder camiones de mudanza, pedidos de supermercados, etc etc etc. Incluso, mucho mas grave, si alguno de nuestros vecinos sufriese una emergencia médica, no hay posibilidad de que ingrese una ambulancia. O si en alguna de nuestras unidades se produce un incendio, está inhabilitado el paso de los bomberos. ¿Será que tendremos que esperar a una desgracia para finalmente tener alguna respuesta?

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