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clarin.com · hace 3 horas · Clarin.com - Home

A quién le sirve fingir que el rey está vestido

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El rey se paseaba, exultante, rodeado por su fiel séquito, saludando a los súbditos. Todos, de un lado y del otro, se prodigaban en elogios al magnífico ropaje del monarca, que tenía una cualidad: era invisible a los ojos de los tontos o de los ineptos para el cargo que ocupaban. La simulación funcionaba, hasta que el grito de un chico dejó al descubierto lo obvio: “Pero si el rey va desnudo” .

Aquello que decía el senador romano Petronio- “Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”, - parece replicarse por aquí, como en la fábula del rey. No parece escucharse, o querer escucharse, lo que la gente de a pie, y también, aunque en voz baja, otros protagonistas que el Presidente respeta, están señalando.

Los resultados de encuestas de las más diversas consultoras coinciden -Clarín publicó hace 15 días un trabajo con 17 estudios nacionales-: el 59% de la gente, en promedio, dice que la está pasando mal y un 49% tiene expectativas económicas negativas para el año que viene.

Cada vez que se le pregunta a Javier Milei por estas cifras, su respuesta es que él tiene otras y exhibe las de la macroeconomía, o las de la economía que vuela en sectores como energía, minería, litio, los más que auspiciosos datos de Vaca Muerta, o la innegable baja de la inflación. Que nadie discute pero que sólo muestran un aspecto de la realidad.

Otros son muy preocupantes, como el aumento de la morosidad. Actualmente hay 20,9 millones de personas en el país con algún tipo de línea de crédito vigente. De todos ellos, unos 5,8 millones son considerados morosos, es decir, tienen un atraso en el pago mayor a 90 días, según datos del Banco Central procesados por EcoGo.

Según un trabajo de la Universidad Austral y esa consultora, la mora total del crédito a personas se multiplicó casi por cinco desde fines de 2024, alcanzó al 17,5% del crédito a las familias y acumula 20 meses consecutivos de suba. El 26,1% de los deudores registra mora, 8,8 puntos más que un año atrás.

Como informó Clarín, según el Banco Central, el notorio aumento de los atrasos con bancos en los hogares por tarjetas de crédito y préstamos personales llevó a las familias a refinanciar sus deudas para obtener tasas de interés más bajas o a plazos más largos. De acuerdo con la entidad, la cantidad de préstamos renegociados se duplicó en seis meses y está en niveles históricos récord.

Al referirse a este problema, el Presidente dijo que quien se endeuda es responsable de su decisión y que se trata de un acuerdo entre privados. Respecto de las familias que no pueden afrontar hoy el pago de los créditos, se preguntó: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”.

Un informe de la consultora Management & Fit reveló, días pasados, que entre aquellas familias endeudadas, el 33,4% lo hizo para “comprar alimentos y cubrir gastos del mes”. En su homilía por el día de San Cayetano, el viernes pasado, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva criticó a “dirigentes que hablan de los pobres pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”, habló de “la trampa de los créditos que endeudan y asfixian” y exhortó a “ser empáticos con los más necesitados”.

Hay problemas de empleo, hay cierre de empresas. La semana que terminó sumó otros traspiés, como el conflicto con los prácticos o los reveses que obligaron al Gobierno a dar marcha atrás con algunos puntos del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que revelan problemas en la comunicación de la gestión, poniendo muchas veces el acento en el “qué” pero sin saber bien las consecuencias o el modo de implementar el “cómo”.

Sería bueno que quienes ostentan las máximas responsabilidades no imiten al séquito de la fábula del comienzo. Tanto los problemas heredados, que son muchos, como los otros, deben enfrentarse. Negarlos nunca será una buena alternativa. Callarlos, insultar al que los plantea, o reducir todo a una cuestión ideológica, tampoco. Ya advirtió Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Silvia Fesquet

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