León XIV en la tierra de Francisco
La confirmación de la visita pastoral de Su Santidad León XIV es una inmensa alegría para todos los argentinos y, especialmente, para los porteños. Será la primera visita de un papa a la Argentina desde la histórica de Juan Pablo II en 1987. Seguramente se consolidará como un hecho histórico que quedará grabado en la memoria de nuestro país.
Esta confirmación hace realidad una invitación que realizaron a comienzo de este año tanto el gobierno nacional como el jefe de gobierno de la ciudad, quien expresó el deseo de los porteños de recibir al Santo Padre y mostrarle una ciudad que hace del encuentro, el respeto y la convivencia una forma de vivir.
Buenos Aires abre sus puertas para recibir a León XIV, en un gesto que reconoce la labor diplomática de la fe y la promoción del diálogo interreligioso.
En un mundo convulsionado por los conflictos, el papa León XIV impulsa una prédica por la paz centrada en la responsabilidad personal. “Solo los corazones pacíficos pueden construir un mundo de paz”, afirma el nuevo Pontífice. De este modo, profundiza y redobla la puesta al hacer de la paz una exigencia moral que compromete directamente a cada persona y a las comunidades enteras.
Buenos Aires también tiene una identidad propia que la convierte en un escenario natural para este acontecimiento. Es una ciudad profundamente diversa, donde conviven cotidianamente personas de distintas comunidades de fe y donde el diálogo interreligioso forma parte de la vida cotidiana. Esa convivencia no es un concepto abstracto ni una declaración de principios: se construye todos los días a través del respeto mutuo, la libertad religiosa y el compromiso compartido con el bien común.
La presencia del Papa trasciende naturalmente a la comunidad católica. Su mensaje interpela a creyentes y no creyentes porque pone en el centro valores universales: el encuentro, la solidaridad, la paz y el respeto por el otro. En un tiempo donde las diferencias muchas veces ocupan más espacio que aquello que nos une, su visita puede convertirse en una oportunidad para reencontrarnos alrededor de esos principios.
León XIV conoce la Argentina desde mucho antes de haber sido elegido Papa. Como Superior General de la Orden de San Agustín visitó nuestro país en distintas oportunidades y pudo conocer de cerca nuestra realidad. En una de esas visitas, en 2004, concelebró una misa junto al entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio en la parroquia San Agustín. Esa historia compartida le otorga a esta visita un valor simbólico aún mayor.
Estoy convencido de que León XIV encontrará una ciudad que honra el legado de Francisco no solo por su historia, sino también por su vocación permanente de construir convivencia. Una Buenos Aires que cree en el diálogo como camino y que quiere mostrarle al mundo que la diversidad, cuando está acompañada por el respeto, es una de sus mayores fortalezas.
Lo esperamos con enorme alegría. Porque su presencia dejará una huella en nuestro país y porque será una oportunidad para reafirmar que, aún en tiempos de incertidumbre, siempre vale la pena apostar por el encuentro.
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