← Volver
clarin.com · hace 13 horas · Clarin.com - Home

El Conde Basura reta a la ultraderecha

Google

Acabo de estar una semana en la provincia de Cádiz, con cuyas anchas playas y clima fresco la costa mediterránea española no puede competir. Acá en Barcelona no puedo vivir sin aire acondicionado. Allá es superfluo. Las brisas oceánicas amansan la fuerza del sol.

Lo decían un par de amigos australianos con los que cené el miércoles en el bellísimo pueblo blanco de Vejer de la Frontera. Viven en Londres pero llevan más de 30 años veraneando aquí. No tener que soportar las borracheras, la mala educación, ese punto de xenofobia y absurda superioridad cultural que exhiben tantos veraneantes ingleses era una de las principales razones por las que los dos “aussies” estaban encantados de refugiarse en la costa gaditana.

No todos los ingleses son repelentes. Tienen sus cosas buenas, entre ellas el sentido del humor. El mundo es mejor gracias a la existencia de “Mr Bean”, “Monty Python”, “Sí, ministro” y “Blackadder”. Y ahora, a la de Count Binface, el Conde Cara Cubo de Basura.

Binface no es un personaje ficticio de un programa de televisión. Es real, hasta cierto punto. Sus íntimos sabrán como es de verdad (dicen que es un guionista de radio llamado Jon Harvey) pero solo se le ha visto en público disfrazado de superhéroe, la cabeza cubierta con un enorme cubo de basura plateado. Insiste en que proviene de un planeta llamado Sigma IX, que es el líder de una especie llamada los “Recyclons” y que tiene 5.900 años de edad. Pero se ha convertido en la figura política británica más relevante del momento, o al menos de la que más se habla.

Le han entrevistado en la BBC y todos los demás medios importantes de radio, televisión o prensa de Reino Unido. Durante el último mes se han publicado artículos sobre él en los diarios más importantes del mundo. ¿Por qué? Porque se ha convertido, sin que lo haya buscado, en el principal baluarte contra la extrema derecha, concretamente contra el incendiario Nigel Farage, el Donald Trump, el Santiago Abascal, el Javier Milei de las islas británicas.

Farage fue el principal motor del Brexit, enemigo de los inmigrantes, sean estos de España, Polonia o Senegal. La semana pasada aprovechó el lío en Ceuta para declarar que allá se libraba “una batalla por el futuro de nuestra civilización”. Amigo de Trump y admirador declarado de Vladímir Putin, Farage se encuentra de repente en una batalla por su propio futuro político. De haber sido considerado hace un par de meses como posible primer ministro británico, hoy está en crisis, investigado por un comité parlamentario por corruptelas de dinero y abuso de poder. Se le acusa de haber recibido una donación ilícita de seis millones de dólares de un correligionario que estuvo encarcelado ocho meses en Estados Unidos por fraude.

Le costó a Farage dar con una explicación. Interrogado en los medios, declaró que el dinero había sido para uso propio (“Me puedo comprar Ferraris con él, si quiero”), o que fue un premio por haber liderado la exitosa campaña por el Brexit. Contra las cuerdas, optó por lo que pensó que sería una brillante jugada. Renunció como parlamentario y anunció que se presentaría de nuevo como candidato en su circunscripción de Clacton, corazón de la ultraderecha inglesa.

Farage había descrito la elección especial que se celebrará el jueves que viene, como un referéndum: yo Nigel, el auténtico representante del pueblo, contra el maligno establishment. Solo que el establishment entendió de que iba y ninguno de los principales partidos británicos—ni los conservadores, ni los laboristas, ni los liberal demócratas--ha presentado un candidato en Clacton. Han boicoteado el plebiscito. El principal rival de Farage será Count Binface.

Binface forma parte de una larga tradición británica de presentar candidatos electorales satíricos, gente que se ríe de sí misma y, precisamente, del establishment, lo que expresa a su vez la profunda confianza que tienen los habitantes de las islas en su antiguo y venerable sistema democrático. Existe un partido desde hace 50 años llamado the Monster Raving Loony Party, cuya traducción sería algo así como “el partido monstruo loco de remate”. De momento, ninguno de estos surrealistas pero simpáticos outsiders ha ganado un escaño parlamentario. Binface podría romper la mala racha, o así lo desea, el sector más cuerdo del electorado nacional inglés.

¿Qué políticas representa el Conde? Según su manifiesto, abolir la renovación automática de las suscripciones online, limitar a 99 peniques (un poco más de un euro) el precio de un popular helado llamado “99 Flake”, vincular durante 100 años el sueldo de los ministros al de los enfermeros y prohibir snacks ruidosos en los cines y los teatros. En el caso específico de su actual campaña electoral, Binface promete que si es elegido diputado en el parlamento de Westminster donará cualquier ingreso que obtenga fuera de su actividad política a organizaciones benéficas y que por cada día que pase de vacaciones en el extranjero, pasará diez en Clacton, atento a las inquietudes de sus ciudadanos.

Binface mantiene que votar por él es votar por un candidato “serio”. “El objetivo nunca es ridiculizar la democracia, sino el mal gobierno”, señala el superhéroe extraplanetario. Preguntado esta semana la principal razón por la que los votantes de Clacton deberían votar por él, respondió, “Porque no soy Nigel Farage”.

Lo que eso significa es ofrecer la irreverencia, la sonrisa y la bondad como alternativa a la corriente mundial que representa Farage, cuya fórmula consiste en apelar al miedo, a la rabia y al resentimiento. Difícil que gane Binface, pero si lo hiciera propongo a todos los que habrían votado por él a que me acompañen en la provincia de Cádiz el verano que viene. Les compraré todas las cervezas que quieran.

John Carlin

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín