Cartas de lectores: Inversión extranjera, zonas improductivas, siempre lo mismo
Resulta difícil comprender que la provincia de Buenos Aires proponga una iniciativa que desalienta la inversión extranjera en la tierra argentina. La Constitución de 1853 fue clara: la Argentina abrió sus puertas “a todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. Ese espíritu permitió que millones de italianos, españoles, franceses, alemanes, ingleses y tantos otros llegaran a nuestro país para trabajar, invertir, producir y construir una de las naciones más prósperas del mundo. Muchos de ellos adquirieron tierras, las hicieron productivas, incorporaron tecnología, desarrollaron infraestructura y generaron empleo. Sin ese aporte de capital, trabajo y conocimiento, la Argentina nunca habría alcanzado el desarrollo que conoció a comienzos del siglo XX. Hoy, en cambio, se vuelve a desconfiar de la inversión extranjera, como si el problema de la Argentina fuera el exceso de inversión y no, precisamente, su dramática escasez. La tierra no crea riqueza por sí sola. La riqueza surge cuando alguien está dispuesto a arriesgar su capital, invertir, innovar y trabajar para hacerla producir. Limitar arbitrariamente quién puede invertir no protege al país: lo empobrece. Paradójicamente, muchos de quienes impulsan estas restricciones son descendientes de aquellos inmigrantes que la Constitución invitó a venir y que encontraron en la Argentina un país abierto a las oportunidades.
Si aspiramos a volver a ser una nación próspera, deberíamos recuperar la Argentina que imaginaron Alberdi y los constituyentes de 1853: un país abierto al trabajo, a la inversión y a todos los hombres del mundo que quieran habitar su suelo.
Escucho a muchos periodistas que hablan contra la ley de tierras que quiere Milei. Ellos deberían salir de su casa a recorrer la Argentina para ver todos los lugares improductivos que hay, que necesitan importantes inversiones para producir. No conocen y no entienden el país y sus necesidades. Deberían preguntar a la gente de esas zonas qué es lo que quiere, la gente que podría trabajar ahí, antes de opinar desde la comodidad de sus vidas. Son los nuevos “porteños”, que conocen el país desde la TV y opinan de todo.
Caos, violencia, destrucción, siempre lo mismo, siempre los mismos, cuando no gobiernan, rompen todo. El kirchnerismo y la izquierda recalcitrante se muestran en su máxima expresión. Tras un supuesto reclamo, con su típico eslogan “la patria no se vende”, hipócritamente se muestran ajenos a que “la patria la rifaron” con 16 años de gobierno destructivo y obviamente lo siguen haciendo con estos actos vandálicos. La patria no está solo en las tierras.
Comparto totalmente lo expresado en la carta “Leer la Constitución”, del señor Francisco Garro. Aprovecho la oportunidad para agregar la severa crítica que merece un funcionario que lleva la administración de nuestro país por haber realizado la insólita insinuación de que la vicepresidenta de la Nación dé un paso al costado de su cargo si no está de acuerdo con los lineamientos del Gobierno. Evidentemente nos encontramos con una persona que desconoce la Constitución y las limitaciones propias e inherentes al cargo no electivo que ocupa circunstancialmente. Y tampoco mide el alcance de sus palabras cuando toman estado público. No estoy realizando defensa alguna en favor de la señora Villarruel. Estimo oportuno resaltar que el señor jefe de Gabinete deberá ser muy cuidadoso con sus futuras expresiones. Si no lo hiciere, se invertirá en su contra la sugerencia de dar un paso al costado.
Quiero aclarar ante todo que no soy futbolero, no sigo el fútbol, salvo cuando juega la selección argentina en los mundiales. Desde este particular punto de vista aprecié y admiré los rasgos que creí detectar en la selección, los de sus jugadores y su entrenador, y los estimé como algo que quisiera para el resto de mis conciudadanos: espíritu de equipo, resiliencia ante la adversidad, no bajar los brazos y, en especial, la mesura de su entrenador, tanto al terminar los partidos en su trato con los colegas como en las conferencias de prensa, así como los abrazos de Lionel Messi con jugadores del equipo que él había colaborado en derrotar. Eso es lo que me hizo soñar con una Argentina distinta, la que, más allá de contar con individuos sobresalientes, carece de la cultura social necesaria para lograr una mejor calidad de vida, lo que se expresa en el descuido por el bien común. También a mí me sorprendió lo sucedido pospartido con España, como que no se correspondió con lo que había visto hasta ese momento. Aquí podría coincidir con…”su zafio comportamiento, sus sucias maneras y mal perder…” de su artículo.
No frecuento las redes sociales, pero por lo poco que sé de ellas le recomendaría al miembro de la Academia del Lunfardo que “les dé poca bola” y “no dé por el pito más de lo que el pito vale. Piense en lo que de esto opinaría el capitán Alatriste. Nada.
Soy, desde siempre, lector agradecido de sus novelas y artículos. Si le interesara otro punto de vista, le recomiendo la lectura del muy buen artículo de Pola Oloixarac, en LA NACION del 26 de julio.
Un diputado socialista pidió que la ministra Monteoliva justifique el operativo de seguridad en el Congreso, “la represión injustificada y el uso de camiones hidrantes”
“Felicitaciones a la ministra y a las fuerzas de seguridad” - Olga Etchepare de Guillen
“¿Explicaciones? Para mi gusto bastante tarde dieron la orden, se dejó hasta romper vallas. ¿Qué querían? ¿qué dejen tomar el Congreso?” - Ezequiel Bergart
“Me pregunto: a los revoltosos, rompetodo, ¿no tienen que darnos explicaciones? Basta, por favor” -Stella Maris Mamina Girard
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