El abogado de VOX que Cristina Kirchner sumó a su defensa y paralizó al peronismo
El desembarco de Javier Borrego en la defensa internacional de Cristina Kirchner ocasionó una parálisis discursiva en todas las terminales del peronismo. Con la excepción de un histórico dirigente, desde el Instituto Patria hasta la gobernación bonaerense, pasando por el sindicalismo, nadie quiere opinar sobre el abogado ultraconservador de la expresidenta.
La incorporación del abogado español al equipo jurídico internacional de la expresidenta generó un "cortocircuito" ideológico inédito en el ecosistema nacional y popular. Borrego no es un técnico neutral: es un habitué de los foros institucionales de VOX, el partido de la extrema derecha española.
Su última polémica pública ocurrió el 4 de septiembre de 2025 en el Congreso de los Diputados de Madrid, durante unas jornadas financiadas por VOX sobre “ideología de género”. Allí, el jurista se burló explícitamente de la comunidad trans al declarar desde el estrado: “¡Hoy me siento mujer! Me llamo Francisca Javiera”, un episodio que cosechó duras críticas de colectivos civiles y derivó en denuncias ante la Fiscalía española por presunto discurso de odio.
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Para un espacio político como el kirchnerismo, que colocó las leyes de ampliación de derechos y la agenda LGTBIQ+ entre sus prioridades, la asimilación de este perfil representa un trago amargo. Sin embargo, ante las consultas de PERFIL, las principales dirigentes del feminismo peronista, legisladoras nacionales de Unión por la Patria y referentes de organizaciones sociales alineadas con el PJ exhibieron una parálisis discursiva. “Sobre ese tema preferimos no opinar”, fue la respuesta uniforme.
Para comprender el movimiento es indispensable analizar el tablero técnico internacional donde jugará el nuevo letrado de la exmandataria. La estrategia, capitaneada por Alberto Beraldi, Rafael Valim y el propio Borrego, no se encamina hacia la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) –que exige el agotamiento previo de la vía interna local, con el rechazo de la Corte Suprema argentina–, sino hacia el Comité de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra.
Bajo el amparo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la defensa busca dictámenes de expertos independientes que señalen violaciones al debido proceso en la causa Vialidad. Dado que la Constitución Nacional señala en su artículo 75 los pactos internacionales con jerarquía constitucional —y la ONU no figura entre ellos— en términos jurídicos locales, su utilidad real es puramente simbólica aunque influyente: una herramienta de control de daños y de construcción del relato de persecución internacional (lawfare).
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A esto se suma la audaz tesis que Borrego instaló en Buenos Aires: la inhabilitación para ejercer cargos públicos de la condena no rige para las PASO porque en las primarias “no se elige un cargo público”.
Si Cristina participara de una PASO, y obtuviera un alto caudal de votos, ¿en qué situación quedaría el peronismo? Algunos especulan con que, si eso sucediera, la expresidenta podría dejar como candidato al segundo de su lista.
El currículum de Borrego ofrece una complejidad que desarma los estereotipos lineales. Antes de su radicalización (que hoy lo muestra en actividades de VOX como un férreo opositor al aborto, el matrimonio igualitario y las leyes de Memoria Histórica en España), el jurista cumplió un rol clave en la consolidación democrática de su país.
En julio de 1980 fue nombrado gobernador civil de la provincia de Orense por el gobierno centroderechista de la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez. Durante la tensa noche del 23 de febrero de 1981 (23-F), cuando el ala dura del militarismo franquista intentó dar un golpe de Estado, Borrego, de entonces 31 años, se atrincheró en su despacho oficial para contener los cuarteles de la región y garantizar la lealtad de las fuerzas de seguridad al orden constitucional.
Esa firmeza le valió la Cruz del Mérito Militar. La paradoja es total: el joven funcionario que arriesgó su carrera para frenar un golpe de matriz franquista en los años 80 es el mismo magistrado que hoy da conferencias para VOX y aterriza en la Argentina para defender a Cristina Kirchner. Además, se animó a sostener que a la expresidenta se la persigue “por ser mujer”.
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El hermetismo ante la llegada de Borrego cruzó transversalmente todas las líneas internas del peronismo. PERFIL contactó de forma sistemática a dirigentes del peronismo bonaerense, referentes del PJ nacional, exfuncionarios, estrategas, legisladores e incluso sindicalistas. La devolución fue unánime: no responder, o emitir evasivas diplomáticas para evitar opinar sobre una decisión tomada en la más estricta intimidad de CFK.
El único dirigente que aceptó romper el libreto de la prudencia fue el histórico referente peronista Julio Bárbaro. Fiel a su estilo punzante, desmitificó cualquier teoría de alta ingeniería jurídica internacional detrás de la designación del magistrado español. “Cristina contrató a Borrego porque fue lo que pudo conseguir, ni más ni menos”, disparó Bárbaro ante la consulta de este medio, y sepultó así las lecturas que ven en el perfil conservador de Borrego una astuta jugada para perforar el sesgo de la justicia europea.
Bárbaro fue más allá y aseguró que la estrategia judicial de la exmandataria “carece del más mínimo sentido político" y "muestra la falta de grandeza de un líder político para poder retirarse con dignidad”. Aun así, el ex interventor del COMFER durante la presidencia de Carlos Menem no se sorprende por la elección de un letrado de derecha para defender los intereses de Cristina: “El General Perón priorizaba la buena relación con todos los sectores, y durante los 18 años de su exilio siempre quiso recomponer cada una de las relaciones que en 1955 tenía rota”.
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La última frontera del silencio se ubicó en la provincia de Buenos Aires. En los despachos de La Plata, y dentro del armado del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) –el espacio político que sostiene la renovación programática de Axel Kicillof–, el desembarco del “abogado de VOX” cayó como un baldazo de agua fría.
El kicillofismo viene edificando su gestión bonaerense sobre las banderas de la diversidad, la ampliación de ministerios específicos y el progresismo cultural. PERFIL consultó a ministros del gabinete de Kicillof, a operadores del territorio en el Conurbano y a cuadros que aún se mantienen en el campo netamente kirchnerista. Nadie quiso convalidar un alineamiento con la estrategia del doctor Borrego y todos coincidieron en que no existe el margen político para salir a marcar una frontera ideológica en este momento.
La parálisis discursiva del peronismo bonaerense expone la tensión sorda que domina la interna: el territorio digiere en estricto silencio las decisiones inconsultas de la conducción nacional. Se prioriza la paz orgánica en un escenario donde el pragmatismo judicial parece haber jubilado, al menos por ahora, a las convicciones doctrinarias.