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clarin.com · hace 4 horas · Clarin.com - Home

¡Péguele a Sturzenegger!, el deporte que se puso de moda en el Gabinete

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En las últimas horas se formó en el gabinete nacional una fila de funcionarios ansiosos por pegarle a Federico Sturzenegger. Todos en off the record, y todos protegidos bajo el acogedor fastidio de Karina Milei con los errores del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, se apuraron a hacer leña del Coloso caído. Siempre es cómodo echarle la culpa al que se cayó al piso por caminar con los cordones enredados, pero la verdad es que Sturzenegger no cambió: lo que cambió es el contexto en el que se mueven él y Javier Milei, por estas horas su único defensor en el Gobierno.

Hasta no hace tanto, Sturzenegger se peleaba con Techint y recibía el aplauso público de Milei y de sus principales ministros. Ahora tiene problemas para resistir el combate contra los libreros, los prácticos de puertos o los ciudadanos sueltos preocupados por la venta de tierras a los extranjeros. Hay que decirlo otra vez: las iniciativas de Sturzenegger por desregular mercados, trámites o procedimientos muy poco relevantes para la vida de la mayoría de los argentinos se multiplican desde que llegó a su puesto armado con una resma de leyes, decretos, resoluciones y reglamentos olvidados o casi olvidados, pero ahora sus enemigos en La Libertad Avanza detectaron que esas curiosidades no le hacen más gracia a la gente o, directamente, son rechazadas por problemáticas, poco aplicables o dañinas.

Federico Sturzenegger y Karina Milei.

Un ejemplo. La reforma destinada a liberar la posibilidad de que empresas extranjeras compren tierras en el país fue incluida por Sturzenegger en el megadecreto 70 de 2023, según cuentan en el Gobierno, por sugerencia de un ex funcionario que le aseguró que ese límite estaba obligando a empresas de otros países a contratar testaferros para poder adquirir tierras en la Argentina. Esa conversación convenció al ministro de que esa era una batalla que había que dar, y luego del primer intento fallido del DNU 70 -ese tramo de la norma que inauguró el gobierno de Javier Milei fue frenado por la Justicia- decidió incluirlo otra vez en el paquete de leyes dedicadas a proteger la propiedad privada que está tratando ahora el Congreso.

Durante la gestión de Mauricio Macri se había trabajado en un proyecto parecido destinado a promover la industria forestal, e incluso se había analizado un proyecto para montar una papelera en la Mesopotamia, pero ahora esa intención no apareció de manera evidente. En la Casa Rosada dicen que no había empresas pidiendo ampliar un cupo que se había alcanzado sólo en algunos pocos municipios de la Argentina, y por eso es más difícil de entender por qué se empujó el tema hasta incluirlo en la categoría de “soluciones inventadas para problemas que no existen” que tanto le gusta transitar al Gobierno en estos meses.

El oficialismo tuvo que cortar el capítulo de la extranjerización de tierras para poder salvar otros tramos de la ley, pero en el medio tropezó una y otra vez intentando responderle a quienes denunciaban la iniciativa como peligrosa para la soberanía argentina.

Sturzenegger ya había quedado enchastrado con la pelea con los prácticos de puertos de principios de la semana, cuando obligó a que otros ministros del gabinete corrieran a apagar un fuego que no habían iniciado.

Esta vez, Karina Milei y los miembros de la Mesa Política que la hermana del presidente organiza en la Casa Rosada tuvieron que dedicarse a solucionar el conflicto con los prácticos encargados de ingresar y sacar los barcos de los puertos que había paralizado buena parte del comercio exterior argentino por un decreto desregulatorio impulsado por Sturzenegger. El martes, cuando la Mesa estaba reunida, una imagen que puso en su pantalla TN alcanzó para que los que estaban en la cita entendieran rápidamente lo que estaba pasando. Un mapa de la desembocadura de los ríos Paraná y Uruguay en el Río de La Plata mostraba la concentración de barcos que se estaba agrandando por la medida de fuerza. Un ministro dijo lo que todos estaban pensando: “Esto es igual que el Estrecho de Ormuz”. La diferencia es que el estrecho del Golfo Pérsico había quedado bloqueado por la guerra entre Estados Unidos e Irán y el Río de la Plata por una iniciativa de Sturzenegger.

Encadenar esa clase de errores no forzados no le sirve nunca a ningún gobierno, pero en algunos períodos, cuando los presidentes pasan por esas poco frecuentes y por lo general breves temporadas de romance con el electorado, los resbalones pueden tener poco efecto. No ocurre eso hoy con Milei, que ve crecer desde hace meses su imagen negativa en las encuestas, arrastrada por el muy desigual desempeño del modelo económico.

Ayer, a propósito del día de San Cayetano, patrono del trabajo, la Universidad de Buenos Aires difundió un estudio que indaga sobre las motivaciones de la gente para ir a la iglesia. El 35,5% de los argentinos dice que en el último año fue a los templos religiosos buscando algún tipo de ayuda. Los datos de ese trabajo del Barómetro de las Religiones y las Creencias muestran que, si bien la mayoría de los encuestados asegura que esa ayuda que buscaron era espiritual, un 45% reconoce que la ayuda que buscaban era alimentaria, económica o laboral. En rigor, de cada 100 encuestados, 16 contestan que tocaron la puerta de una iglesia empujados por alguna carencia económica. Cuando el Estado se corre, florecen también esa clase de desregulaciones.

Es cierto que Sturzenegger tiene buena suerte para las desgracias, pero no es el único funcionario al que le cuesta mostrar buenas noticias. Milei sorprendió a todos los políticos cuando demostró que era el único que había leído cambios profundos en la sociedad y también cuando se volvió pragmático y enterró algunas de sus ideas más extremas. Hoy, el Presidente parece atado a sus prejuicios y sin la capacidad de encontrar salidas creativas que le permitan llevar el crecimiento económico y la prosperidad a mayorías que hoy están enojadas porque perdieron capacidad de consumo y detectaron que la sangre, el sudor y las lágrimas están durando más de lo que había prometido Milei. Esa desilusión es el terreno más fértil para que los errores gubernamentales se agranden.

Ignacio Miri

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