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clarin.com · hace 14 horas · Clarin.com - Home

Los pasos de tango de Robert Duvall

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El intento combinar el fenómeno de las milongas tangueras con un thriller resulta un tanto extraño. Igual Robert Duvall, el gran actor estadounidense recientemente muerto, lo hizo con “Assassination tango” y aunque pasó sin mayor repercusión, igual se dio el gusto.

Podía exhibir allí dos de sus rostros más conocidos, el de un duro en la pantalla con la que fue su pasión en las últimas décadas, el baile y el ritmo de tango. Y de paso, ingresó quién se convertiría en su cuarta y última esposa, la salteña Luciana Pedraza: se lució con el papel de la bailarina Manuela.

Lo cierto es que a Duvall no le faltaron recursos ya que contó con la producción de otro grande del cine que también estableció un fuerte vínculo con Buenos Aires: Coppola, a través de su compañía Zoetrope. Y el elenco, además de nombres como Rubén Blades y Kathy Baker, tuvo la participación de una reconocida bailarina de Tango Argentino, María Nieves, y apariciones de Natalia Lobo y Alejandra Radano, entre otras.

Robert Duvall y Luciana Pedraza. AP

“Assassination tango”, la travesía de un sicario que llega desde Atlantic City a Buenos Aires para un “trabajo” previsto por solo tres días, asoma ahora desde algunas de las plataformas. Y más allá de su trama -como una obra que no termina de convencer- al menos refleja imágenes de un Buenos Aires menos difundido. “En algunas películas, mostraban a Buenos Aires como en una postal. Yo quería evitar eso, y por eso filmé en esquinas o callejones”, explicó el actor.

En “Assassination tango” hay escenas en lugares reconocibles -el Obelisco, el actual Ecoparque, la Boca o Barrio Parque- pero el eje es una legendaria milonga de Villa Urquiza, “Sin rumbo”, surgida hace más de un siglo y que se convirtió en el centro de la movida tanguera del barrio.

Por allí pasaron las orquestas de D’Arienzo, Alberto Castillo o Di Sarli, bailaron Copes y la misma María Nieves, entre otros.

Como describía una nota de Ñ “detrás del sobresalto metafísico que provoca el nombre se esconde un pasado de leyendas y aventuras. La historia cuenta que acá venían a probarse los grandes milongueros, decía Julio Dupláa, referente del barrio. De a poco se armó la fama de que se bailaba bien en el Sin Rumbo y por eso se llenaba, y eso que Villa Urquiza era el fin del mundo. Era un lugar de prestigio, pero también de vanguardia. No hay milonguero de ley que no haya brillado en la pista de damero del Sin Rumbo; por allí pasaron todos aquellos que delinearon el tango que conocemos hoy en día. Por cierto, salir al ruedo en ese damero no era para cualquiera. Era medio difícil bailar acá”.

“Sin rumbo” surgió en una época en que Villa Urquiza aún era un territorio casi despoblado y llegó a su ubicación definitiva sobre la calle Tamburini a principios de los 40. La película de Duvall intenta captar algo de la esencia tanguera del local, pero allí también se bailaba salsa, además de practicarse boxeo, taekwondo y fútbol 5.

Duvall amó a nuestro país -que visitó más de 40 veces- y al tango, que también contribuyó a difundir. “Y cuando lo bailo me provoca una sensación maravillosa, no la puedo explicar”, expresó. Siempre fue así, hasta el final. El sí amó a Buenos Aires y la Argentina

Luis Vinker

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