Los que sobran en Argentina
Lo que sobra es lo que está demás, lo que no tiene lugar, lo que es innecesario, prescindible. Lo que sobra es lo que no se valora y que por ello se aparta. Lo que sobra se descarta y se olvida.
Lo que sobra se vincula directamente con su contraparte, lo que es útil: lo útil se conserva, lo que sobra se desecha. Entonces, ¿cómo se define aquello que es útil? Lo útil se determina por lo que es funcional, aquello que cumple una tarea. Lo útil se determina por lo instrumental, aquello que me permite alcanzar otro objetivo. Lo útil se determina por lo que es productivo, aquello que provoca los resultados deseados. Lo útil es lo que se valora, lo que se aprecia y se estima. Lo útil es lo que se queda, lo que se aprecia.
En la tiranía de las métricas algorítmicas, en la obsesión continua de la productividad, en la necesidad de monetizar de lo cotidiano, la condición humana se volvió medible por su utilidad. Es la cosificación de la persona. Es lo que Albert Camus llamo en los años ´40 la “crisis del hombre”.
Es la sociedad actual, en la cual los valores se cuantifican, todo es medible, todo tiene un número que refleja una condición de existir. Lo que produzco, se mide en salario mensual, y eso constituye una evidencia incontestable de que tan útil soy para la sociedad: cuanto valora esa sociedad mi existir en ella.
En la obsesión continua de la productividad, en la necesidad de monetizar lo cotidiano, la condición humana se volvió medible por su utilidad"
El número califica, porque el número habla de escala, de una escala que jerarquiza y permite diferenciar quién es útil y quién sobra. La persona, sus sueños, sus esperanzas y alegrías, sus miedos y sus amores, todo eso que hace a una persona, se disuelve en el número estadístico, criterio en base al cual se decidirá su utilidad o inutilidad en la sociedad.
Como lo útil es limitado, estamos obligados a reconvertirnos en algo que produzca utilidad, para asegurarnos un lugar. Entra aquí la desesperación por “ser útil”, la que nos lleva a una competencia deshumanizante con el “otro”, porque no hay lugar para todos. Es el juego de la silla vacía, que nos obliga a empujarnos, a quitar del medio al otro. El éxito se mide en unidades individuales.
Claro está que quien mide, decide y considera “objetivamente” lo que es útil lo hace desde de la abundancia y la soberbia, desde el privilegio y la satisfacción que da “tener la panza llena”.
Tener a la macroeconomía como única referencia del bienestar argentino hace que lo útil sea muy poco; En consecuencia, lo que sobra es mucho"
Quién decide lo hace con la certeza de que lo suyo está seguro, tal vez, en algún paraíso fiscal.
Lo que se valora hace a nuestros valores como sociedad. Pensar la Argentina en términos económicos, reducir un país a una simple contabilidad, tener a la macroeconomía como única referencia de bienestar, hace que lo útil sea muy poco. En consecuencia, lo que sobra es mucho.
Parece que en la Argentina de hoy sobran muchas personas. La pregunta obligada es ¿a dónde van a parar los que sobran?