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perfil.com · hace 4 horas · Nicolás Moldavsky

Cruzó Estados Unidos en bicicleta: un argentino recorrió 5.200 kilómetros en 14 días

Trans Am Bike

Tengo 48 años y siempre me gustaron las aventuras. Pienso que si por 2 o 3 meses nadie me dice que estoy loco, es porque estoy haciendo las cosas mal. En los últimos 20 años participé de muchas regatas de remo y travesías por el Delta del Paraná. También hice varios viajes en bicicleta, pero hasta ahora solo había competido en 2 carreras de ciclismo.

En junio de 2026 participé de la Trans Am Bike Non Stop. Esta es una carrera en bicicleta en Estados Unidos de costa a costa, con 5.200 km de extensión y 32.000 metros de elevación. Como referencia, el Tour de France 2026 tuvo 3.333 kilómetros de extensión.

Trans Am existe desde 2014 y se corre mayormente en bicicletas de ruta con acoples de triatlón incorporados. En el año inaugural se filmó una película que está disponible en varias plataformas: Inspired to Ride. En 2026 se anotaron solo 35 personas. Me dijeron que regularmente se anota más gente de Europa, pero que últimamente no lo hacen porque no quieren al actual presidente. La carrera largó el 7 de junio de Astoria (Oregon) a pocos kilómetros del océano Pacífico y la llegada era en Washington D.C.

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Hubo dos personas con quienes hablé antes de la largada que me impresionaron: uno es Thomas Camero, de 85 años, quien ya había completado la carrera 4 veces. Dijo que su récord era de 98 días pero este año se sentía fuerte y lo quería bajar a 90. Al final terminó abandonando luego de 800 km.

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El otro es Todd Hoskins, de 74 años. Todd había intentado cruzar en bicicleta Estados Unidos de costa a costa a los 24 con su novia, pero luego de 1.000 km recorridos decidieron abandonar porque la novia no quería dormir más en carpa y se quedaron sin plata para dormir en hoteles. 50 años más tarde, Todd pudo terminar la carrera en 32 días, y no fue el último en llegar.

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En mi caso tardé 14 días y 5 horas y pude ganar la carrera y bajar el récord anterior, que era de 14 días y 13 horas.

La carrera tiene dos características que la hacen muy intensa: sin apoyo y sin etapas. No viene un auto atrás con ruedas de repuesto y un mecánico, ni tampoco hay lugares definidos donde parar. Cada participante tiene que resolver dónde comprar comida y agua, cómo arreglar su bicicleta si tiene problemas, dónde dormir a la noche, y qué hacer si una ruta está cortada y hay que desviarse. Además, cada uno debe llevar en la bicicleta su ropa, repuestos, herramientas, y todo lo que vaya a necesitar durante el recorrido. Mi bicicleta con todo el equipaje, pero sin agua ni comida, pesaba 19 kilos. Cada uno decide también cuánto pedalear por día y dónde parar. El reloj no para nunca.

Cada corredor debe llevar un transmisor satelital que envía cada 5 o 10 minutos la posición al organizador, y con una app y una web se puede ver en vivo la posición de todos los competidores. Hay mucha gente que sigue las carreras por Internet y se los llama Dot Watchers. También algunos de ellos se acercan a la ruta para darles comida o bebidas a los participantes. A ellos se los llama Trail Angels. Yo me encontré solo con dos durante el primer día.

Pedaleaba un promedio de 14 horas y media por día haciendo 360 km. Paraba en estaciones de servicio a comprar comida y bebidas. Yo soy vegetariano, pero fue imposible no comer carne durante la carrera. Compraba sandwiches, barritas de nueces, pastelitos de manzana, muffins, burritos y galletitas saladas. Guardaba todo rápido en los bolsos de la bicicleta y luego lo comía mientras pedaleaba.

Si bien había tardado meses en elaborar un plan exacto de cuánto pedalear por día, dónde dormir y a qué hora despertarme durante 14 días, lo tuve que descartar el primer día porque pude hacer 40 km más de lo previsto. Dormí en un pueblo fantasma llamado Shaniko, donde fui el único huésped del hotel.

Luego del primer día decidí que no valía la pena hacer planes antes de las 6 de la tarde. A esa hora definía donde iba a parar a la noche y reservaba el hotel. En los primeros dos tercios del recorrido había muchos tramos donde entre una ciudad y otra había 150 km, así que no tenía muchas opciones para elegir. Al hotel llegaba entre las 22 y las 2 de la mañana. Al llegar ponía a lavar la ropa, luego ponía a cargar las luces y los otros dispositivos y me duchaba. Después comía uno o dos sandwiches, iba a buscar la ropa limpia y la colgaba cerca del aire acondicionado para que se seque mientras dormía. Me despertaba entre las 4:30 y las 7, según la hora que me hubiera acostado. Dormía entre 3 y 5 horas por noche.

Como la carrera era en primavera/verano, yo no llevé mucha ropa de abrigo. El cuarto día tenía que cruzar Teton Pass (Wyoming), un paso de 2.500 metros que estaba nevado. Eran las 21:30 y hacía 2 o 3 grados y antes de encarar el paso estaba temblando y por primera vez me temblaron los brazos enteros. Decidí parar para tomar o comer algo caliente. Un mexicano me preparó un burrito y un “café de olla”. Mientras comía me di cuenta que con la ropa que tenía y de noche, no estaba en condiciones de cruzar, y reservé un hotel antes del paso. Al otro día de mañana la temperatura no había subido, y paré en una estación de servicio a comprar guantes mejores.

Tenía mucho miedo del frío. Aproveché y comí otro burrito caliente y tomé otro café. Cuando fui a pagar, la cajera era mexicana y hablando con ella en español le conté de mi miedo. Ella me dijo: “Tengo una chamarra que no uso, ¿la quieres?”. Me regaló su campera vieja y con esa y 2 camperas más me animé a cruzar. También puse bolsas de plástico sobre los guantes. Al final parecía un astronauta, y si bien había nieve a los costados de la ruta, con tanta ropa no sentí el frío.

Tuve pocos problemas con la bicicleta. Pinché a los 20 minutos de la largada y me pasaron todos. Como llevaba cubiertas sin cámara lo arreglé rápido, pero después de unas horas la rueda había perdido presión, así que decidí parar en Portland, porque era la última ciudad con bicicleterías grandes en 2.000 km. Ahí cambié la cubierta y compré dos más de repuesto. A los 4.000 km, en el mismo día en una ruta con muchos camiones, volví a pinchar las dos cubiertas, y como ya tenían mucho uso decidí cambiarlas nuevamente para llegar bien al final. Dos días antes del final en un tramo de ripio me caí varias veces y se dobló el fusible de la pata de cambios trasera. Por suerte Ezequiel, un mecánico de Tigre, me había dicho que llevara un fusible de repuesto y lo pude reemplazar después de pedir prestada una llave de 17 mm.

En tantos días pasé por muchas emociones. El séptimo día en Nebraska hubo mucho viento en contra y me afectó. Yo me hablaba y me decía: “Nico, vas ganando, llevás buena ventaja, el problema es el viento, no sos vos”. Igualmente estaba muy caído y lloraba mientras pedaleaba. A la noche llegué al hotel y revisé la app para ver cómo venía, y resulta que le había sacado 20 millas de ventaja al segundo. Ahí pensé: “Soy un idiota, todo el día llorando y al final amplié la ventaja”.

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Otro día de viento en contra estaba igual de caído y paré en una heladería en Farmington (Illinois). Le conté a la dueña lo que estaba haciendo y cómo me sentía y me preguntó si podía rezar por mí. Le dije que sí y entonces me abrazó y se puso a rezar junto con su hija para que yo llegue a salvo a Washington. Hace poco conseguí el teléfono de la heladería y hablé con ella para agradecerle.

Los últimos 550 km eran por dos senderos: el GAP y el C&O. El primero era un ferrocarril que cruzaba las montañas Allegheny y el segundo, un canal de navegación al costado del río Potomac hecho para llevar carbón desde Cumberland hasta Washington. El sendero lo utilizaban las mulas para arrastrar los barcos por el canal. No están pavimentados, pero mucha gente los recorre en bicicleta o caminando. Cada tanto hay baños y lugares para comprar comida.

Como en este tramo yo ya tenía la carrera ganada y el récord asegurado, el sábado a la tarde venía pensando en qué mejoraría si la corriera de nuevo, para hacerla en menos de 14 días. Después de un rato hice unas cuentas y me di cuenta que todavía tenía chances de alcanzar ese tiempo. Para eso debía llegar el domingo antes de las 9 de la mañana. Si bien la carrera había largado dos domingos antes a las 6 de la mañana, como había cruzado 3 husos horarios perdiendo una hora en cada uno, al final tenía 3 horas bonus.

Creo que me faltaban 350 kilómetros y calculé que si podía mantener un promedio de 25 km/h y parar solo 1 hora y media, lograría llegar antes de las 9. Empecé a pedalear más fuerte y me acercaba al objetivo. Paré muy poco y cuando era de noche la cuenta me daba que tenía que pedalear a solo 22 km/h para llegar. Sin embargo, el sendero se puso muy complicado porque había una franja muy ancha de pasto en el medio, mucha maleza a los costados y dos angostas franjas de gravilla por donde circular.

Con dos luces delanteras prendidas no veía bien, y no podía ir a más de 20 km/h. Decidí entonces parar a dormir y terminar los últimos 200 km al día siguiente. Llegué a medianoche a un hotel en Hancock donde había unos chinos que estaban recorriendo el mismo sendero en bicicleta, y cuando les conté de la carrera y que iba ganando, se sacaron selfies conmigo.

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El domingo salí a las 5:50 del hotel y paré cerca en una estación de servicio del mismo pueblo a comprar muchos sandwiches y agua como para no hacer más paradas. Iba pedaleando tranquilo pero cuando uno no tiene objetivos todo se hace muy pesado. Así que decidí apuntar a llegar antes de las 15:30. Después me di cuenta que podía llegar a las 15, y cuando faltaban 80 km, apunté a llegar antes de las 14. A medida que me acercaba al final iba cada vez más rápido. Sin embargo, también había cada vez más gente paseando despacio con cochecitos, o ancianos, y tenía que frenar seguido.

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Cuando llegué al último tramo del sendero del C&O, ya dentro de Washington, eran las 13:40. La carrera terminaba en el Lincoln Memorial, que es donde está el monumento a Abraham Lincoln. El GPS me dijo que doble a la izquierda pero a la izquierda solo estaba el canal con agua y un puente que lo cruzaba. Subí corriendo la escalera del puente hasta la calle que había del otro lado pero me di cuenta que por ahí no podía ser. Volví a cruzar el puente y seguí un tramo más por el sendero del canal. Ya eran las 13:46. Al final vi que había una ciclovía pavimentada que bordeaba el río Potomac. Tomé por la ciclovía pero a los 200 metros había un cartel diciendo que estaba cerrada, y había un desvío. Bajé a la calle y avancé, pero el GPS marcaba que estaba fuera de ruta. 13:52. Tomé una avenida y luego otra y me di cuenta que estaba de contramano, y justo al costado había un tanque con militares vestidos de fajina. Me dio miedo que me arrestaran y entonces les pedí disculpas por andar de contramano, y les pregunté dónde era el Lincoln Memorial. Me lo señalaron y estaba a 300 metros. A las 13:57 llegué y toqué la pared para finalizar la carrera.

La carrera la organiza una sola persona, Nathan Jones, que vive en Oregon, y él no viaja a Washington a recibir a los participantes. Tampoco hay premios ni medallas. Así que no había nadie esperándome. Un francés que estaba con su familia me preguntó por la bicicleta y nos pusimos a charlar, y él me sacó la foto.

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