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Makeba, la verdadera luchadora

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Un personaje como Samuel  L. Jackson puede insultar, con total desparpajo y sin el menor fundamento, a la Argentina como “racista”, pero ya se ocuparon unos cuántos de responderle. Tal vez cuente con alguna credencial “antirracista” en su país, pero nunca de la dimensión de una Miriam Makeba, por ejemplo. Porque ella sí le puso el pecho a esa lucha en su Sudáfrica natal –bajo la ignominia de un régimen como el apartheid-, luego en Estados Unidos y en todos los sitios por donde paseó su canto y su baile.

La carrera de Makeba se encontraba en su esplendor, pero también en plena tormenta, cuando visitó nuestro país en el otoño del 68. Su popularidad se había disparado con el “Pata Pata”, que abrumaba mañana, tarde y noche en todas las radios argentinas, pero Makeba era mucho más.

Un símbolo de la lucha de su raza frente a la discriminación, se identificaba con los movimientos por los derechos civiles. También su oferta artística trascendía al Pata Pata, con la difusión de las melodías africanas y su sociedad en el canto con Harrry Belafonte. Nacida en 1932 cerca de Johannesburgo, a fines de los 50 llegó a Estados Unidos y despegó desde su aparición en programas de TV como los de Steve Allen.

La efervescencia política de los 60 la colocó en foco. Se había casado con Stokely Carmichael, un activista y autor del concepto del Black Power. La RCA le canceló el contrato a Makeba y todos sus recitales en Estados Unidos, tuvo que marcharse a Guinea. Fue en medio de ese clima –y de la conmoción que causó el crimen de Luther King- cuando Makeba visitó la Argentina.

Makeba cantó el fin de semana del 1 y 2 de junio en el Opera, y los recitales se vieron en diferido por Teleonce (hoy Telefé).  La crítica del recital en Clarín se tituló “Fascinante y auténtica”. Con la firma de “Dayed”, sostenía: “La presencia física de Makeba empalidece toda imagen anterior, sonora o visual. La calidad de su voz, su prodigiosa riqueza de armónicos no habían sido aún exhibidas por el disco. Y en los últimos años, Makeba ha refinado considerablemente su expresión, en un grado que solo han alcanzado –entre los cancionistas actuales- un Aznavour o un Bécaud (…) Fenómeno físico y de creación artística se aúnan en Makeba para producir un hecho estético excepcional”.

El comentario en La Nación fue igualmente cálido, aunque repleto de adjetivos:  “Personalidad singular…talento interpretativo…innata simpatía…sobriedad expresiva”.      Todos destacaron a sus coristas, Eunice y Moi, al baterista Leo Fleming y al cellista Alex Layne. Y al brasileño Sivuca (Severiano Dias de Oliveira), un notable guitarrista y acordeonista, que ya acompañaba a Makeba desde sus incursiones estadounidenses de principios de los 60.

Una curiosidad de aquella noche es que como “teloneros” –cuando esa función no se denominaba así- estuvieron Los Iracundos. Era un grupo que, desde Uruguay, había incursionado en los tiempos fundacionales del rock & roll, pero luego lo hicieron en el pop de la Nueva Ola y vendieron millones de discos.

Durante su breve estadía en Buenos Aires, la cantante ofreció varias entrevistas. Una de ellas, difundida a la semana siguiente por la revista Siete Días bajo el título de “Miriam Makeba, Pata Pata y algo más”. Fue portada, compartida con otra exclusiva de la revista: “Mi amigo el Che”.

Pero al llegar a la ciudad, se había programado una conferencia de prensa caótica. “En el recinto, la aglomeración de desconocidos era tanta que la temperatura ambiente se había elevado en extremo. Además, esos mismos desconocidos la sometían a un bombardeo de preguntas sin sentido y en forma despiadada, estrechándola en un asfixiante círculo. Todo ello fue motivo más que suficiente para hacer huir a la cantante" describió La Razón.

Había varios artistas para acompañar, desde Rodolfo Zapata hasta Billy Bond, desde Roberot Yanés hasta Hugo Marcel, personajes como María Aurelia Bisutti, Miguel Angel Merellano o Ricardo Kleiman.

Entonces apareció ¡Ringo Bonavena!.  “Es tan malo el paquete que me toca en suerte en la pelea de mañana que puedo permitirme el lujo de asistir a esta fiestita”, lanzó. La misma crónica de La Razón revela:  “Ringo se fue tras de la Makeba, ensayando unos pasos del pata-pata sin dejar el salón. Minutos después, los desconocidos de siempre se habían esfumado, pero ya era tarde pretender repetir la conferencia de prensa”.

A la noche siguiente, en el Luna Park, Bonavena le ganaba por puntos al peruano Roberto Dávila. Y a unos pasos, en el Opera, se disfrutaba el arte incomparable de Miriam Makeba.

Luis Vinker

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