Se reaviva entre los economistas el debate sobre si la Argentina necesita un dólar más alto
El economista Roberto Frenkel, exprofesor del presidente Javier Milei, volvió a sostener que la Argentina necesita un tipo de cambio más alto para que puedan desarrollarse actividades productivas más allá de los sectores exportadores tradicionales. Sus declaraciones reavivaron el debate sobre si el valor actual del dólar es el adecuado o si debería ubicarse en un nivel superior para impulsar a los sectores de la economía que hoy enfrentan dificultades para crecer.
Sin embargo, economistas consultados por LA NACION relativizaron que una suba del tipo de cambio constituya, por sí sola, la solución. Mientras Emmanuel Álvarez Agis planteó que una eventual devaluación solo tendría sentido dentro de un programa económico integral, Salvador Di Stefano sostuvo que el crecimiento depende de la inversión y no del valor del dólar, y Fausto Spotorno advirtió que, bajo el actual esquema cambiario, una devaluación tradicional difícilmente mejore la competitividad sin traducirse en una mayor inflación.
Durante una entrevista en el canal de streaming Cenital, Frenkel rechazó la idea de que una devaluación conduzca necesariamente a un nuevo proceso inflacionario y sostuvo que una de las razones del actual superávit comercial es la fuerte contracción de las importaciones, consecuencia del bajo nivel de actividad económica.
“Para corregir este programa hay que pasar el mal trago de subir el tipo de cambio y acelerar la inflación. Y eso es necesario. Yo sé que con esto sueno muy antipopular. Necesitás un tipo de cambio más alto para darle alguna viabilidad a la actividad que no sea la actividad primaria exportadora”, afirmó.
Las declaraciones provocaron una rápida reacción del presidente Javier Milei, quien republicó un mensaje del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
“Devaluar e inflar precios para arreglar la economía es como incendiar tu casa para no pasar frío en invierno. El ‘mal trago’ de este hombre es reventarle el salario al laburante para salvar a los amigos de siempre. El fetiche que tienen con licuar salarios ya es de psiquiátrico”, escribió Menem.
Consultado por este diario, Emmanuel Álvarez Agis, socio fundador de PxQ Consultora y exviceministro de Economía, coincidió en que una devaluación aplicada de manera aislada puede agravar la situación económica.
“Mi posición es que no se deben discutir herramientas de política económica de manera aislada, sino dentro de un programa, como ocurre en la mayoría de los países. Es claro que este tipo de cambio ni siquiera resulta competitivo para sectores con productividad internacional, como el agro o Vaca Muerta. Ahora bien, una devaluación puede mejorar la competitividad de esos sectores y de muchos otros que generan empleo, pero al mismo tiempo deprime la demanda doméstica porque la inflación volvería a golpear un salario real que ya es bajo”, señaló.
Según explicó, el desafío consiste en mejorar la competitividad sin deteriorar la demanda agregada.
“Eso se denomina devaluación compensada y, históricamente, es la mejor forma de salir de estos atolladeros. No implica emitir dinero ni aumentar el déficit fiscal, sino calibrar adecuadamente el nivel de ingresos fiscales para ganar competitividad y, al mismo tiempo, recuperar algunos renglones del gasto público que no pueden permanecer en cero, como la obra pública. Devaluar a secas es caer ahora, rebotar después y terminar en el mismo lugar desde donde partiste”, agregó.
Por su parte, el analista económico y financiero Salvador Di Stefano sostuvo ante LA NACION que el crecimiento económico depende de la inversión y que no existen evidencias de que una devaluación, por sí sola, pueda impulsarla.
“Para crecer necesitás que haya gente dispuesta a invertir. Una empresa puede financiarse de tres maneras: con aportes de capital de los socios, mediante la emisión de acciones o tomando financiamiento en el mercado. La economía crece por inversión. No hay nada en la fórmula del PBI que indique que una devaluación genere inversión. Si el tipo de cambio es correcto o no, es algo que termina definiendo el mercado”, afirmó.
En la misma línea, Fausto Spotorno, director de la Escuela de Negocios de la UADE, consideró que, bajo el actual esquema cambiario, el Gobierno no podría llevar adelante una devaluación tradicional.
“El Gobierno no puede sacar un decreto y decir que el tipo de cambio pasa de $1500 a $1800. Lo que sí puede hacer es salir a comprar una gran cantidad de dólares, por ejemplo US$2000 millones, para acumular reservas. La contracara de esa operación es la emisión monetaria. Eso puede generar inicialmente un tipo de cambio más alto, pero el excedente de emisión también puede traducirse en mayor inflación y, probablemente, buena parte de esa devaluación termine trasladándose a los precios. Al cabo de dos meses podrías estar otra vez en el mismo punto de partida. Si eso ocurre, el costo inflacionario no resuelve ningún problema. En este mercado, el tipo de cambio real lo determina el mercado, no el Gobierno”, explicó.
Para Spotorno, la alternativa pasa por avanzar hacia una salida completa del cepo cambiario y permitir que sea el mercado el que determine si el tipo de cambio de equilibrio es el actual o uno más elevado.
En paralelo, Miguel Ángel Broda expuso públicamente su visión sobre el debate cambiario y consideró que un dólar más alto podría aliviar algunas tensiones del sector productivo, aunque reconoció el dilema que enfrenta el Gobierno por su objetivo de reducir la inflación.
“Seguramente la calle estará mejor con un dólar un poco más caro, pero la obsesión con la inflación claramente no permite un ajuste”, afirmó en declaraciones al programa La Mirada, que se emite por Canal 26.
No obstante, advirtió sobre las consecuencias que, a su juicio, puede tener mantener un tipo de cambio bajo en un contexto de apertura económica. “Abrir la economía con un dólar barato produce que, de cada 10 empresas que cierran, cinco sea ‘al cuete’”, sostuvo.
También en declaraciones públicas, Ricardo Arriazu volvió a defender la estabilidad cambiaria y cuestionó los planteos a favor de una devaluación durante un evento organizado por la Cámara de Bolsas.
“Todos los economistas plantean eso, yo soy el gallego que va a contramano por Libertador, soy exflotador converso; en Argentina, cuando se mueve el dólar, se mueven todos los precios”, afirmó.
A modo de metáfora, Arriazu sostuvo que reclamar una devaluación representa una búsqueda de una solución sencilla a un problema más complejo. “La gente busca una solución sencilla: pedir devaluar es como si el petiso pidiera cambiar el metro; en lugar de medir 1,5 metros, mide 3”, graficó.
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