Y de repente, un musical
No es noticia que la cartelera teatral de Buenos Aires es reconocida en todo el mundo. No solo porque ofrece superproducciones sino porque eso convive con pequeñas obras independientes. A ese mapa, habrá que sumar ahora un musical inesperado, que en una sala con historia, es capaz de tomar una pieza del español Manuel Rivas y hacerla reflejar el más riguroso presente.
Un video del propio autor da la bienvenida: "El desafío no es ser o no ser optimista. Tener o no tener esperanza –dice Rivas, autor de El lápiz del carpintero y La lengua de las mariposas, ambos llevados al cine–. El desafío es hacer algo para que el optimismo y la esperanza sean posibles".
La obra El héroe fue estrenada en 2005 en el Teatro Principal de Ourense (Galicia). Más de veinte años después, es la pieza elegida por la actriz y cantante Lorena Lores para la nueva Compañía Teatral Galega de Bos Aires que comienza su historia así en el Teatro Empire.
La historia de Caronte, boxeador y exlegionario de una guerra silenciada, es versionada por Leonardo Nápoli aquí como musical y no defrauda. Hace años, Rivas contó que la escribió porque temía a la desmemoria: "Borrar la memoria es cultivar el negacionismo". Era 2005.
Ahora, en Buenos Aires, una veintena de músicos en vivo dirigidos por el maestro Martín Pinola interactúa con nueve actores, que además cantan en escena.
Caronte (interpretado por Gabriel Fernández) acaba de sobrevivir a la Guerra de Sidi Ifni, pero al llegar a su casa, en A Coruña, nadie sabe que el país estaba en guerra, nadie habla de ese conflicto, nadie quiere escuchar que hubo una derrota.
"Al llegar, nadie sabía nada. Nadie nos esperaba. No había vítores. No había banda de música. No había autoridades con medallas. No había victoria ni derrota. Era como venir de la nada y llegar a la nada. Miré al cielo y lo único que vi fueron los estorninos", dice Caronte.
El contexto es el franquismo. Hay miedo y odio por todas partes. Pero también hay resistencia. Hay personas rotas por la represión, por la cárcel y por la muerte. Y también hay esperanza. Ese es el regalo de la obra.
Buenos Aires es una ciudad curiosa en la que un pequeño teatro puede cobijar un espectáculo insospechado, de interpretaciones emocionantes, de enorme talento nacional, que veinte años después y muchos kilómetros de por medio, por momentos parece un retrato del presente local.
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