La organización del complejo tecnológico industrial para la defensa nacional
Una industria de defensa sólida e innovadora tiene importancia para cualquier país por tres motivos principales: es un complemento importante de la disuasión clásica, dando sustento al poder militar sin depender de otros estados; constituye una industria de base para el desarrollo de la ciencia y de otras industrias, generando puestos de trabajo y recursos genuinos, y finalmente, por constituir una herramienta de relacionamiento internacional que permite una cooperación e integración sólida más allá del intercambio comercial, ayudando a sostener la diplomacia militar.
La industria de defensa argentina fue pionera en Sudamérica con la creación de importantes centros de producción estatales (FÁBRICA MILITAR DE AVIONES - 1927, FABRICACIONES MILITARES 1941 y ASTILLEROS Y FÁBRICAS NAVALES DEL ESTADO AFNE – 1953), empresas a las que complementaron otras igualmente ambiciosas como la fábrica de tanques TAMSE, y los astilleros TANDANOR y DOMECQ GARCÍA, este último para fabricar submarinos. Su producción consistía en diseños de los centros de investigación propios, entre los que se destacaba el Instituto de Investigaciones Técnicas y Científicas de las Fuerzas Armadas (hoy CITEDEF). También se producían sistemas bajo licencia, o por convenios con empresas extranjeras, tal el caso del Tanque Argentino Mediano, del avión IA 63 PAMPA, y de las corbetas Meko 140 entre otros, que hacían de ella hacia los años 70 la más avanzada en la subregión, logrando exportar parte de su producción.
La guerra de Malvinas fue un punto de inflexión. Los embargos iniciales retrasaron muchos desarrollos y el veto británico limitó (y aún limita) acceder a sistemas avanzados. Se inició así un proceso de caída continua que, a pesar de algunos intentos, no pudo ser revertido, impidiendo su consolidación como proveedora de sistemas complejos (Blindados, buques, aeronaves).
Muchos países de segundo orden incluso de la región, desarrollaron y disponen hoy de industrias de defensa avanzadas, capaces de satisfacer sus necesidades básicas y producir sistemas complejos, incluso con éxitos de exportación, tal el caso de Brasil, Corea del Sur, Sudáfrica y Turquía (dos últimos sometidos a embargos importantes que activaron el desarrollo local de su industria de defensa). A nivel regional, Chile, Colombia, México y Perú expandieron y consolidan hoy su capacidad de I+D+P aplicada a la defensa con procesos de modernización de sistemas de armas, y con la producción de sistemas complejos como buques (fragatas, buques de asalto y submarinos), blindados y aeronaves, además de la producción básica de armas portátiles y de apoyo con su respectiva munición.
En la actualidad el complejo tecnológico industrial nacional de la defensa está depreciado, a pesar del enorme potencial que tiene para su desarrollo, si se adoptan políticas adecuadas y se aseguran los recursos necesarios en el tiempo.
La escasa confiabilidad internacional del país (sea por una política exterior oscilante, sea por las limitaciones locales para brindar servicios de posventa adecuados), y la feroz competencia internacional.
El desarrollo de un complejo científico-industrial para la defensa debe ser planificado con políticas de estado a largo plazo, y sostenido con los recursos necesarios para lograr la competitividad y eficiencia necesarias que le permitan auto sustentarse en el mediano plazo.
Siguiendo los modelos de otros países, se aprecia como necesario crear una organización que nuclee a la totalidad de centros de investigación y empresas, similar a la ABIMDE brasileña o a la SSB de Turquía, aunque adaptada a la realidad geopolítica y presupuestaria propia. Una entidad mixta con autarquía financiera para operar con la flexibilidad y eficiencia del sector privado, bajo supervisión estratégica del Estado, puede asegurar la coherencia entre sus objetivos y las políticas de defensa y seguridad nacional. Sus autoridades debieran tener permanencia más allá de los cuatro años de gestión de un gobierno.
Su misión sería la de articular, promover y fortalecer la industria nacional de defensa y seguridad, para satisfacer las necesidades de las FFAA y FFSS y generar recursos, fomentando la innovación tecnológica, facilitando el acceso al mercado global de defensa y promoviendo las relaciones internacionales en el área.
1. Articular y coordinar a organismos del Estado responsables de la defensa, con la industria privada (grandes empresas, PyMES y centros de investigación y desarrollo).
3. Contribuir a la comercialización internacional apoyando a empresas nacionales.
4. Contribuir al desarrollo y dominio de tecnologías avanzadas mediante alianzas estratégicas (joint ventures) con empresas extranjeras.
5. Desarrollar la cadena de valor integrando a las empresas, desde la producción de componentes hasta el ensamblaje de sistemas complejos, asegurando la trazabilidad y la calidad.
Complementariamente a la creación de este organismo, será necesario erradicar algunas prácticas ineficientes y adoptar un esquema de desarrollo que, trabajando sobre un modelo de “nichos tecnológicos”, es decir, sobre tecnologías dominadas en el país, permita incrementar la calidad y asegurar el ciclo completo de cualquier sistema (diseño, fabricación en serie, mantenimiento, modernización y disposición final). Por su parte, la participación privada ayudará a sortear las limitaciones del Estado para responder con agilidad a ciclos de innovación tecnológica rápidos.
Estos desarrollos deben ser asegurados mediante un mercado local estable y continuo. Ninguna empresa de defensa sobrevive sin que las propias FFAA sean sus primeros usuarios y, en tal sentido, la continuidad financiera y la demanda local, darán la previsibilidad necesaria a los particulares para invertir y crecer.
Toda compra importante al exterior debería incluir compensaciones industriales con transferencia de tecnología y participación de la industria local, en mantenimiento complejo, ensamblaje y eventual producción bajo licencia. Las FFAA no deberían realizar mantenimiento complejo y menos producir insumos, que se hacen a menor costo y con mejor calidad en la industria civil.
La industria local debe disponer de un proceso de certificación y normalización acorde con estándares internacionales que faciliten el acceso a mercados globales más exigentes (STANAG, normas Mil, etc.).
El desarrollo de un complejo nacional de I+D+P para la defensa debe lograr la inserción de sus productos en cadenas de valor globales de alta tecnología y, por eso, la inversión pública se debe realizar buscando alcanzar la excelencia operativa del producto y su posibilidad de exportación.
El Estado debiera articular y potenciar el desarrollo del sector privado, para transformar al complejo I+D+P actual en un sistema que separe la gestión técnica y financiera de la política partidaria. Asimismo, se debería cambiar el actual enfoque de compra de material por una política que priorice la independencia tecnológica en sistemas de defensa claves. La soberanía tecnológica se logrará dominando los nichos de conocimiento, y es el Estado con sus adquisiciones locales, quien debe impulsar el desarrollo tecnológico propio. En tal sentido, la elaboración y aplicación de políticas de Estado que eviten el uso político de las empresas públicas y profesionalicen su gestión productiva, serán esenciales para este propósito.