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infobae.com · hace 10 horas · Ricardo Israel

EEUU: la Comunidad Judía y el Partido Demócrata

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La comunidad judía ha sido muy exitosa en EE. UU., lo que le permitió obtener en el pasado a la vez presencia y respeto, convirtiéndose también en el estándar mundial para los judíos fuera de Israel. Pero todo cambió a partir de la invasión sufrida por Israel el 7 de octubre del 2023. Fue el inicio de una guerra en Gaza y otra global contra los judíos señaló hace algún tiempo un editorial del Wall Street Journal. Por tratarse de EE. UU., por lo inesperado, existió un shock de tal magnitud en su comunidad judía, que le costó mucho entenderlo y adaptarse a la nueva normalidad, a las agresiones en la calle y a lo que ocurrió en las universidades. La manifestación de odio fue tan gigantesca a nivel internacional que es comprensible que nadie estaba preparado, ni ella ni nadie. Tampoco yo, que sentí la necesidad de autoafirmación por lo que tomé la decisión de usar por primera vez una kipá en toda actividad y a toda hora, con reconfortantes resultados en la actitud de simpatía de desconocidos, demostrando que, a pesar de todo, EE. UU. seguía siendo un lugar especial para los judíos, por lo menos, Florida.

Para Israel lo que se inició en Gaza se transformó en una guerra de 7 frentes cuando Irán movilizó a todos sus proxis en el Medio Oriente. Tuvo éxito en lo militar, pero también sufrió una evidente derrota en la guerra de propaganda, demostrado en la forma como la narrativa de Hamas predominó en la información periodística a través del mundo, a lo que se sumaban manifestaciones masivas contra Israel en algunas de las principales ciudades occidentales, ignorándose decenas de otros conflictos bélicos que también tenían lugar en paralelo como también que el origen había sido una invasión terrorista.

INFOBAE me ha dado tribuna para varias columnas sobre el tema y en un libro de reciente aparición (1) he argumentado que la humanidad no aprendió lo suficiente con el Holocausto como también mi impresión que a la comunidad judía le ha costado tanto recuperarse del nivel de judeofobia que también apareció en EE. UU. que quizás no hizo todo lo que pudo haber hecho por tradición, organización y recursos. Y también por tratarse de EE. UU.

Si vuelvo a escribir sobre el tema es por mi temor que todo puede empeorar antes de mejorar, causado por lo que está ocurriendo a nivel político, sobre todo en el partido Demócrata, donde su proceso interno muestra que cualquiera sea en definitiva su candidato/a presidencial va a ser alguien extremadamente crítico de Israel como también de la comunidad judía estadounidense, sobre todo del uso que hace del lobby que permite la ley. Es, sin duda, una muy poco favorable situación que se puede unir a lo que ocurriría si el candidato republicano es el actual vicepresidente JD Vance, ya que su posición aislacionista argumenta que EE. UU. no debe comprometerse fuera de su territorio, lo que se agrega a la actitud ofensiva adoptada recientemente hacia sus interlocutores israelíes. Las malas noticias no terminan allí, sino que es parte de una tendencia preocupante, toda vez que lo que está pasando a nivel político responde también a lo que muestran las encuestas, un cambio en la opinión pública tal, que está haciendo desaparecer el antiguo apoyo bipartidista a Israel.

En todo caso, lo más grave es lo que está ocurriendo al interior del partido Demócrata, que históricamente tuvo muchos dirigentes y militantes judíos. Sin embargo, en las primarias posteriores al triunfo de Zohran Mamdani en Nueva York, se han multiplicado futuros candidatos a alcaldes, representantes y gobernadores que critican abiertamente no solo a Israel, sino que al igual que el alcalde de Nueva York hacen gala de una abierta judeofobia, antes inimaginable, ahora, también preocupante por su abierta hostilidad.

Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York

Y al igual que lo que ocurrió con agresiones en las calles a quienes eran o se vestían como judíos y el fuerte aumento de los ataques constitutivos de delitos de odio a sinagogas e instituciones, la comunidad judía y sus dirigentes no han podido crear o encontrar una coalición amplia de apoyo ante el volumen de la ofensiva en su contra. Lo más grave del proceso que tiene lugar hoy entre los demócratas, es que está transformando opiniones y actitudes que eran marginales en corriente principal, algo que también se nota en algunos de los principales medios de comunicación, aquellos que crean opinión pública y son reproducidos en todo el mundo.

Para los judíos no va a ser fácil volver a influir en el partido demócrata. Que partidos cambien cada 30 o 50 años es normal. Así, los demócratas fueron alguna vez el partido del KKK en el sur del país, antes de abrazar los derechos civiles y transformarse en el partido de representación de minorías como la afroamericana. Hoy, está dejando de ser un movimiento entre liberal y socialdemócrata en el contexto estadounidense, ya que ha perdido contacto con los trabajadores y los problemas cotidianos de los votantes a cambio de postulados wokistas. Hoy, su plataforma más bien representa al graduado universitario de las grandes ciudades y todo indica que va a ser difícil que vuelva a conectarse con la problemática judía.

Grupos antisemitas han existido siempre, pero ahora hay que sumar lo que ha pasado en lugares tan inesperados como el partido político más votado por los judíos, en la prensa, en el aumento explosivo de los ataques de odio según lo informado por el FBI, institución que agrega que, aunque representan solo el 2,4% de la población, los judíos concentran más del 60% de aquellos ataques que se hacen con motivación religiosa. A lo anterior se debe sumar lo que ocurre a nivel mundial, donde el principal caldo de cultivo tiene lugar en Occidente. No sorprende que ello tenga lugar en Europa, pero sí que también ocurra en Canadá o Australia, pero por, sobre todo, que pase en EE. UU.

Es un fenómeno occidental, ya que lo que ocurre en las calles de Nueva York, Toronto, Sídney, Londres o París no se ha repetido en ningún país árabe sunita; más aún, en ninguno de ellos se dio lo que ocurrió en las universidades de élite de EE. UU., toda vez que las agresiones a docentes y estudiantes solo por ser o parecer judíos, no habían ocurrido en ningún país desde Alemania en los 30. Incluso, creo que a algunos de esos jóvenes se le dio el consejo equivocado, ya que recuerdo haber visto en TV a un portavoz de una institución judía estadounidense recomendándole a quienes sufrían en esas universidades que se retiraran de ellas en busca de un mejor ambiente, cuando lo que realmente debió haber comprometido era el apoyo de la comunidad y la preparación al más alto nivel, para que en las clases respectivas se sintieron lo suficientemente sólidos en sus conocimientos como para contradecir a esos docentes que más que enseñar, buscaban adoctrinar con su activismo en contra de Israel y los judíos.

En ningún caso son situaciones comparables, pero bueno sería indicar que, en la larga historia judía, hay al menos dos casos trágicos que ocurrieron cuando los judíos se sentían seguros: España en 1492 y, por cierto, Alemania antes del Holocausto, en ambos, con sufrimiento en antepasados familiares.

Lo de EE. UU. no ha sido un proceso repentino de un día para otro, sino que el cuento de la rana hervida sirve para explicarlo, ya que cuando ingresa a una olla llena de agua, si la temperatura es fría o tibia, la rana no reaccional al fuego, sino que se va acostumbrando y muere, a diferencia de si hubiese entrado con el agua hirviendo se habría salvado, toda vez que, en este último caso, por el calor hubiese saltado afuera.

Tras la guerra en Gaza, desencadenada por la masacre de Hamas en Israel, miles de estudiantes se movilizaron en las principales universidades de EEUU portando banderas palestinas (REUTERS/Brian Snyder)

Lo primero es reaccionar aprovechando algo de lo mejor que tiene EE. UU. en la existencia de su sistema de libertades, por lo que sí o sí hay que judicializar, acudiendo siempre a los tribunales como comunidad judía a través de sus dirigentes, judicialización que no solo debe ser individual de los afectados por actitudes antisemitas, sino también se debe hablar a nombre de la comunidad, para ayudar a buscar toda la verdad e individualizar no solo a los perpetradores, sino también a quienes lo posibilitaron o permitieron.

En segundo lugar, la comunidad debe revisarse a sí misma, como ha actuado, y si el perfil de los dirigentes nacionales actual es el adecuado para el nuevo escenario, como también si las instituciones de relaciones extracomunitaria tales como el American Jewish Committee o la Jewish Defense League deben continuar como están o debieran modificar su accionar para enfrentar el cambio de escenario y esta nueva normalidad. Aquí Israel no es ejemplo, ya que, en este tipo de actividad, partiendo por lo que se conoce como Hasbará o esclarecimiento, la verdad es que acumula muchos más fracasos que éxitos.

Tercero, o quizás en primer lugar, creo que la comunidad judía no debe inventar nada, solo imitar a quienes superando muchos obstáculos son un ejemplo para seguir, los afroamericanos, ya que a ellos no les hubiese pasado lo que les ha estado ocurriendo a los judíos. Y esto no lo digo yo, ya que ellos son los únicos a los que los he escuchado decirlo, en la opinión de comunicadores y políticos afroamericanos.

Imitándolos a ellos se estaría dando una vuelta de mano a lo que Martin Luther King decía en los 60, que aspiraba a lograr el mismo estatus que los judíos, a quienes siempre agradeció su apoyo en la lucha por los derechos civiles, además de siempre tener palabras amables para Israel y el sionismo. De ellos me gusta que, ante cualquier ofensa racista, su reacción es automática y colectiva, y en buena hora, ya que habitualmente tienen éxito, por lo que todos saben que van a haber consecuencias en el empleo y en la profesión de quien ha usado expresiones repudiables.

Cuanto me gustaría que algo parecido ocurriera con la judeofobia, que muchas veces no tiene castigo en esta frecuencia en la que ha caído lo que es la nueva normalidad para los judíos, y que se demostró en el hecho que a veces no hubo consecuencias para algunos de quienes organizaron las “acampadas” universitarias como tampoco para las autoridades universitarias, que permitieron esa hostilidad no solo a Israel sino también contra quienes identificaban como judíos.

En cuarto lugar, interesante sería revisar lo que ocurrió en el Reino Unido, donde se dio hace algunos años un proceso similar al que hoy vive el partido Demócrata, con el partido Laborista que cumple un rol semejante en la izquierda o centroizquierda del espectro político. La diferencia con lo que se vive en EE. UU. es que hubo una reacción exitosa en la comunidad judía, una respuesta adecuada que influyó en sucesivas derrotas electorales del Laborismo, ya que fue condenado por conductas antisemitas en instancias judiciales y administrativas, de tal modo, que quien había introducido el antisemitismo, Jeremy Corbyn perdió su cargo y su militancia.

La deriva hacia la judeofobia fue enfrentada por la militancia judía del laborismo como también por aquellos judíos que habían sido electos como Miembros del Parlamento. Esta es una experiencia parecida y útil que debe ser estudiada, ya que nada en fuerza semejante se nota que exista con la fortaleza debida, en representantes o senadores judíos demócratas en el Congreso. No tengo dudas que deben estar actuando y adoloridos con lo que está pasando en su partido y que están luchando contra quienes han traído consigo un discurso de odio, pero no se nota que ello ocurra a nivel público, ya que quien ha encabezado la defensa de Israel y ha arremetido contra la judeofobia es el senador Fetterman de Pennsylvania, quien hoy aparece cumpliendo ese rol.

No es que nada se haga ya que mucho se hace, pero no se nota que se haga en forma pública y lo que ocurre merece que todo sea ruidoso y no en silencio. Del mismo modo, los dirigentes comunitarios debieran exigir claridad moral a los políticos, al menos a las personas en cuyo financiamiento de campaña electoral se participa, no importando si es mucho o poco.

Por todo ello, estoy convencido que debe hacerse una revisión muy estricta de cómo participa públicamente la comunidad y probablemente el perfil que se requiere es hoy diferente al anterior al 7-X y que tanto hicieron y con tanto éxito en otro escenario, uno que hoy ha desaparecido.

Lo anterior conduce a interesarse de mejor manera en algo que no se ha hecho y solo ha ocurrido en forma marginal, por lo que, en quinto lugar, quienes tienen una responsabilidad a nivel nacional deben abordar lo que ocurre al interior de la comunidad, donde de partida al igual que en el resto del país, hay un problema serio con los más jóvenes, que crecientemente se están restando de actos y actividades comunitarias y en sinagoga de apoyo a Israel, mostrando una actitud crítica hacia ese país.

Es una situación que debe ser enfrentada en forma abierta y prioritaria, toda vez que se puede perder la centralidad que desde su fundación había tenido Israel en la vida judía, y hoy, puede transformarse en factor de división en vez de unidad, si es que no es abordado a tiempo, toda vez que no puede ni debiera ser un tema más, sino que es tan notoria la forma y la velocidad que ha adquirido la judeofobia, que Israel es la seguridad real que impediría la repetición del holocausto, que alguna vez pensé que era una situación que jamás podría repetirse de nuevo, pero hoy, no estoy tan seguro. Solo por eso Israel es hoy la mejor posibilidad de supervivencia de los judíos como judíos.

En sexto lugar, la actual situación exige algo que antes quizás no fue necesario, pero ahora es imprescindible que lo haga la comunidad como tal a través de sus dirigentes, confrontando el fuego amigo-enemigo de aquellos que vestidos de religiosos han asistido a actos pro-Irán con su argumentación que el Estado de Israel no debiera existir, sino que hay que esperar al Mesías. Lo anterior debiera hacerse para dejar en claro que esas personas solo hablan por sí mismas y no representan a la comunidad judía. Del mismo modo, debiera actuarse con fundaciones y grupos que hablan contra Israel desde una perspectiva política, principalmente desde el llamado progresismo. Tambien, igual actitud debiera tomarse, en tribunales si es necesario, con aquellos que por sus apellidos judíos se exhiben como compañeros de ruta de quienes odian a los judíos, dejando claro que no representan a la comunidad, ya que muchas veces, por decisión propia están fuera de ella.

Todo lo anterior es necesario por la confusión que crean al permitir que los organizadores digan que no son “antisemitas” sino “antisionistas”.

¿Tiene hoy la comunidad y sus líderes nacionales, estaduales o locales esa actitud? No tengo una respuesta, pero sí creo, que todo lo que existe es muy valioso, ya que toda la estructura de instituciones que relacionan a la comunidad con la sociedad que la rodea ha prestado inmensos servicios, pero la realidad que le servía de sustento ha sido cambiada hasta hacerse irreconocible, de ahí la urgencia de revisar incluso lo que se hizo después del 7-X, ya que el contexto ha seguido deteriorándose, llegando hasta una situación donde el próximo ocupante de la Casa Blanca puede ser alguien muy crítico no solo de Israel, sino también del funcionamiento de la comunidad judía, por lo que es absolutamente imprescindible preguntarse qué pasó que tantos judíos, quizás un tercio de los que votaron en Nueva York, lo hicieron por Mamdani, el símbolo actual de la judeofobia en EE. UU., que en si no debiera extrañar tanto, ya que en Alemania existió brevemente un movimiento pequeño de apoyo a Hitler en su primera y última elección en 1933, pero dada la naturaleza de lo que está ocurriendo en la politica estadunidense, se hace necesario encargar los estudios que permitan entender por qué se dio ese resultado en la más judía de las ciudades del país, ya que los primeros inmigrantes llegaron cuando todavía era Nueva Ámsterdam, aun antes que fuera parte de EE.UU.

Mamdani se convirtió en símbolo de la judeofobia en Estados Unidos (REUTERS/Adam Gray)

Hoy, el tiempo no corre a favor, sino en contra. Hoy se tiene el respaldo del gobierno federal y de la Casa Blanca, pero no estoy seguro si el próximo a la próxima será igual que todos los presidentes de las últimas décadas en relación con Israel y los judíos estadounidenses. El problema es que la comunidad no controla la situación y la judeofobia está escalando, por lo que los judíos han vuelto a ser el canario en la mina, donde lo que a ellos le ocurre anticipa o advierte de posibles desgracias en camino para todos.

Es hasta injusto pedirle a la comunidad que se comprometa a una lucha que la retrotrae al siglo pasado, a etapas que al menos en EE. UU. se consideraban superadas, toda vez que es para exigir el requisito mínimo de una república democrática, cual lo es la igualdad esencial entre todos los ciudadanos, ya que le han ocurrido y le están ocurriendo situaciones que son impensadas para otras comunidades.

Es un odio demasiado grande para un pueblo demasiado pequeño. Lo único que no corresponde es agachar la cabeza o poner la otra mejilla, ya que la serpiente salió de su nido, está entre nosotros, y no regresará por sí sola al nido.

Máster y PhD en Ciencia Política, (U de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

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