Vienen por todo
“... No venga a pagarme el campo con ojos de forastero, porque no es como aparenta, sino como yo lo siento, su cinto no tiene plata ni para pagar los recuerdos ...”, cantaba José Larralde.
En su ilimitado intento de sustituir a la política, espacio que debe pensar las necesidades de todos, por los negocios, ámbitos desde los cuales el egoísmo impone la desmesura de las ganancias, el poder económico no se conforma con la riqueza, va por más, va por el poder.
La Ley de Tierras es realmente el final de la patria. Si tantas vidas se entregaron en Malvinas y en cada una de nuestras guerras por conservar nuestro territorio, permitir su venta es simplemente aceptar la disolución de nuestra identidad. Esa heredad ha ido lentamente disolviendo la patria, primero con la traición de Carlos Menem, y luego con los errores políticos que se cometieron en nombre del movimiento nacional. Canadá, México y Brasil son las tres naciones del continente. Alguna vez también lo fuimos nosotros, pero siempre vuelve aquella pregunta de Vargas Llosa: “¿Cuándo se jodió el Perú?” Y todos los que dejaron de ser patria se lo deben a la imposición de los intereses sobre el destino colectivo. No hay otra explicación.
Trump intenta, a través de Milei, organizar a los países fracasados como un sistema dependiente de Estados Unidos, idea que se impone desde nuestra terrible dependencia más intelectual que económica. Por su parte, en sentido inverso, la Iglesia tiene, después de Francisco, una centralidad que antes le correspondía al marxismo o a la socialdemocracia o al socialcristianismo. Es decir que la religión ha terminado ocupando, en gran parte, el lugar de la dignidad que antes encontrábamos en las ideologías. La encíclica del Papa León junto a las definiciones de la Iglesia argentina marcan un lugar a la trascendencia de la religión que, por momentos, está ausente de la imprescindible relevancia que debería tener la dirigencia política. Hasta en Estados Unidos surgen voces y espacios de poder que cuestionan la demencia de lo económico por sobre lo social, esta crisis en la cual el humanismo cae derrotado frente a un individualismo brutalmente egoísta y codicioso.
Para los que tenemos años, los golpes militares, todos ellos, reiteraron este deseo que hoy advertimos nítidamente en Milei, para quien la democracia es el riesgo “kuka” que podría molestar a los mercados, situación en la cual se priorizan los intereses por encima de los seres humanos. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, no estuvo nunca manchado por el virus que enfermó a la política argentina: el uso del poder colectivo para el interés individual, lo que frívolamente solemos llamar “corrupción” sin medir sus nefastas consecuencias en la vida de los pueblos. Vienen elecciones en el mundo. Brasil, Israel y Estados Unidos pueden cambiar esta atroz realidad donde una ultraderecha deshumanizada desprecia las necesidades de las mayorías.
El presidente Milei genera vergüenza y en ese sentido, las relaciones con Brasil y con España marcan una crisis donde como siempre, cuando no es el talento el que convoca o llama la atención, le deja el lugar a la limitación mental o, lisa y llanamente, a la demencia. La agresión a Brasil por parte de un mandatario grosero e inescrupuloso a un verdadero estadista se origina en algo esencial: la envidia que nos da la burguesía paulista, ese empresariado enamorado de su patria. No somos socialistas, pero creemos en un capitalismo arraigado a la tierra y no en una dependencia sin raíces.
Las encuestas, esa forma de medir las situaciones coyunturales sin imaginar la película, esa forma de gestar visiones tan divergentes, ya empiezan a marcar la imposibilidad del Presidente de ganar en primera vuelta, y ven más difícil aún, la de hacerlo en un balotaje. El partido gobernante, en su imperativa y grotesca pretensión de pintar de violeta al país, termina obligando a los gobernadores a adelantar sus procesos electorales para distanciarse de esa imagen que en un momento parecía atractiva a buena parte de la sociedad e inexorablemente se está convirtiendo en el rechazo más colectivo que recibe este mandatario.
El oficialismo se refugia en la voluntad de fractura de la oposición, en rigor, del peronismo, entre un Kicillof que va creciendo en las encuestas y una Cristina Kirchner que, impotente para gestar una opción, se conforma con destruir aquello que en algún momento fue su causa.
Los periodistas oficialistas se desviven por denunciar el caso AFA, que carga con su indiscutible corrupción. Pero quienes cuestionan a la entidad no dan la impresión de hacerlo por una vocación de transparencia, sino debido a su desesperación enfermiza por privatizar y apropiarse de todo lo que ofrezca una clara rentabilidad, voluntad irrefrenable que los devora desde los tiempos de Menem.
La esperanza se va disipando del horizonte de nuestra sociedad, la grandeza está ausente en la clase dirigente que tendría que asumir sus obligaciones, incluida la de retirarse a tiempo cuando solo es daño lo que puede generar.
Todos los sectores deben constituir un frente, unir las fuerzas que favorezcan la posibilidad de tener políticas que den trabajo a todos los habitantes de nuestra tierra y dejar de ser dependientes de los negociados, de los importadores, de todos aquellos cuyos intereses no son una ideología, sino tan solo una forma de desprecio al resto de los humanos. Hasta la misma presidenta del Fondo Monetario preguntó por la crisis de consumo, y los empresarios que se reunieron con ella poco podían explicarle, simplemente porque nunca se interesaron por las carencias de los otros.
En la difícil pulseada entre culturas y riquezas, nosotros teníamos una situación privilegiada por el lugar que ocupábamos en el mundo y hoy, si se aceptan estas leyes degradantes, pasaremos a ser uno de los espacios más perjudicados por el triunfo de la desmesura de las riquezas sobre las patrias. Sin embargo, la pendiente no cesa, lentamente los números del oficialismo van a seguir decreciendo, y la obligación de los sectores patrióticos consiste en gestar una alternativa. Apuesto a esa posibilidad.