Los huérfanos de la polarización: un desencanto que crece en silencio
La dinámica política argentina parece estancada en una ciénaga. El Gobierno sufrió un descenso marcado en la valoración pública durante la primera parte del año, pero al mismo tiempo el peronismo, principal fuerza opositora, exhibe una imposibilidad estructural por capitalizar ese retroceso. La sociedad bascula entre la indiferencia y el desencanto.
En términos conceptuales amplios, la escenografía política tiene un aroma similar -y también diferencias- con el cuadro que imperaba antes de la histórica elección de 2023 y de la irrupción meteórica de Javier Milei. Un gobierno que sufre el desgaste de la gestión y le cuesta mantener las expectativas, pero que conserva competitividad electoral; y una fuerza opositora dominante (en aquel momento Juntos por el Cambio, hoy el peronismo) que no consigue aprovechar ese déficit para transformarse en una alternativa ganadora. Al mismo tiempo, los navegantes de la tercera opción son seducidos por el canto de sirena del ancho océano del medio, que a medida que se acerca la elección se convierte en un estrecho sin agua. Rigen otra vez escenarios de polarización forzada y elecciones por default.
En este contexto el sujeto determinante son los “ni-ni”, ese tercio de la sociedad que hoy se encuentra tironeado entre dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, el desencanto con Milei por el estancamiento económico; y por el otro, por tres pulsiones negativas: no al pasado (exclusión de las figuras del viejo régimen, desde Cristina Kirchner hasta Mauricio Macri), no a la inestabilidad (un temor que se cristalizó en la elección del año pasado), no hay alternativas (como muestra la dificultad para la instalación de nuevas figuras atractivas). Están atenazados en esa disyuntiva.
No sólo son los que definen las elecciones; también son los que inciden en la agenda pública, los que marcan las preocupaciones centrales, los que condicionan a la dirigencia con sus opiniones, sus modos de consumir, sus restricciones, sus rechazos, sus pasiones. Es un segmento tremendamente significativo en un país en el que las lealtades partidarias desaparecieron, las identificaciones ideológicas se diluyeron y las preferencias por los liderazgos pasaron a un estado condicional. Tienen una lógica transaccional. Constituyen un colectivo muy heterogéneo, sin representación de ningún tipo, con intereses caleidoscópicos y preferencias oscilantes.
Este grupo está agazapado detrás de una aparente indiferencia, pero se está moviendo, procesa y evalúa, muchas veces ante el desconcierto de la dirigencia, los encuestadores y los periodistas. Como si disfrutara de ese código de confidencialidad compartido que le permite sorprender cuando le toca expresarse. Como en agosto de 2023. Como en octubre de 2025.
Aun en ese estado líquido, hay algunas certezas sobre este segmento díscolo. La primera de ellas es que esta comunidad vino creciendo, especialmente por un aumento del desencanto con la gestión de Milei. Tiene lógica, la mayor parte de este grupo votó por La Libertad Avanza en el ballotage de 2023, lo que le permitió alcanzar el 56% de los votos, una cifra muy lejana para las adhesiones que hoy cosecha el oficialismo.
Si bien la caída más fuerte se produjo en el verano por la deficiente performance económica, y se profundizó después por el impacto del caso Manuel Adorni, entre junio y julio no se percibe un rebote. Esto podría estar marcando un techo en la capacidad de Milei de regenerar expectativas, al menos hasta que se perciba una mejora en el poder adquisitivo y el consumo.
La consultora Poliarquía lo apunta en su último informe, en el que registra un desmejoramiento en el humor social y en todos los indicadores de valoración de la gestión libertaria: “Estos datos llegan cuando el Gobierno ha empezado a ordenarse políticamente, reduciendo los niveles de confrontación interna, cambiando al jefe de Gabinete, avanzando en las negociaciones con gobernadores y otros actores, y en un contexto de solidez financiera. Evidentemente, esto no es suficiente mientras no se traduzca en una mejora perceptible de la economía cotidiana”.
Al mismo tiempo, la agenda que promueve la Casa Rosada parece estar divorciada de las preocupaciones de la mayoría de la sociedad, cuando impulsa un set de proyectos que van desde la reforma de la carta orgánica del Banco Central, al RIGI II y la inocencia fiscal. Aparece una falta de sintonía que en momentos de inquietud económica es desaconsejable. Por eso el valle de los desilusionados se nutre principalmente desde la cantera oficialista.
Según la consultora QSocial, dirigido por Lucas Klobovs, el bloque intermedio pasó del 30% al 40% en el último año, en un crecimiento constante todos los meses, lo que da una idea de un proceso que no es coyuntural. Existe un consenso entre las consultoras en que este engrosamiento está muy asentado en el corrimiento del antiguo votante de Juntos por el Cambio. “El desgaste acumulado parece haber decantado entre los votantes de Patricia Bullrich: el crédito cae 19 puntos en el último mes y 31 puntos desde su máximo de febrero de 2026”, señala Poliarquía.
Un trabajo de la consultora Isonomía, disecciona el tercio del medio en dos grupos predominantes. En el primero de ellos, que explica un 60% de este segmento, predomina una lógica transaccional, donde aparece un límite material frente a la posibilidad de volver a votar a Milei. Todo depende de un incremento del poder adquisitivo y de la capacidad de compra, variables hoy deterioradas que los distanció del Gobierno. El segundo grupo, que concentra al 40% restante, directamente está expresando que no irá a votar, un fenómeno visible el año pasado, que podría replicarse en 2027. Es el grupo de desencantados más fuerte, donde aparece un incidencia agravada entre los jóvenes, los abanderados de la ilusión de hace tres años.
Rodrigo Martínez, director de Isonomía, resalta que si bien este grupo está más alejado del Gobierno incluso que hace un año, “no se alejaron con la misma intensidad del rumbo del país. Tienen más problemas con el Gobierno como instrumento político, que con el rumbo que representa”. Y agrega una explicación de profunda relevancia: “A este segmento le cuesta largar la vocación de cambio de 2023. Está sobreinvertido en este Gobierno, entonces no sabe cómo mantener su objetivo de cambio prescindiendo de Milei”.
Implícito en todo este razonamiento anida la idea de que el peronismo no sólo no encarna un cambio, sino que remite inevitablemente al pasado. No logra salir de un cuadrante que genera un profundo rechazo social. Ahí no hay nada virtuoso para rescatar. La construcción de futuro es un desafío doctrinario para una fuerza política que le cuesta despojarse de las utopías retrospectivas para posicionarse en un siglo XXI tremendamente dinámico.
Y este es un problema en particular para Axel Kicillof, el único referente del espacio que es visualizado como potencial rival de Milei. Le cuesta terminar de componer sus “nuevas canciones” cuando queda envuelto en la interna con Cristina Kirchner y La Cámpora. El gobernador todavía es un candidato en construcción, porque intuye que con su retórica clásica no podrá seducir a ese electorado díscolo del medio. Padece la paradoja de que ese grupo lo identifica con el kirchnerismo, a pesar de que él intenta despegarse de ese extremo. Necesita de los votantes kirchneristas, pero también requiere no parecer kirchnerista. Una contorsión compleja.
Un viaje por las profundidades del pensamiento de los “ni-ni” podría ser retratado por un conjunto de fotos superpuestas, incluso en algunos casos contradictorias, pero que merecen ser evaluadas. Es natural, son el fruto de la insatisfacción y de las frustraciones. El trabajo de QSocial identifica algunas claves interesantes. Un 73% dice estar “cansado de las opciones actuales”, expresión de una fatiga con el sistema tal como está hoy; y un 75% señala que Milei “se pareció a la casta”, una referencia a la pérdida del carácter disruptivo del outsider. Este desgaste simbólico, magnificado por el caso Adorni, sobrecarga la dependencia de los resultados económicos.
Al mismo tiempo, un 71% “pide renovación en el peronismo”, una clara indicación de que la principal fuerza opositora no la logra cautivar en su actual estado. Pero lo más importante para el Gobierno es que el 50% expresa que “quiere cambiar algunas políticas y continuar otras”, es decir que no es un segmento anti-Milei absoluto. Esto abre la posibilidad de que puedan volver a votar al oficialismo, aun con la insatisfacción a cuestas.
Esta aparente contradicción entre descontento con la gestión, pero al mismo tiempo posibilidad de reincidencia en el voto, emerge en la mayoría de los trabajos. Por ejemplo en el sondeo de la consultora Mide, que dirige Carla Piccolomini, después de decenas de respuestas muy negativas para el Gobierno sobre la situación económica y las expectativas futuras, al final en la pregunta clave, “a qué espacio política votarías si hoy fueran las elecciones”, LLA quedó al frente con el 31% de las respuestas. La misma secuencia se registró en el estudio del Observatorio de Psicología de la UBA, en donde tras un diagnóstico general muy negativo el oficialismo quedó al frente con un 32% de intención de voto.
Acá lo importante no son los números en sí mismo, sino la contradicción conceptual, porque está denotando un desacople muy extraño entre la situación personal de los consultados y su posible decisión electoral. Probablemente si se agravara la situación económica, esta anomalía no se sostendría, pero por ahora parece regir, en un escenario que mantiene cierta incertidumbre sobre el destino final del programa de Milei.
Patricio Hernández, director de la consultora Methodo, agrega una dimensión muy importante a partir de medir más de 465 millones de interacciones en Facebook, Instagram, YouTube y X. La conclusión más elocuente es que detecta que mientras hay dos minorías intensas en las redes, con un 19% que orbita en torno del kirchnerismo duro y un 24% del núcleo libertario, un 57% navega en “modo avión”, es decir que está desenchufada.
“Modo avión no es indiferencia, sino desconexión deliberada. La misma que elige un pasajero antes de despegar. Ese electorado no vive adentro de la conversación política. Aparece cuando algo lo afecta directamente -el sueldo, el trabajo, la seguridad, la familia- y apenas ese algo se acomoda vuelve a apagar el teléfono”, describe.
Su conversación digital gira en torno de tópicos como “familia”, “amigos”, “humor-memes-reels”, “perros-mascotas”, “fútbol-deporte”, “comida” y “sexo”. No hay puntos de contacto con el ecosistema libertario (“Milei”, “Trump-USA”, “inflación”, “dólar”, “déficit cero”, “FMI”) ni con el peronista (“CFK”, “Kicillof”, “Massa”, “La Cámpora”, “PJ”, “gobernadores”, “intendentes”). Circulan como universos autónomos.
Esto es un problema para Milei, que en todo el camino hacia 2023 logró un alto grado de intersección con la agenda social, algo que al peronismo hace tiempo le queda muy lejos. Aun con un fuerte retroceso, el Presidente sigue dominando el volumen de menciones (pasó de 15 millones mensuales después de asumir, a 6,9 millones en junio), muy por encima de las principales figuras opositoras, como Cristina Kirchner (2 millones) y Kicillof (1,8 millones). En esta medición, los aspirantes outsiders pasan desapercibidos para la conversación digital, una gran diferencia con el Milei candidato en su camino hacia la Casa Rosada.
En un memorable artículo académico de 2003, Juan Carlos Torre analizó la implosión del sistema que se produjo dos años antes y habló de “Los huérfanos de la política de partidos”. El vacío de representación que describía el sociólogo afectaba en particular al espectro no peronista, el más impactado por la crisis. En 2023 se produjo una ruptura similar en términos políticos (aunque sin explosión social), con el quiebre del bicoalicionismo UP-JxC, que había dominado la escena nacional durante 15 años. El líder libertario fue un emergente de última instancia que salvó el sistema de un proceso incierto. Fue el catalizador de un estado de hartazgo supremo.
Hoy Milei ya está integrado a un sistema que sigue siendo disfuncional y que recrea una nueva antinomia de bajas calorías. Ya no es más parte de la solución; ahora pasó a ser parte del problema. Una renovada mayoría empieza a deambular otra vez sin rumbo. Quizás es momento de empezar a preguntarse qué pasará con los huérfanos de la polarización.
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