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lanacion.com.ar · hace 1 hora · Marcos Gallacher, Osvaldo Meloni

Nuevas políticas: las dos regiones del país que pueden superar un retraso de décadas

LA NACION

Cuando se analiza la larga decadencia que padeció la Argentina en buena parte del último siglo, suele soslayarse que ese declive fue desparejo desde el punto de vista regional. Si bien el país en su conjunto fue afectado por inestabilidad macroeconómica y políticas que dificultaron una asignación de recursos orientada al crecimiento, quienes más recibieron el impacto negativo fueron las regiones extrapampeanas y, entre estas, las del NOA y NEA. Y esto resultó en un crecimiento agropecuario y agroindustrial menor al potencial que estas regiones tienen.

El modelo de economía cerrada que prevaleció desde la Gran Depresión vino acompañado de fuerte intervención del Estado en la vida económica y de un portentoso aumento del tamaño del sector público y de la presión tributaria. Ni la inflación ni las crisis que se sucedieron como consecuencia de déficits fiscales y de inconsistencias macroeconómicas fueron neutrales geográficamente, sino que impactaron más a las regiones relativamente más pobres y con menor capital físico y humano.

Otros de los factores con desigual impacto regional y que fueron moldeando economías poco competitivas y expulsoras de capital humano fueron la fijación de salarios y condiciones laborales para todo el país independientemente de la productividad de los trabajadores de cada jurisdicción. A su vez, cerrar la economía implicó fortalecer sindicatos con efecto sobre la localización de industrias y empleo. Las actividades agropecuarias intensivas en trabajo, como la producción de hortalizas, frutas y ornamentales fueron especialmente impactadas. En efecto, mientras que los costos laborales representan menos del 10% de los costos totales en las producciones extensivas (cereales y oleaginosas) de la Pradera Pampeana, en las intensivas estos costos pueden alcanzar 50% o más en actividades intensivas que son, precisamente, aquellas que representan oportunidades potenciales para el NOA y NEA.

También contribuyeron a profundizar la desigualdad regional la protección y regulación de un amplio número de sectores y actividades, en particular de aquellos relacionados con el transporte que fueron alejando a las producciones regionales de los puertos y de los centros de consumo masivo. Las retenciones, con las que se castigó fuertemente al agro en las últimas décadas, no son geográficamente neutrales, sino que golpean más a las zonas extra pampeanas.

Limón en fresco en Tucumán

Otro de los factores que explica el retraso del NOA y del NEA fue la reformulación de la relación Nación-provincias que se manifestó principalmente en las leyes de coparticipación federal de impuestos dominada por criterios redistributivos. Las transferencias automáticas de recursos fiscales de Nación a provincias tienen un impacto negativo no solo sobre la producción agropecuaria, sino (y especialmente) sobre las posibilidades de desarrollo regional. La coparticipación redistributiva rompe el eslabón recursos-gastos lo que permite a los gobernadores aumentar el gasto público sin gravar a sus ciudadanos, y desincentiva a controlar el nivel y la composición de las erogaciones públicas, lo que disminuye la rentabilidad de los gastos de capital (por ejemplo, inversiones en infraestructura) y aumenta la de los gastos corrientes (por ejemplo, planteles estatales). Por otro lado, modifican el precio relativo de bienes y servicios transables a no transables.

La consecuente apreciación del tipo de cambio real desincentiva la producción de transables y favorece la de no transables, generando un déficit comercial indefinido en bienes transables con el resto del país (similar a un commodity boom –dutch disease) lo cual resulta en economías regionales con escasa inserción internacional y producción dominada por la existencia de insumos estratégicos localizados.

En definitiva, las transferencias redistributivas para “ayudar” a las provincias pobres desembocan en un “efecto cautiverio”, donde las especies animales que son apartadas de su hábitat pierden en cautiverio sus habilidades de supervivencia. La genética de la especie es salvada, pero las adaptaciones culturales al medio natural se pierden.

No es de extrañar, entonces, que las provincias del NOA y del NEA se hayan desempeñado muy por debajo de su potencial productivo de granos, carne y productos hortícolas, frutales y forestales.

El cambio de rumbo operado en los últimos dos años está contribuyendo a derribar esas políticas que alejaban a las regiones extrapampeanas de su potencial: el descenso de la inflación, los cambios en las leyes laborales, la disminución de las retenciones y la eliminación de regulaciones que desalientan la producción del interior van en el sentido correcto, aunque deben profundizarse. La autopista al desarrollo se tiene que completar con obras de infraestructura y con el cambio en las reglas fiscales nación – provincias, alejándonos de la coparticipación redistributiva y facilitando que el potencial de las zonas extrapampeanas se manifieste en toda su dimensión.

Docentes de la Universidad del CEMA y de la Universidad Nacional de Tucumán, respectivamente

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