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clarin.com · hace 12 horas · Clarin.com - Home

Milei se abraza al marketing trumpista pero negocia con China

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Javier Milei puso el cuerpo en dos campañas presidenciales fuera de la Argentina, con la interferencia que eso significa: Hungría, a donde viajó para apoyar a Viktor Orban, y Brasil, para levantarle la mano a Flávio Bolsonaro. En la primera apuesta, perdió. En la segunda, está por verse.

El dato sirve para poner en dimensión qué lugares eligió para jugar su propia figura: ambos de relevancia en el tablero para Estados Unidos. Ahora el Presidente busca capitalizar una serie de triunfos de la derecha en América Latina, en la denominada “ola azul”, de los que es parte más de manera discursiva que operativa.

El Gobierno encara la segunda mitad del año sin poder encaminar una agenda favorable, y con los índices de confianza en caída, sobre todo, en relación a la situación económica. El marketing del oficialismo, administrado por Santiago Caputo, se ha dispuesto para erigirlo como un líder regional. De hecho, sus ex socios de la consultora Move –con los que formalmente no tiene vinculación– participaron de asesoramientos en varios países, como en Perú. La Casa Rosada se viene montando en “drivers” de odio globales para romper la falta de capacidad para instalar temas: el rechazo a los inmigrantes, la “campaña antiargentina”, el islam. Es una batería de asuntos de trascendencia efímera en redes, sin anclaje en preocupaciones cotidianas, centradas en el empleo y los salarios.

En la misión de propagar su mensaje, el jueves Milei estará en Colombia, para la asunción de Abelardo de la Espriella, un outsider de derecha, y, luego, visitará en Ecuador al presidente Daniel Noboa, de origen empresario, electo en 2023.

Milei funciona más con una lógica de rockstar que de líder político. La repercusión que propicia radica en su estilo agresivo y lo contundente de sus afirmaciones, algunas disparatadas. ¿Es conocido en el mundo? Sí. ¿Genera viralización? Sí. Pero liderar supone reunir al resto de los presidentes y ejecutar un camino en base a propuestas definidas, y eso no ocurrió hasta ahora. La política exterior argentina se limita a seguir a rajatabla las posiciones de Estados Unidos e Israel, o, mejor dicho, de Donald Trump y Benjamín Netanyahu.

La intención de encabezar una liga regional excluye a Brasil y México, por lejos los primeros en el ranking del PBI, quedándose con naciones con una capacidad económica relativamente pequeña y de las que se propone representarlas frente a Trump.

¿Cuál puede ser el interés, por ejemplo, de Nayib Bukele en este servicio? Tiene línea directa con Washington y marca registrada propia por el combate al crimen organizado. Al revisar las redes del salvadoreño, se puede ver rápidamente que destaca logros como la edificación de hospitales bajo el slogan “Público. Digno. Gratuito. Para todos”. No tiene nada que ver con el enfoque del proyecto libertario. De hecho, en su historial de X, no hay una sola mención a Milei, aunque se hayan visto personalmente.

Es decir, el grupo de mandatarios embanderados en posiciones de derecha registran amplias diferencias. También respecto de la influencia de Xi Jinping. Un caso es el de Perú, tan comentado por el triunfo de Keiko Fujimori. Allí se desarrolló el megapuerto de Chancay, diseñado para convertirse en el principal centro logístico y de transbordo de Sudamérica, en la conexión del mercado Asia-Pacífico. China, a través de la firma Cosco Shipping, posee el 60% del paquete accionario y fue determinante en la inversión y la tecnología aplicada a la terminal, operativa desde el año pasado, con alto impacto: obtuvo un ahorro de tiempo de por lo menos 10 días –según los destinos – y una reducción de 20% de los costos de logística. Es poco el margen de la nueva presidenta, si quisiera, de sostener una relación distante con el principal rival de Estados Unidos.

El desinterés que mostró la Casa Blanca respecto de América Latina desde el 2000 sumado a la expansión de la denominada “ola rosa” protagonizada por gobiernos de izquierda o progresistas dio pie a una fuerte penetración de China que ahora es muy difícil de revertir. En todo caso, Trump podrá intentar detener un mayor avance en el mejor escenario.

En el orden de lo simbólico, Milei se abraza al líder de MAGA, mientras Karina se encamina a visitar China. Pasaron casi dos años desde que el Presidente, en una entrevista con Susana Giménez, elogió al gigante asiático y anunció un viaje que nunca se realizó. Ahora, la comitiva que iría no incluye al jefe de Estado, pero sí a su hermana, lo que también es una señal.

“La diplomacia presidencial es irremplazable con China por las características del sistema político, la importancia y la escala del país. Es clave como herramienta para conseguir lo que un país quiere con China porque ellos sí saben lo que quieren con cada país”, evalúa Patricio Guisto, director del Observatorio Sino-Argentino.

El dilema es la enorme presión de Estados Unidos. La Casa Blanca exigió, como contrapartida del respaldo en las elecciones legislativas de 2025, “sacar a China de la Argentina”, en palabras del secretario del Tesoro, Scott Bessent. Es una meta que está muy lejos de conseguirse. De hecho, hay conversaciones para que este mes se renueve el swap de monedas con el Banco Central, pronto a vencer desde su firma en 2023. Según admiten desde ambos lados, todo indica que hay luz verde: el gobierno libertario no puede prescindir de este mecanismo que ayuda a fortalecer las reservas del Banco Central.

En la relación con China, hay dos niveles. Por un lado, el vínculo político, congelado por razones ideológicas de parte de Milei. Por otro, el comercial y financiero que fluye aún mejor que en otras épocas. Las condiciones del modelo de apertura económica les resultan beneficiosos para vender al país sin trabas como también los planes de incentivos a las inversiones, como el RIGI y el Super RIGI. El intercambio creció desde un lugar marginal en la década del ‘90 hasta consolidarse como segundo socio, luego de Brasil. Entre enero y junio de este año, las exportaciones a China aumentaron 59,1%, por encima de cualquier otro destino. A su vez, pasó a ser el principal país al que le compramos, al llegar a los 7.983 millones de dólares en el primer semestre, el doble de lo importado desde EE.UU.

La nueva estrella son los autos eléctricos. La china BYD se coló en el top ten de vehículos más demandados a pesar de que desembarcó hace menos de un año, y lleva vendidos en 2026 arriba de 8.200 unidades, según un reporte de Bloomberg.

Hasta ahora, hubo solo dos proyectos en los que resultaron perjudicados, de la amplia lista de intereses: 1) el archivo del proyecto de construir una cuarta central nuclear, algo que ya venía suspendido de la época de Alberto Fernández; y 2) el freno a la construcción de un radiotelescopio argentino-chino en San Juan.

Es irrelevante en términos del contexto general. El gobierno chino no pretende el alineamiento de un presidente de las características de Milei, solo quiere que no lo molesten para seguir haciendo negocios. Xi busca consolidarse como un socio estable y pragmático, sin propósitos de imponer ideología en el pliego de condiciones. Ofrece en la competencia con Estados Unidos un marco de cooperación, con la seguridad del que cree que ya ganó.

El reciente lanzamiento del modelo Kimi K3 muestra que prácticamente no hay brecha en la carrera por la Inteligencia Artificial. En Silicon Valley discuten qué camino seguir, pero es evidente que los bloqueos de Trump para que China no acceda a chips avanzados no detienen su desarrollo. De hecho, Elon Musk sostiene que esas restricciones aceleraron el proceso para que pueda producir sus propios semiconductores, algo que se creía que podía llevar años. “Están más cerca de lo que muchos creen de resolver el problema de la litografía”, enfatizó.

Esta transformación tecnológica sin precedentes viene acompañada de una fragmentación y descomposición del sistema que rigió la convivencia internacional. Estados Unidos adquirió un rol paradojal: fue impulsor del orden liberal de posguerra que ahora está empecinado en enterrar. Milei navega así en consignas de pancarta sobre Occidente para neutralizar algún malestar que se transmite desde Washington. No ve otra manera de atravesar la elección de 2027 que no sea al lado de Trump.

Jesica Bossi

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