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lanacion.com.ar · hace 4 horas · Sofía Diamante

Ricardo Arriazu ve “un alineamiento de los planetas” a favor del país, pero volvió a advertir por el desempleo en el AMBA

LA NACION

“Está claro que el mundo nos está dando una oportunidad fenomenal”, dijo el economista Ricardo Arriazu ante empresarios e inversores, al describir lo que definió como “el alineamiento de los planetas” a favor de la Argentina. El conflicto en Medio Oriente, la relación entre Estados Unidos y China y la carrera tecnológica global generaron una demanda simultánea de energía, cobre, litio y plata, los recursos que el país tiene para ofrecer.

El economista, que disertó junto a Fernando Marengo, economista jefe de BlackToro Asset Management, repasó un combo de factores cíclicos que impulsan el frente externo: la mejor cosecha de la historia, con un volumen 19% superior al del año pasado, y el destrabe de los cuellos de botella en Vaca Muerta, con el oleoducto Duplicar Plus funcionando a pleno durante todo el año y la puesta en marcha, prevista para fin de 2026, del VMOS hacia Punta Colorada, Río Negro.

Ese combo, dijo, elevó de manera sustancial las proyecciones de superávit comercial. “Nosotros al principio de este año lo calculábamos en US$13.500 millones, ahora estamos cerca de US$27.000 millones”, señaló Arriazu, lo que a su vez deriva en un superávit de cuenta corriente cercano a los US$9000 millones. “Eso me genera un gigantesco superávit en cuenta corriente. Pero el clima en algún momento va a cambiar”, advirtió.

El economista planteó que la pregunta central para el año electoral es si la Argentina logrará evitar “el péndulo” de la política. Para eso, dijo, las variables favorables externas tienen que trasladarse a la confianza de la ciudadanía. Citó como referencia el índice de confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella, “el mejor predictor de elecciones”, que subió en mayo pero volvió a caer en junio. “Su confianza es en función de cómo se sienten en cuanto a empleo, inflación, ingreso, la política y la corrupción”, explicó.

Ricardo Arriazu: "El gran desafío argentino es cómo convenzo a los argentinos de que no van a ser estafados"

Arriazu dedicó buena parte de su exposición al mercado de crédito y a la brecha entre la tasa que pagan los ahorristas por sus plazos fijos y la que cobran los bancos por préstamos personales y tarjetas. Atribuyó ese diferencial a dos causas: los encajes no remunerados que deben constituir los bancos sobre los depósitos —lo que encarece el fondeo que después trasladan a los préstamos— y el temor de las entidades a un aumento de la morosidad, que subió en parte por las tasas elevadas del año pasado y en parte porque “mucha gente se endeudó hasta la cabeza para irse de viaje, para comprar durables, para comprar motos” en la expectativa de que la inflación licuara esa deuda, algo que finalmente no ocurrió. La única salida posible, sostuvo, es que la política monetaria se vuelva más flexible y baje el riesgo país, de manera que vuelva a haber crédito genuino al sector privado.

El desafío de fondo, planteó, es de expectativas más que de números. “El gran desafío argentino es cómo convenzo a los argentinos de que no van a ser estafados y que les conviene invertir en el país”, dijo, al recordar que el patrimonio de los argentinos equivale a unas cinco veces el PBI, pero el 80% está inmovilizado en ladrillos y en dólares en el exterior por una “actitud defensiva” frente a las crisis recurrentes.

A la vez, Arriazu volvió a advertir sobre los costos sociales de la transición. Sectores como la industria, el comercio y la construcción están sufriendo el impacto de la apertura y del nuevo esquema cambiario, mientras que la minería, la energía y el agro se consolidan como ganadores. “Esto va a generar bolsones de descontento, bolsones de desempleo y de pobreza justo en la zona políticamente más intensa”, dijo, en referencia al Gran Buenos Aires.

Como ejemplo de que la confianza y la inversión todavía no terminan de traducirse en la economía real, citó los montos del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Pese a los proyectos aprobados, el último dato de desembolso efectivo apenas llega a US$1400 millones. “Está bien, toma tiempo; es confianza y tiempo”, dijo.

Marengo, por su parte, ubicó a la Argentina dentro de un contexto internacional que calificó de favorable, con una eventual desaceleración de la actividad global pero sin riesgo de recesión, y con América Latina beneficiada por los precios de las materias primas y por un proceso de diversificación de las carteras de inversión hacia deuda emergente.

Fernando Marengo: "Toda la historia argentina de volatilidad e inflación fue producto del déficit fiscal"

En el plano local, el economista puso el foco en el fenómeno de dolarización de portafolios. En los últimos 12 meses a mayo, los argentinos compraron US$40.000 millones, entre inversiones en el exterior, depósitos en dólares, pago de importaciones y turismo. “Para tener idea de magnitud, son seis puntos del PBI”, dijo, dinero que en lugar de circular y generar actividad económica “se metió en el colchón o se fue al turismo al extranjero o a pagar importaciones”. Marengo remarcó que buena parte de lo que ocurra en 2027 dependerá de cómo llegue la economía a la elección, y en particular del ritmo al que los argentinos vuelvan a demandar pesos en lugar de dólares.

Consultado sobre qué hace distinta a esta etapa de las anteriores, Marengo retomó una definición de Arriazu y la subrayó: el superávit fiscal. “Yo lo pondría con mayúscula, negrita y resaltado”, dijo.

“Toda la historia argentina de los últimos 70 u 80 años de volatilidad, inflación y reestructuraciones de deuda fue producto del déficit fiscal. Es la primera vez que la Argentina encara un programa de ajuste fiscal que lleva a una situación de equilibrio y que hay un compromiso político por mantenerlo”, explicó. A eso sumó que, por primera vez en mucho tiempo, el país combina superávit fiscal y superávit externo, algo inédito no solo en la historia argentina sino también en la región. El interrogante que dejó planteado fue cómo trasladar ese ordenamiento macroeconómico —y el potencial de la cordillera y el agro— al bolsillo de la gente.

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