El modelo coreano
La República de Corea destaca como un caso exitoso de desarrollo entre los países de industrialización tardía. El "milagro en el río Han" hizo de una economía agropastoril una potencia exportadora entre 1960 y 1990. Este ejemplo se utiliza frecuentemente en contraste con el agotamiento de la industrialización por sustitución de importaciones en Argentina desde inicios de los años 70.
El foco de esas comparaciones suelen estar en las grandes cifras económicas, pero rara vez se profundiza en las políticas doméstica y exterior coreanas, cruciales también para concretar dicho milagro.
El modelo surcoreano se caracteriza por una "productividad inclusiva", donde el crecimiento a largo plazo se sostiene mediante la creación de empleo y la mejora de las condiciones laborales. Este bienestar distribuido fortaleció la democracia ganada en 1987, legitimando un régimen político que nunca antes había estado vigente.
El éxito del país se apoya también en una política exterior inteligente que combina la protección militar de Estados Unidos con una relación económica beneficiosa con China. Esta fórmula, conocida en coreano como anmi gyeongjung, es solo una viga de su estrategia de potencia media, ya que Corea también proyecta, gracias al constante apoyo estatal, su poder tecnológico y una cultura que ofrece el K-Pop, la cinematografía y una literatura consagrada con el Nobel a Han Kang.
La visita a Buenos Aires del presidente Lee Jae-myung invita a apreciar la utilidad de estas orientaciones estables y a situar a su país en las coordenadas actuales. Lee fue electo en las urnas tras desarticularse una intentona golpista encabezada por su antecesor, Yoon Suk-yeol. Dicha asonada, que incluyó una efímera clausura del Congreso, fue similar a los hechos vividos en Estados Unidos en 2021 y en Brasil en 2023. Sin embargo, la rápida movilización de la ciudadanía abortó la maniobra autoritaria y forzó el encarcelamiento de Yoon.
El presidente Lee y su Partido Demócrata, miembro a nivel global de la Alianza Progresista, han apostado al impulso de la justicia social como motor del desarrollo coreano. Como gobernador de la provincia de Gyeonggi, Lee implementó un ambicioso programa de ingreso básico universal. Ya como presidente, reguló férreamente un mercado bursátil anteriormente visto como opaco y concentrador de ganancias. Por este camino, superó su promesa de llevar el antes estancado índice KOSPI por encima de los 5.000 puntos: hoy acaricia los 7.000. Facilitar la participación de los pequeños ahorristas y sacarlos de la especulación inmobiliaria es ya un logro perdurable de un mandato que sólo termina en 2030.
Corea no ha dejado que los beneficios del superciclo de precios de los semiconductores, asociado al auge global de la inteligencia artificial, se concentren en las manos del capital. Por el contrario, una dura negociación sindical, que amenazó con la huelga a Samsung, corazón productivo del país, ha dado lugar a un acuerdo que distribuye las ganancias extraordinarias entre los trabajadores.
En la Corea actual, una política pública progresista, realimentada por vigorosas demandas sociales, sostiene un proyecto incluyente que ha dejado de ser milagro para consolidarse como un proyecto de realización colectiva.
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