Malvinas, Lula: la “emocionalidad importante” de Milei afecta la diplomacia
“¿Sabe quién puso más plata en esta campaña antiargentina? El gobierno de Brasil. El 25% de los recursos salió del gobierno de Brasil. Después vienen a hablar de interferencia”, dijo convencido el presidente Milei en una entrevista radial esta semana. No se trata de una frase simplemente agraviante, como otras que tuvo en San Pablo tratando al presidente de Brasil, Lula Da Silva, de “presidiario”; “ladrón”; “zurdo totalitario”, entre otros insultos que desataron el mayor conflicto diplomático entre Brasil y la Argentina en los últimos 150 años de historia. La acusación de Milei no fue con signo de pregunta, sino que realizó una afirmación con tanta seguridad que dejó entrever que tiene conocimiento de algo orquestado porque, cuando remarcó que una cuarta parte del financiamiento de la campaña “anti argentina” estuvo en manos de Lula, reconoció la existencia de una campaña guiada y diagramada contra nuestro país financiada por aquellos que la mandaron a ejecutar, porque si es cierto que Lula costeó un 25%, debería existir un total del 100% cuyo monto el presidente conoce, pero no amplía. Milei da por sentado que no se trataría de un conjunto de hechos aislados, magnificados por la prensa y las redes sociales motivados por el deseo de que a la Selección Argentina le vaya mal en el Mundial o que pierda la final, porque los proyectos exitosos siempre generan una suerte de tirria deportiva entre los que se quedaron en el camino en una competencia tan importante como es el Mundial de fútbol. Eso es lo que se presume y lo que se intenta contrarrestar desde el debate público, pero, según el Presidente, no es así y estamos frente a un conjunto de gobiernos, personas e instituciones que se asociaron para llevar adelante la mentada campaña.
Ahora Milei debería aclarar cuánto gastó el gobierno de Brasil, quienes más estuvieron detrás de la campaña y cuál fue su auténtico objetivo, entre otras preguntas que quedaron en el aire. Porque es realmente grave que eso haya pasado con recursos e intenciones concedidas desde gobiernos de otros países, porque Milei no solo involucró a Lula, sino que afirmó, sin presentar pruebas públicas, que la campaña también sería financiada por el gobierno de México y el Partido Demócrata de los Estados Unidos. Ahora no tiene otro camino que mostrar los detalles que comprueben su denuncia. De lo contrario, el Presidente se expone nuevamente ante la opinión pública de todo el mundo como un líder que habla y acusa sin medir las consecuencias de lo que está diciendo.
La única explicación la dio el vocero presidencial, Adrián Ravier. “Siempre hubo insultos de ambos lados, creo que son diferencias ideológicas, son diferencias políticas, pero por lo menos la Argentina nunca llevó estas diferencias al plano diplomático”, afirmó, olvidando que el canciller Pablo Quirno estaba al lado del presidente Milei cuando insultó a Lula, aplaudiéndolo cuando lo escuchó decir: “Si en Argentina tenemos como factor económico lo que llamamos el riesgo kuka, acá, en Brasil, tienen el riesgo Lula”. Diplomacia a marzo.
Si hay temas centrales e históricos en la diplomacia argentina, sin dudas son la relación con nuestros principales socios comerciales -hoy Brasil y China- y el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas. Sin resultados concretos en este último tema, Milei reaccionó durante el Mundial ante el gesto de los jugadores argentinos, luego de la victoria contra Inglaterra, que mostraron al mundo una pancarta con la leyenda “las Malvinas son argentinas”, señalando: “las cosas que pasan en la cancha con los jugadores no son parte de la diplomacia” e insistió en remarcar que el acercamiento al gobierno de Estados Unidos de Donald Trump “permitió que Naciones Unidas obligara a Inglaterra a sentarse a negociar”. Algo que no sucedió, porque EE.UU. no retiró su apoyo el Reino Unido ni la ONU los obligó a sentarse a negociar en una mesa bilateral sobre soberanía. La única señal que dejó ver Donald Trump ni siquiera fue un pronunciamiento oficial, se trató de una filtración de un email del Pentágono -algo por demás curioso e increíble que al centro del poder estadounidense se le escapen esas cosas- donde se le sugería a la administración republicana una serie de represalias contra aquellos países de la OTAN que no acompañaron a EE.UU. en su guerra con Irán. Allí se hablaba, por ejemplo, de la suspensión de España para integrar el bloque, aunque la medida tendría un efecto limitado en las operaciones militares estadounidenses y, ahí va nuestro interés, contemplaba la suspensión del apoyo al Reino Unido en su disputa con la Argentina por las Islas Malvinas. El email, filtrado por la agencia de noticias Reuters, solo “aconsejaba sanciones”. Según medios británicos, la filtración se hizo adrede como una forma de advertir a los países de Europa occidental qué podría sucederles si insisten en este comportamiento.
Esos “éxitos diplomáticos” de los que habló Milei, ya fueron escuchados otras veces. En abril de 2024 dijo, en una entrevista con Alejandro Fantino: “Te hago una pregunta. ¿Ushuaia es la capital de qué? Tierra del Fuego. ¿Y qué más? Islas Malvinas, Georgias, Sándwich y todo el espectro marítimo. Es el primer paso para empezar a pensar la recuperación de Malvinas. Dale, que la saquen del ángulo”, expresó confiado el mandatario, dando a entender que con Trump como aliado la recuperación de la soberanía era posible. Pero esta semana se conoció que el proyecto de explotación de petróleo y gas en Sea Lion, a 220 kilómetros al norte de las islas, comenzó su etapa de emplazado de la logística para el desarrollo de un plan que presume extraer 1300 millones de barriles de petróleo, ya que se estiman producir 50.000 barriles diarios en 2029 y 130.000 en 2032. Las empresas que están detrás de este negocio son el consorcio británico Rockhopper Exploration y la empresa israelí Navitas Petroleum. Justamente, tanto en el reclamo de soberanía, la apertura del diálogo y el apoyo de los dos principales aliados del gobierno libertario, Estados Unidos e Israel, no se pronunciaron, algo que hubiese sido de gran ayuda para impedir este proyecto de explotación petrolera.
De parte del gobierno argentino solo existió un comunicado en diciembre denunciando la situación, entonces Israel respondió que se trata de un “emprendimiento de privados con el gobierno isleño sin intervención estatal”. Cuando Javier Milei viajó a Israel en abril pasado y se reunión con Benjamín Netanyahu, no abordó este reclamo, al menos no estuvo en la agenda oficial de la reunión bilateral. Poco después, el que viajó a Israel fue el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, que tampoco demandó al respecto. Lo curioso de todo esto es que, antes de estos viajes oficiales, en marzo de este año, en una reunión frente a inversionistas, el CEO de Navitas, Amit Kornhauser, ex funcionario del sector energético del gobierno de Netanyahu, dijo que el proyecto era viable políticamente porque había escuchado a Milei respaldar el derecho de autodeterminación de los isleños. Se refería a lo sucedido el 2 de abril de 2025, cuando el presidente argentino, en el acto de homenaje a los caídos en la Guerra de Malvinas, dijo: “Si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros dejamos en claro que el voto más importante de todos es el que se hace por los pies y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”, reconociendo el derecho de autodeterminación de los isleños, algo que la Constitución Argentina explícitamente no concede. En esto se basó el CEO para despejar dudas, y fue aún más contundente: en la misma exposición, Kornhauser sostuvo que el proyecto Sea Lion avanzó “sin ninguna interferencia” del gobierno argentino y con “pleno apoyo” de las autoridades británicas y de las Islas Malvinas. Nada de lo que sucedió en Malvinas este año, respecto a la explotación de petróleo en la plataforma marítima argentina, de parte de dos empresas-una británica y otra israelí- concuerdan con los “éxitos diplomáticos” de los que habla Milei.
Hace poco, la senadora Patricia Bullrich, dijo que el presidente Milei manejaba una “emocionalidad importante”, una forma elegante de describir su personalidad: alguien que se irrita con facilidad y que se deja llevar por esos impulsos, cometiendo imprudencias que pueden costar caro al país. Sus insultos contra el presidente Lula pueden remitir a una disputa personal pero pueden traer consecuencias políticas y económicas al país, afectando el Mercosur.
Y, por otra parte, los anuncios desproporcionados adjudicándose avances diplomáticos en el tema Malvinas deberían ser más cuidadosos y respetuosos, porque se trata de un tema muy doloroso para los argentinos. Salvo el Programa Humanitario Malvinas, que identificó los cuerpos de los soldados caídos y sepultados en el Cementerio de Darwin, nunca hubo avances en tema soberanía, tampoco con este gobierno. Hoy la realidad nos dice que el proyecto petrolero Sea Lion desmiente y deja muy mal parado al gobierno argentino que cree que los éxitos empiezan y terminan en un discurso hostil y subiéndole el precio a sus aliados más cercanos, como Donald Trump-que lo ayudó a ganar las elecciones de 2025- y Benjamin Netanyahu -que le otorgó un premio por su amistad con Israel-, pero que parecen no tenerlo en cuenta a la hora de corresponder a semejante alineamiento, tan explicito como pronunciado en temas más importantes. Los dos hicieron silencio en su pelea con Lula, no les interesa pelearse con Brasil y permitieron que un proyecto de desarrollo petrolero privado en las Islas Malvinas se coloque por encima de nuestros reclamos de soberanía.
Toda una demostración de que los alardes, mentiras e insultos nunca serán mejor que una buena diplomacia.
© Copyright 2026 SA LA NACION | Todos los derechos reservados. Dirección Nacional del Derecho de Autor DNDA - EXPEDIENTE DNDA (renovación) RL-2023-95334553-APN-DNDA#MJ.Queda prohibida la reproducción total o parcial del presente diario.