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lanacion.com.ar · hace 1 hora · Gabriela Origlia

“El Reino Unido ya no es el mismo”: cómo el Brexit cambió para siempre la vida de los argentinos que hacen negocios ahí

LA NACION

Hace poco se cumplió una década de que, por escasa mayoría, los votantes del Reino Unido apoyaran la salida del país de la Unión Europea (UE) bajo la promesa de un futuro mejor. El economista experto en riesgo global y consejero de la plataforma digital internacional Agenda Pública, Toni Timoner, analiza que “el problema más grave no fue el resultado, sino haber sometido una cuestión jurídica, económica y constitucionalmente compleja a una respuesta binaria. El Brexit agrupó deseos incompatibles: modelo noruego, libre comercio canadiense, control migratorio, nostalgia imperial, rechazo a Londres y promesa de prosperidad global”.

Esa contradicción jamás resuelta en las urnas se convirtió en la pesadilla de los gobiernos siguientes. Pero para quienes vivían en el Reino Unido intentando hacer negocios, la contradicción fue mucho más que teórica, ya que afectó sus decisiones cotidianas, como, por ejemplo, las transferencias bancarias que tardaban el doble, las importaciones detenidas en aduanas o los empleados europeos que migraron.

Junio de 2016 fue el punto de inflexión. Pero los verdaderos temblores llegaron después. La abogada Luciana Gasser llegó a Londres en 2019 convencida de que la ciudad era un hub de tecnología, innovación e inversión. “Para cualquier emprendedor argentino, era la decisión lógica. Londres concentraba lo que ninguna otra ciudad ofrecía: talento internacional, acceso a capital de riesgo de clase mundial y una masa crítica de empresas en crecimiento. Algunos eventos cambiaron un poco el panorama. Primero el Brexit; a los pocos meses, la pandemia. Y cuando el mundo comenzaba a recuperarse, estalló la guerra en Ucrania”, cuenta a LA NACION.

“Ese ecosistema no desapareció de la noche a la mañana. Se erosionó lentamente, de manera visible solo para quienes estaban adentro”, plantea Gasser, fundadora de Cheers Contracts, que combina datos y la confección legal de contratos.

Martín D’Alessandro, propietario de La Posta, un local de comidas argentinas en la zona de Wimbledon, de un street food los fines de semana y de un negocio de decoración de microcemento, admite que en los últimos años la ecuación económica comenzó a romperse. “Siempre le hemos apostado al poder hacer un esfuerzo para vivir bien, tener una buena casa, que los niños puedan estudiar y, en general, que no nos falte un poco de calidad de vida. Pero fue muy complicado, muy difícil para cualquier familia extranjera. Por caso, conseguir una hipoteca está prácticamente imposible”.

El acceso a la vivienda —que siempre es un termómetro de la salud de una economía— se hizo una pesadilla. “En los últimos cinco años, el aumento de los alquileres de las viviendas ronda el 50% —apunta D’Alessandro—. Al comienzo pude pasar de un departamento de un ambiente a una casa. Tres años después de la pandemia, ese mismo tipo de vivienda es un lujo inaccesible”.

Timoner había prevenido respecto de los efectos específicos del Brexit sobre una economía que ya tenía problemas estructurales: “No creó todos los problemas británicos —baja productividad, desigualdad territorial y deterioro de los servicios públicos—, pero los agravó en el peor momento. El Reino Unido necesitaba inversión, apertura y certidumbre; eligió barreras, distancia regulatoria e incertidumbre con su principal mercado”.

Gasser coincide con ese diagnóstico. Indica que la pandemia profundizó el escenario de problemas “y se sumaron las controversias políticas del gobierno de entonces, que deterioraron la confianza pública, y posteriormente la guerra en Ucrania, cuyo impacto sobre los precios de la energía volvió a acelerar la inflación”. La suba de precios llegó a dos dígitos en un país que no conocía esos números desde los ’80. “Acostumbrados a décadas de estabilidad económica, esa inflación fue un cambio cultural además de económico”, añade.

“Ese combo afectó muy fuerte a la economía —dice D’Alessandro—. En mi caso particular, al estar solo con mi esposa y mis niños, salir adelante se hizo muy duro. Estábamos viviendo el día a día, trabajando mucho para pagar lo cotidiano. El alquiler del local alcanzó las 2700 libras al mes (NR: unos US$3250), más las tasas: unos 3200 fijos, sin contar los servicios. Prácticamente imposible. Conocí muchísimas personas, muchas familias que ya se fueron de Londres por eso mismo, por lo pesado y lo caro que se puso todo el sistema”.

La degradación, sostiene, iba más allá de los números, ya que después de la pandemia empezaron las huelgas en el transporte y crecieron los índices de delincuencia. “Empezamos a ver cosas no muy diferentes de las de los lugares en los que nos hemos criado muchos de los emigrantes cuando hay necesidad”, grafica D’Alessandro.

Liliana Cocco, dueña junto con su esposo del restaurante La Patagonia, también experimentó el nuevo laberinto regulatorio que introdujo el Brexit. Explica que, en el caso de ellos, los afectó “mucho” en las importaciones, los cargos aduaneros y el “papeleo burocrático para importar de la Unión Europea al Reino Unido”. Claro que esas alzas se convirtieron en presión sobre los precios. “Los costos han subido bastante, así como también los precios, y eso afecta la capacidad de ahorro y de gasto de las personas”, sintetiza.

“El restaurante va bien, pero demanda un esfuerzo extra por la falta de mano de obra capacitada en gastronomía. Antes había más italianos y españoles y, después del Brexit, algunos decidieron volver a sus países. Ahora no se puede contratar europeos que vengan a probar suerte o a trabajar un tiempo para aprender el idioma”, precisa Cocco. Concluye que para la pequeña y mediana empresa “no hubo ningún beneficio, más bien todo lo contrario” a partir del Brexit.

Hace más de 30 años que Claudia Betoldi está radicada en Londres, enseña español y trabaja con empresas importantes. “Hay mucho red tape (NR: burocracia) para los productos y servicios que llegan. Eso hizo que muchas compañías cerraran, especialmente las que contrataban europeos. Ahora el servicio es peor en algunos casos y es más caro contratar a alguien de Europa”.

El efecto es estratificado. Comenta que afecta más a las pequeñas empresas y comercios. “Los que antes podían circular por Europa sin problemas ahora lo tienen más complicado”, indica, y grafica con una banda de música que tiene que tramitar visas costosas para cada uno de los miembros del grupo y sus asistentes. “Todo se les encarece mucho”, resume. Betoldi cree que el ciudadano común “mucho no lo nota hasta que se da cuenta de que hay algo que cambió y lo ve como algo generalizado”.

Hace 22 años que Bernardo Neville llegó al Reino Unido y, en 2013, con sus ahorros, abrió el primer local de Chango Empanadas. Se define como un opositor declarado al Brexit que, sin embargo, rechaza el reduccionismo. “Creo que es la peor medida que tomaron en décadas, pero es difícil atribuirle todos los problemas actuales —reflexiona—. Uno de los principales inconvenientes que hay en este país es la crisis de liderazgo: la gente no sabe a quién votar y termina poniendo un voto reaccionario a favor de un partido extremista. Hoy por hoy hay tres partidos y ninguno tiene ideas claras de cómo gobernar”.

En el mercado laboral, el Brexit tuvo efectos específicos que crearon nuevos problemas. “Es verdad que desapareció la oferta proveniente de países de Europa del Este, como Rumania o Hungría. Ese déficit promovió la inmigración ilegal y abrió un mercado de trabajo ilegal que antes del Brexit era muy menor”.

Neville se rehúsa a hacer del Brexit un monolito explicativo. Entiende que no se le puede adjudicar en su totalidad la suba de precios —“aunque tiene mucho que ver”— porque existen otros problemas globales que afectan a la economía mundial. “El Brexit en sí genera bastantes problemas funcionales para la economía local y muy pocos beneficios, pero a eso se sumaron otros que son políticos y los globales”.

La periodista Fátima Nollen lleva más de dos décadas en Londres. Señala directamente hacia el incumplimiento de la promesa central del Brexit: “El conservador Boris Johnson dijo que los cientos de millones de libras que se pagaban a la Unión Europea como miembro se pondrían en el Sistema Nacional de Salud y eso jamás se vio. Ese pilar del Estado de bienestar británico se convirtió en víctima del mismo proceso que supuestamente lo beneficiaría. Enfermeros profesionales se volvieron a sus países por el tema de las visas, por ejemplo”.

Luciana Cabarcos es guía de turismo y trabaja por su cuenta. Reconoce que es difícil “saber qué ha causado una desmejora en los servicios e inversión en industrias como el retail, por ejemplo. Tuvimos el Brexit, la pandemia y dos guerras, pero creo que lo más complejo fue el cierre de las fronteras, que generó un hueco en la fuerza laboral y en los acuerdos de libre comercio”. Precisa que, en su profesión, la afectaron cuestiones administrativas de la facturación y las transferencias bancarias, aunque no ha visto afectado su trabajo.

Gasser detalla que en su empresa organizaban regularmente encuentros informales donde compartían experiencias, desafíos y oportunidades con fundadores de otras compañías y, con el tiempo, notaron que las conversaciones “dejaron de centrarse en cómo crecer en Reino Unido y empezaron a girar en torno a dónde crecer fuera del Reino Unido. Cada vez más emprendedores estaban mirando Latinoamérica, África o Asia como sus principales mercados de expansión y Estados Unidos como el único e indiscutido en términos de inversión y oportunidades”.

El capital de riesgo, ese indicador adelantado de confianza, también cambió de dirección. “Tras el boom de 2021, muchos fondos de venture capital redujeron las nuevas inversiones y destinaron gran parte de su capital a follow-ons en empresas de su portafolio o con tracción comercial, aunque aún no fueran rentables. El mercado se volvió mucho más conservador: los inversores dejaron de priorizar apuestas tempranas y comenzaron a enfocarse en compañías con menor riesgo”, aporta.

Lo que Gasser observaba era una reconfiguración radical de dónde el dinero rendía mejor. “Antes del cambio de ciclo, una startup en Reino Unido podía levantar con un deck de US$500.000 cediendo cerca del 5% de la empresa; en Latinoamérica, una ronda similar solía requerir entregar alrededor del 15%, y solo para equipos con perfiles muy competitivos. Hoy ambos mercados convergieron hacia una misma realidad: los inversores priorizan evidencia de tracción, ventas y un camino claro hacia la rentabilidad”. La abogada cordobesa trasladó su firma a Santiago de Chile, aunque mantiene una “fuerte relación” con el ecosistema británico.

También D’Alessandro resolvió desprenderse de algunos de sus negocios y bienes personales. Se mudó con su familia a México atraído por una oferta laboral vinculada con su emprendimiento de microcemento. “En el Reino Unido estaba quemando capital emocional, económico y temporal; ya no tenía sentido”, dice.

Nollen y Neville coinciden en que desde la decisión de salir de la Unión Europea los británicos no vieron una mejora y el panorama se fue complejizando con las guerras. “El Brexit mostró cómo la desinformación, el microtargeting y la política emocional pueden producir una decisión colectivamente irracional en una democracia madura”, sostiene Timoner.

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