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clarin.com · hace 2 horas · Clarin.com - Home

La belleza suprema

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Desde que “La Ilíada” y “La Odisea”, el poema homérico, comenzó a difundirse en su versión de texto a principios del siglo XVI, el personaje de Helena de Troya  se estableció como un símbolo de la belleza suprema. Atravesó todos los sistemas, territorios y  las ramas del arte, inclusive hasta nuestros días, cuando la exitosa película de Nolan revive la tradición helenística.

Es una verdadera odisea que aquellos versos (aquellas historias, aquellos relatos) hayan llegado hasta nosotros, ya que surgieron hace 2.700 años. Todo es leyenda. No hay ningún vestigio realista sobre la existencia del “poeta ciego Homero” ni sobre la historia, la guerra de aqueos y troyanos o los diez años de aventuras del rey de Itaca, antes de regresar a su tierra y reencontrarse con Penélope…

Hasta Umberto Eco resalta a Helena en su Historia de la Belleza. Y además de citar la obra de Homero, también alude a otro griego, el sofista Georgias, quien describió a la dama: “Su irresistible belleza la absuelve de las propias desgracias que ha originado. Menelao, una vez conquistada Troya, se abalanzara sobre Helena para matarla. Pero su brazo armado se detiene paralizado por la visión del hermoso seno desnudo”.

La imagen de Helena fue la fuente de inspiración para los artistas de distintas épocas y con distintos enfoques: la víctima –como indicaría la obra original- o la adúltera, de acuerdo a los retrógrados medievales. Se menciona que Leonardo Da Vinci pintó la escena del nacimiento de Helena (una obra perdida) mientras “El rapto de Helena”, de Tintoretto (1579) refleja un acto no consentido; su pintura se puede admirar en el Museo del Prado. Por el contrario, Joseph Anton Koch (1823) la presenta como adúltera.

Para el texto original, la esposa de Menelao fue raptada en Esparta por el troyano Paris. Para los detractores, fue sólo un acto de seducción.

El cine rescató a Helena y la película “Helena de Troya” fue dirigida por Robert Wise a mediados de los 50. Este alcanzaría los mayores reconocimientos poco después con West Side Story y La Novicia Rebelde. La Warner invirtió 6 millones de dólares –cifra considerable en su época- para una producción que se rodó en Cinecittá y se extendió durante tres años. No cosechó buenas críticas, pero tuvo una apreciable repercusión de público. Rosanna Podestá, italiana oriunda de Trípoli, fue el rostro de Helena en esa película, en la que asomaba desde un rol secundario una joven Brigitte Bardot.

Más cercano a nosotros se encuentra “Troya”, otra superproducción del 2004 de Wolfgang Petersen, donde actuaban figuras como Brad Pitt, Orlando Bloom y Eric Bana. El papel de Helena disparó la carrera de la actriz alemana Diane Kruger, quien se reencontraría con Pitt en “Bastardos sin gloria”.

A la elección de Lupita Nyong’o –actriz estadounidense, oriunda de México e hija de refugiados kenianos- como “Helena de Troya” no le faltaría su cuota de polémica. Bordeando el racismo, Elion Musk salió a cuestionar que “Nolan ha perdido su integridad”. Lupita no se quedó atrás y le replicó al hombre más rico del mundo través de sus propias redes.

Aquella elección de una mujer negra para un rol sobre el que Homero describió otras condiciones físicas (“luminosos cabellos, brazos blancos”) ya tenía antecedentes, como recordaron algunos historiadores, en la actriz Eartha Kitt, quien hizo el papel de Helena en una obra de teatro siete décadas atrás en París, dirigida por Orson Wells.

Pero ahora Lupita no solo salió a responderle a Musk sino que, en una entrevista por Fox News, fue más lejos: cuestionó a Homero: “Si lo encontrara, le diría ‘Homero, ¿cómo te sientes respecto al tiempo en pantalla que se les da a estas mujeres considerando lo poco que pasaste con ellas”. Pero lo de Lupita es una visión  que algunos definirían como “woke” y ciertamente lejana a la obra, donde mujeres como Helena o Penélope –la misma que sostuvo un reino durante veinte años, hasta el regreso de su amado- son fundamentales.

Una de las versiones más modernas y originales, editada dos décadas atrás, fue “Homero/Ilíada”, del escritor italiano Alessandro Baricco. Allí presenta, en relatos breves de primera persona de los personajes homéricos, distintos pasajes de la obra cumbre, y los dioses quedan a un lado. Pero, a la vez, es un desfile de violencia y crueldad, sin pausa.

“La Ilíada –explicó Baricco- imparte muchas lecciones sobre la guerra, y estamos en años de guerra. La Ilíada es esencialmente una historia de guerra y uno de sus propósitos es cantarla, glorificarla. La experiencia de la guerra ha sido la más alta, la más noble para muchas sociedades. Nosotros no nos reconocemos ya en esos valores, pero venimos de ahí, no de sociedades pacifistas. Venimos de sociedades que glorificaban la guerra. Eso nos ha de volver más realistas y despojarnos de falsas ilusiones”.

“Dolorosa causante de la guerra de Troya. ‘Como una esclava, aquel día yo estaba en silencio, en mis habitaciones, obligada a tejer sobre una tela del color de la sangre las empresas de los troyanos y de los aqueos en aquella dolorosa guerra que se libraba por mí´. Una amiga le anuncia una sorprendente novedad: han cesado la guerra, ahora será un desafío entere Páris y Menelao que lucharán por ti: tu serás el premio del vencedor. Llora: siente nostalgia por su marido y por su patria…”

Luis Vinker

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