Milei y los insultos a Lula: ¿era necesario? ¿Para qué?
No es poco decirle “ladrón”, “presidiario” y “basura” al presidente de un país amigo y vecino que además es nuestro principal socio comercial: 31.195 millones de dólares intercambiados en 2025, récord en 13 años, lo acreditan. Dos preguntas surgen inmediatas. ¿Era necesario? ¿Para qué?
Porque, antes que nada, debe suponerse que el discurso de barrabrava con el que se despachó Javier Milei en San Pablo para apoyar a Flávio Bolsonaro en su próxima disputa electoral con Lula, quien busca su reelección, fue producto de una decisión consciente del presidente argentino.
Más allá de su estilo, naturalmente agresivo, y de que de verdad crea eso de su colega brasileño.
Permite tal deducción no sólo la falta posterior de un pedido de disculpas sino la peculiar afirmación que hizo 24 horas después en una entrevista en la Rural: "¿Sabe quién puso más plata en esta campaña anti Argentina? El Gobierno de Brasil, el 25% de los recursos salió de ahí", dijo Milei.
Ni él ni miembro alguno del Gobierno ofreció pruebas al respecto. De hecho, de acuerdo con un estudio que analizó más de medio millón de posteos en X, no existió tal campaña orquestada.
Pero, como era de prever, todo llevó a un grave incidente diplomático con Brasil, que llamó a su embajador, Julio Bitelli, de vuelta a su país, y que continuó con chicanas y agresiones varias por ambos lados.
En principio, al margen del encono personal real que existe hace tiempo desde Milei hacia Lula, todo indica que el libertario apuesta a que su performance lo destaque aún más entre los líderes mundiales de la “derecha dura”, por llamarla de algún modo, que en la región ya se ha impuesto también en El Salvador, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, Ecuador y Colombia.
Que la puesta en escena fue realizada para un espectador especial, Donald Trump, jefe de jefes.
Milei quiere ser el favorito del republicano, quien ya le sacó las papas del fuego antes de las legislativas del año pasado con su swap de 20.000 millones de dólares.
Sucede que más allá de los elogios de Kristalina Giorgieva -en su visita, la directora del FMI marcó la falta de crecimiento, pero ante todo halagó la política económica oficialista- el Gobierno no la tiene atada para 2027. Incluso con la por ahora persistente ausencia de un candidato lanzado por parte de la oposición.
Lo marcó en rojo el índice de confianza de la Universidad Di Tella, que fue de 1,94 puntos en julio. Una caída del 6,5% frente a junio. Un descenso del 21% en el año. Peor: un 3,9% menos que el de Mauricio Macri a la misma altura de la gestión. Todos recuerdan qué le pasó a Macri en su último año de gobierno.
Sin embargo, la pelea con Brasil resulta una jugada arriesgada. Primero, porque ni Trump ni Bolsonaro tienen asegurados sus respectivos triunfos. Al revés.
Segundo, porque podría escalar la polémica de que el viaje proselitista de Milei fue costeado con fondos del Estado argentino, tal como confirmaron en la Casa Rosada tras una denuncia presentada por el PT brasileño. ¿Cuánto le salió el paseo a un erario al que no le sobra un peso?
Lo justificarán como “visita oficial”, ya que Milei se reunió con el gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, quien lo condecoró con la Orden de Ipiranga. En la práctica, una mera excusa. No es el primer tour de este estilo realizado por el libertario, pero a veces una gota rebalsa el vaso.
Tercero, porque la versión desencajada del Presidente no le hace un bien a su imagen. Según un trabajo de D'Alessio IROL – Berensztein publicado la semana pasada por Clarín, Milei hoy tiene un 36% de imagen positiva y un 60% de imagen negativa.
Son números complicados, tanto como para evitar un balotaje como para reclutar a la mitad más uno necesaria para ganar si hay segunda vuelta.
Para revertirlos, el Presidente tiene un espejo donde mirar: le funcionó muy bien, en términos de imagen, que dejara de insultar y mostrara un estilo más moderado durante la campaña en las elecciones de 2025.
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