“La próxima no pedirán plata”: invitados y ausentes a la cena a la que todos querían ir
Ninguno fue elegido al azar. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, tenía, como suele ocurrir en estos casos, un brief previo con cada uno de sus invitados. El convite era a las 20 con una copa en la vinoteca y diez minutos después ya todos estaban sentados en un lugar reservado del exclusivo restaurante del Palacio Duhau. A las 22 ella agradeció. Se puso de pie y, minutos antes de retirarse, disparó sonriente una misiva: “Estoy convencida de que en un futuro cercano, en lugar de pedirle plata la Argentina al Fondo Monetario, será el Fondo quien le pida una contribución”.
Es una práctica habitual tanto de los grandes inversores internacionales como de los economistas de los principales bancos de inversión que en sus visitas locales sumen a sus reuniones formales con funcionarios del gobierno la temperatura de otros “stakeholders” (estudiantes, oposición, inversores, líderes de opinión) para ratificar, refutar o subrayar que lo que se esgrime desde lo más alto del poder político se refleje en la micro de los referentes más disímiles. Anécdotas sobran: desde el iraní Dara Khosrowshahi, presidente global de Uber, que tomó hace unos pocos meses un servicio en Buenos Aires para escuchar la experiencia de un chofer argentino; a Jim Harley, el número uno mundial de Ford, que va a las concesionarias locales; o el propio Woods Staton, mayor licenciatario global de McDonald’s, que aprovecha su bajo perfil para vivir la experiencia de cualquier cliente en los locales de las geografías más disímiles y hasta verificar con sus propios ojos la limpieza de los puntos de venta.
“Es una oportunidad de escuchar, de salir del ‘diario de Yrigoyen’ y tomar la temperatura no oficial”, aseguran quienes vivieron estas experiencias en carne propia. El convite de Georgieva tuvo a un responsable: Max Alier. Es quien lleva un año y medio como cabeza de la oficina permanente del FMI en la Argentina. Graduado como economista en la Universidad de Costa Rica (país del que es oriundo), amplió sus estudios en la Universidad Católica de Chile y en UCLA (Estados Unidos), donde realizó su doctorado en Economía. Se sumó al equipo de economistas del FMI en 1997 y, a lo largo de su carrera, fue representante fijo en Brasil, Trinidad y Tobago, Ucrania, Angola, Guinea Bissau y Sudáfrica, adonde residía hasta su reciente designación en Buenos Aires. También tuvo un paso por el sector privado: fue vicepresidente senior de Lehman Brothers en las oficinas de San Pablo (Brasil), en 2008.
Alier no solo convocó 20 días antes, sino que ayer durante la comida ofició como una especie de moderador informal que iba pasando la posta en perfecto inglés a los asistentes, y Georgieva repreguntaba no sólo por cuestiones de coyuntura, sino también por si el vino regado en la comida entre la burrata inicial y el lomo con puré posterior era o no Malbec argentino. Nigel Chalk, director del Departamento del Hemisferio Occidental; Luis Cubeddu, subdirector de ese departamento; y Joyce Wong, jefa de la misión para la Argentina, oficiaban de coanfitriones. En tanto, los diez representantes del mercado empresario argentino siguieron la agenda con atención plena.
La pregunta que rompió el hielo fue de Georgieva: “Quiero entender las cosas que salen bien y las que salen mal, aquellas que hay que arreglar. Porque lo que veo es que lo que tiene que bajar, baja; y lo que sube, lo hace con más fuerza de lo esperado”, afirmó optimista. La posta inicial la tomaron los representantes de energía y minería. No hubo empresarios de la construcción, ni textiles, ni tampoco de las fábricas de autos instaladas en el país. “La vi muy confiada respecto del modelo económico de Milei. Está convencida de que esta vez será distinto porque en las oportunidades anteriores no se manejaba bien el déficit y ahora sí”, concluyó uno de los comensales.
Marcos Bulgheroni, representante de la nueva generación al frente de Pan American Energy, reforzó la oportunidad del negocio energético; Juan Martín de la Serna (CEO de Mercado Libre Argentina) hizo hincapié en el crecimiento del comercio electrónico y en los cambios de paradigma; Daniel Novegil, número uno de Ternium, tomó la palabra cuando se habló de competitividad, de las dificultades del mercado doméstico y también de los desafíos que supone China hoy; Martín Pérez de Solay, número uno de Glencore, se refirió al crecimiento de la minería y el potencial a partir de las inversiones anunciadas; Mariana Schoua, CEO de Aconcagua Energía y presidenta de AmCham (la cámara que representa a las principales empresas estadounidenses en el país), fue activa en el debate sobre competitividad.
El emprendedor Pierpaolo Barbieri, fundador de Ualá y director ejecutivo de Greenmantle, una consultora basada en Nueva York, tomó la posta con su doble CV: fintech e historiador. Jorge Brito, titular del Banco Macro y en representación de sus inversiones en Genneia (generación de energías renovables y parques eólicos) y Camuzzi (participación accionaria en la mayor distribuidora de gas del país), se sumó al debate por las tasas.
A Brito, varios políticos —sobre todo los que añoran en el peronismo un opositor interno a Axel Kicillof— lo sindican como un eventual candidato a presidente. Algo que en su círculo cercano minimizan: “No somos nosotros los que decimos eso, sino la expresión de deseo de algunos”. En la mesa también estuvo Eduardo Elsztain, titular de IRSA, quien habló más desde su sombrero de presidente del Banco Hipotecario y de la oportunidad del campo con Cresud que de los centros comerciales que lidera. Elsztain es también un activo protagonista de Endeavor y del Foro Llao Llao, donde suele ser anfitrión. Catalina Cascio, quien tiene bajísimo perfil, tomó el guante como representante de Grupo R.B. (Ferrosider, Polimetal y Ferrosider Parts) y, además de su sombrero autopartista, respondió preguntas sobre la industria que surgieron en el diálogo. Isela Costantini, la primera mujer en presidir la Asociación de Fabricantes de Automotores, ex CEO de General Motors y Aerolíneas Argentinas, y actual consultora estratégica del grupo ST, también dio su visión cuando Alier le pasó la posta sobre las oportunidades del mercado local. Desde mayo dejó de ser CEO del grupo para ocupar su nuevo rol de asesora y fue desde ese lugar desde el que participó, además de su trayectoria en el mundo industrial y de servicios.
“¿Por qué la Argentina tiene tanta informalidad?”, fue otra de las preguntas que resonó en la mesa de boca de Georgieva. Las respuestas fueron un manual de argentinidad explícita, pero con un diagnóstico concluyente: la alta presión tributaria. “¿Cuáles son las cosas que los invitan a ustedes a producir más y exportar más?”, repreguntó. “Somos el único país que le pone impuestos a los préstamos e IVA al crédito, ni que hablar del mal de Ingresos Brutos”, respondió otro de los convidados por Georgieva.
“Las tasas de seguridad e higiene y las tasas municipales muchas veces pasan por debajo del radar de la presión tributaria y por eso se las describimos”, afirmó otro de los presentes. La directora gerente del Fondo se refirió también a la industria y a la construcción. Y aprovechó para preguntarles por algo para lo que necesitaba experiencia local después de haber leído muchísimo sobre el fin de la convertibilidad. “¿Por qué fracasó?”, consultó. Las respuestas fueron de lo más disímiles, pero en este caso se llegó a un debate más teórico. Contexto, Brasil y desequilibrios macro, entre otros. No se habló de las futuras elecciones ni tampoco sobre la nueva composición del empleo en la Argentina.
“El único sinsabor con el que me quedé es que la mesa estaba muy balanceada por el algoritmo de aquellos sectores a los que les va muy bien hoy. No tocamos el tema de consumo ni el de la percepción o pesimismo de la calle”, agregó otro de los comensales. Georgieva, en tanto, hizo hincapié en los sacrificios que hizo la Argentina para bajar la inflación y que el rumbo es el correcto. Algo en lo que la mayoría de los asistentes coincidieron. La falta de crédito hipotecario y la dificultad que generaron las tasas “estratosféricas” en la actividad surgió también en un momento de la conversación.
A esa altura, la crème brûlée de dulce de leche era historia. El reloj marcó puntualmente las 22. Georgieva se puso de pie, agradeció y cerró con una frase contundente. “Estoy convencida de que, en un futuro cercano, en lugar de pedirle plata la Argentina al Fondo Monetario, será el Fondo quien le pida una contribución”. Con una sonrisa en la cara, su optimismo no tuvo eufemismos.
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