Ganadores tempranos, “esperadores”, ajustados y perdedores: los nuevos protagonistas de la economía de Milei
Con la llegada del presidente Javier Milei a la Casa Rosada y la motosierra mediante, comenzó a consolidarse una economía “a dos velocidades”: mientras algunos sectores presentan un fuerte dinamismo, otros permanecen en caída y sin señales claras de recuperación. Esa heterogeneidad también se trasladó al plano social.
Para la Fundación Pensar, el modelo produce una economía “partida”. Crecen o mejoran más rápido las actividades vinculadas a las exportaciones, la energía, la minería, el agro, los bancos, los servicios profesionales, las grandes inversiones y los proyectos intensivos en capital.
En contraste, sufren más las ramas dependientes del mercado interno, las pymes, el consumo popular, la obra pública, la construcción tradicional, la industria pyme, el comercio de cercanía, el empleo público y los servicios personales.
La consecuencia más relevante fue la pérdida de empleo: según Invecq, desde noviembre de 2023 se destruyeron 165.000 puestos de trabajo asalariados registrados privados (-5%). La industria concentró el mayor retroceso, con 83.000 empleos menos, seguida por la construcción, con 61.000, y el comercio, con 9.300.
Ahora bien, desde una perspectiva social, el informe, basado en un análisis de Moiguer, describe la nueva estructura socioeconómica que emerge con el cambio de paradigma.
La clase alta, la Argentina “de arriba”, representa apenas el 6% de la población, pero concentra el 34% de la riqueza que se genera en el país. Sus ingresos medidos en dólares se multiplicaron y una parte creciente de sus gastos se canalizan fuera del mercado local.
En ese contexto, el 42% afirma haber comprado dólares durante el último mes. Además, los depósitos en moneda estadounidense ya superan los USD 40.000 millones, un nivel récord.
En términos de percepción, el 31% tiene una evaluación positiva de la situación del país, de su realidad personal y de su capacidad de compra.
Por su parte, la clase media dejó de representar el tradicional ideal argentino de homogeneidad para fragmentarse entre un segmento medio alto y otro medio bajo, con trayectorias cada vez más desacopladas.
El estrato medio alto “valora la riqueza, habla de ella y empieza a ostentarla”. Busca reproducir los patrones de consumo de los sectores pudientes, aunque con recursos más limitados. De hecho, su ingreso cayó 16 puntos respecto de 2023. Solo el 18% mantiene una visión positiva sobre su situación personal y la del país.
En el otro extremo aparece una clase media baja fuertemente afectada por el encarecimiento de los servicios y el transporte. El pluriempleo pasó a formar parte de su vida cotidiana y el endeudamiento aumentó siete puntos en comparación con 2023, lo que restringe aún más su consumo.
La clase baja se replegó sobre las necesidades más básicas. La principal preocupación es el desempleo y el aumento de los precios de los alimentos, un rubro que absorbe el 30% de su gasto, siete puntos porcentuales más que el resto de los segmentos, según Ecolatina. “Todavía no hay un concepto de país que la contenga”, apuntó el reporte.
Ante este escenario, la Fundación Pensar consideró: “La sociedad ya no se divide simplemente entre ricos y pobres. Se divide entre quienes tienen espalda y quienes viven al día; entre quienes pueden esperar y quienes no; entre quienes acumulan activos y quienes dependen exclusivamente de sus salarios; entre quienes están integrados a los sectores más dinámicos y quienes siguen atados al consumo interno; entre quienes logran aprovechar la estabilidad y quienes apenas consiguen sobrevivir al ajuste”.
En ese sentido, señaló que el modelo Milei produce, al menos, cuatro experiencias colectivas distintas:
El estudio sostuvo: “La paradoja del momento es que los números mejoran más rápido que la vida cotidiana. El Gobierno ya no enfrenta solo el desafío de ordenar la macroeconomía, sino que entra en una segunda etapa: transformar esa estabilidad en bienestar visible. La pregunta central ya no es solo si la inflación baja. Es si cada grupo social puede decir: ‘a mí también me está funcionando’”.