Milei dinamitó la diplomacia y desató la peor crisis con Lula: "No nos intimidan los voceros de la extrema derecha"
El canciller brasileño, Mauro Vieira, cuestionó la visita de Javier Milei a Brasil para respaldar la candidatura presidencial del senador Flávio Bolsonaro, en un nuevo capítulo de la tensión bilateral que amenaza con escalar un vínculo que, pese a la mala relación entre los mandatarios, había logrado preservar su normal funcionamiento a nivel diplomático.
El jefe de Itamaraty sostuvo que las críticas del presidente argentino contra Lula da Silva y la Justicia brasileña "representan una injerencia inaceptable" y constituyen una ofensa "no solo al presidente Lula y al Poder Judicial, sino también a las instituciones democráticas y al pueblo brasileño", luego de que Milei insultara al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes.
La reacción del gobierno brasileño se produjo después de que Milei participara el sábado en un acto político en San Pablo, donde llamó a Lula "ladrón" y "presidiario", utilizando las mismas palabras de Jair Bolsonaro durante la campaña de 2022, mientras que a De Moraes lo calificó de "basura calva". El cortesano, en tanto, se convirtió en uno de los principales objetivos de la militancia bolsonarista y fue quien prohibió que el presidente argentino visitara al líder del Partido Liberal en su domicilio, donde cumple una condena de 27 años por haber articulado un plan para evitar la asunción de Lula en 2022, un hecho vinculado al asalto a la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia del 6 de enero de 2023.
Tres años después, el jefe de la diplomacia brasileña, quien ha logrado mantener una buena relación con sus pares argentinos más allá de la enemistad entre Milei y Lula (según reconstruyó PERFIL), Vieira calificó las declaraciones del líder de La Libertad Avanza como una "provocación inédita en más de dos siglos de relación bilateral". Lo hizo en diálogo con Infobae América en medio de la tormenta, luego de que el domingo por la noche Julio Glinternick Bitelli, embajador en Argentina y otro de los artífices de la articulación bilateral entre el Partido de los Trabajadores y LLA, fuera convocado a Brasilia para informar sobre la situación, un paso que suele ser considerado previo a la ruptura diplomática y que entre los dos mayores socios comerciales del Mercosur "supone una escalada inédita, al menos desde la democracia", según supo este medio de fuentes allegadas a Itamaraty.
Además, en sus declaraciones Vieira marcó el tono de la disputa, que excede a lo diplomático y se tornó personal e ideológico: desde la mala relación entre los presidentes hasta el tejido de alianzas ideológicas internacionales con implicancias geopolíticas. "Vino en un viaje privado a Brasil para participar de un evento partidista y el contenido de sus declaraciones fue agresivo y caracteriza una intromisión en temas internos y una ofensa no solamente al presidente Lula y al Poder Judicial, sino que también a las instituciones democráticas y al pueblo brasileño", dijo Vieira.
Además, sumó que el gobierno "no se dejará intimidar por referentes de la extrema derecha", marcando asimismo la dimensión internacional de las elecciones de Brasil de octubre, donde el líder del Partido de los Trabajadores se enfrentará al hijo de su histórico rival que desde enero viene tejiendo apoyos, desde su reunión en Mar-a-Lago con Donald Trump en mayo pasado hasta el reciente apoyo explícito del premier israelí, Benjamin Netanyahu, marcando una tendencia que Milei intenta liderar y que ya tiene otros frutos, como el triunfo del outsider Abelardo De la Espriella en Colombia.
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Según fuentes de Itamaraty, el encuentro entre Vieira y Bitelli marcará el inicio de una evaluación diplomática sobre la respuesta oficial, aunque una eventual definición sobre nuevas medidas podría demorar al menos 48 horas en línea con las prioridades del gobierno de Lula a nivel regional, incluida la presencia en la asunción de Keiko Fujimori en Perú.
El canciller brasileño también calificó las declaraciones de Milei como "una provocación sin precedentes en la historia de más de 200 años de relaciones bilaterales, algo totalmente fuera de lugar". Y cerró: "No nos intimidan los voceros de la extrema derecha, ni los nacionales ni los de afuera. Como dijo el presidente Lula, con mentiras nadie va a ganar a Brasil".
Del lado argentino, el embajador Ricardo Lagorio coincidió con lo "histórico" del accionar del presidente argentino en San Pablo. "El agravio, a descalificación, los insultos, todo eso no se condice con un jefe de Estado refiriéndose a otro jefe de Estado en su país. No lo entiendo, nunca lo he visto y es preocupante que la descalificación parezca ya algo normal", sostuvo ante la consulta de PERFIL.
El último episodio profundizó la mala relación entre Milei y Lula y que comenzó durante la campaña presidencial argentina de 2022, cuando el entonces candidato peronista Sergio Massa viajó a Brasil para conseguir de Lula respaldo político y financiero para su candidatura, en medio de la crisis inflacionaria y el meteórico ascenso del anarcocapitalista de la motosierra. Con ese antecedente, el malestar encontró su punto alto una vez que el libertario asumió la presidencia argentina, imprimiendo su giro en política exterior que tuvo como característica inicial el rechazo a la integración regional liderada por el gigante sudamericano a través de Mercosur y otros espacios, como BRICS.
Desde entonces, ambos intercambiaron críticas públicas y mantuvieron un vínculo limitado al pragmatismo comercial gracias a los esfuerzos realizados a nivel ministerial, diplomático y desde las cámaras empresariales, cuyos referentes reconocieron que la relación seguía funcionando "con normalidad" pese a la enemistad entre Lula y Milei, según reconstruyó este medio, incluso a pesar de uno de los últimos "gestos" de Milei hacia Lula: el faltazo a la cumbre del Mercosur en Asunción en junio pasado.
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La tensión entre Argentina y Brasil se produce además en un contexto de creciente sensibilidad del gobierno brasileño ante la internacionalización de la elección de octubre, ante la que se muestra firme frente a "cualquier intento de injerencia externa en asuntos internos". La línea, en tanto, ya la había marcado el propio embajador Bitelli en un diálogo con PERFIL en septiembre de 2025, tras ser consultado sobre el impacto de la ola conservadora regional.
"Hay una especie de solidaridad entre sectores políticos que son del mismo color, es natural que haya esa manifestación y a veces tienen una actuación que suena a sobreactuación. De eso no cabe duda y es algo normal que pase. Mientras se limite a opiniones, a tweets o discusiones personales y no haya interferencia de gobiernos extranjeros en nuestro sistema, no importa. Es parte del gran ruido con el cual tenemos que convivir hoy", dijo en ese entonces.
En ese sentido, el factor Trump también tuvo peso propio, lo que fue más allá de los dichos de Milei, su principal aliado en el Cono sur. En los últimos días, Brasil también rechazó las solicitudes de visa de dos funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos que, según reveló The Washington Post, planeaban viajar al país para mantener reuniones vinculadas con la integridad del proceso electoral. El gobierno de Lula sostuvo que la misión no se encuadraba en una observación electoral tradicional y negó cualquier posibilidad de interferencia en las elecciones presidenciales previstas para octubre.